Temporada de patos

Temporada de patos

David Collado
Foto Ap
La Jornada Maya

30 de octubre, 2015

Si bien se han llevado al cabo diversos eventos deportivos de clase mundial en nuestro país, difícilmente alguno de ellos supera el nivel de planeación, organización y logística que implica un Gran Premio de Fórmula Uno, en el que quizá sea el regreso de un evento masivo de talla internacional más importante que ha tenido México en su historia como organizador de eventos deportivos.

Jamás he sido el mayor de los seguidores del automovilismo deportivo. Sin embargo, no soy ajeno al mundo del deporte motor, ya que he visto en vivo tres eventos de las extintas Champ Car y A1 entre 2003 y 2007. Gracias en especial al primer serial, fue que a finales de los 90 me convertí en seguidor de Adrián Fernández y de otros pilotos que destacaron en algunos seriales norteamericanos como Luis “Chapulín” Díaz, Michel Jourdain Jr. o Guillermo Rojas. Recuerdo que se hablaba de automovilismo y que mucha gente parecía seguirlo.

Tras el retiro de la mayor parte de los exponentes de aquella generación de la década pasada, y durante los primeros pininos del mismo “Checo Pérez” y también de Esteban Gutiérrez, pareció que el gusto por el automovilismo deportivo se esfumó de nuestro país, alejando no sólo la atención de los medios, sino también a muchos de los patrocinadores.

Fueron una que otra cervecera y empresas dedicadas a la industria automotriz, las que mantuvieron a flote una serie de competencias nacionales acaparadas por el mismo grupo de pilotos que parecían llevar toda una vida, impidiendo el surgimiento de nuevo talento. El querer copiar el estilo americano, centrado en óvalos, más el deterioro del Hermanos Rodríguez así como de otras plazas del automovilismo nacional, provocaron que el deporte motor mexicano sufriera un decrecimiento generalizado.

Fue hasta que garbanzos de a libra, desarrollados en el karting, semillero por excelencia del automovilismo competitivo, lograron emigrar a Europa e iniciar un largo proceso que implicó muchos campeonatos regionales, menores, y así, poco a poco hasta las máxima categoría.

El éxito de “Checo” Pérez no es casual. Sergio supo encontrar su lugar en Europa y escalar posiciones. Sumado al conocido interés y gusto del empresario más rico de este país por este deporte, lo que parecía un sueño, vuelve a ser una realidad este fin de semana. Claro que el éxito deportivo atrajo el interés de la FIA en regresar a México, pero sin el apoyo económico de Carlos Slim, nada de esto se hubiera logrado.

No es cualquier cosa. Mucha gente se pregunta por qué es tan caro ir a un evento de Fórmula Uno. Pero no es sólo por el gran nivel que los pilotos ofrecen en las pistas, sino también por los costos mismos de operación. Traer los monoplazas, las refacciones, herramientas, sumado a todo el staff de ingenieros y mecánicos, implica un esfuerzo impresionante por parte de las escuderías participantes. Poner a punto un auto de competición no es sencillo ante tanto viaje, menos debiendo ajustar el vehículo al clima, altitud, presión, y condiciones de la pista.

La inversión hecha para traer este evento de vuelta no debe tomarse a la ligera. Seguro la respuesta de los aficionados será de lo mejor, pero más allá de las ganancias y las entradas, será el manejo de los organizadores, del gobierno de la Ciudad de México y el aspecto de la seguridad lo que faciliten la realización de este evento en años por venir, o que hagan de este Gran Premio un asunto pasajero.

Deportivamente se debe volver a las raíces. El proyecto llamado “Checo” Perez ha funcionado. La clave es lograr que el talento tenga los recursos y las oportunidades de explotar en los principales seriales europeos. Esperemos que el furor de tener Fórmula Uno por vez primera en 23 años signifique una nueva oportunidad para el automovilismo mexicano; una oportunidad para arraigarse entre nuevos aficionados.