Conciencia con letra entra

Cultura; arma para construir ciudadanos

Daniela Gamboa González
Foto: Fabrizio León Diez
La Jornada Maya

Viernes 24 de junio, 2016

“Los derechos sin oportunidades no son derechos”
Jorge Melguizo

Hay palabras que resultan en todo un arsenal de armas creativas que empoderan mentes y las incentivan para hacernos partícipes en la creación de ciudadanos conscientes y comprometidos consigo mismos y con la colectividad.

Ese es el caso de las conferencias impartidas por Jorge Melguizo Posadas, ex secretario de Cultura de Medellín, en la universidad Modelo y en la Coparmex. En esos espacios-tiempo, cada palabra fue dicha con profundo conocimiento de causa, con sustancia, y disparadas a todos los sentidos de los oyentes que ahí estábamos como poseídos por esos impactos a la mente que salían de la voz del ponente. Y es que fueron como verdaderas colisiones, porque fuertemente nos estaban haciendo tener esperanzas y volver a creer que los cambios en las estructuras para ser ciudadanos mejores son posibles.

Dentro de los disparos, el conferencista bromeaba irónicamente, lanzando palabras del tipo: “En México no hay corruptos, porque no podemos ver, ni políticos ni empresarios presos por corrupción”. Los oyentes nos reíamos un poco dolorosamente, por tener la certeza de que ningún personaje conocidamente corrupto en México está en la cárcel – pero eso sí, en seguida varias imágenes de dinosaurios nos rondaron por la cabeza-. Y es que precisamente es eso, nuestro México nos duele por la corrupción que se vive al día a día y que se cuela en las estructuras de arriba-abajo, como uno de esos venenos que nos va matando lentamente, paralizando los órganos y generando mucho dolor.

Pero del dolor nos fuimos derechito a los disparos esperanzadores, porque el mismo conferencista nos hizo hincapié en que las crisis son como esas sesiones de terapia, en donde se abren las verdaderas oportunidades; porque es justo ahí cuando la ciudadanía participa de manera conjunta y cercana para entablar el diálogo que al final nos llevará a resolver esos dolores.

De ahí el conferencista siguió y nos puso de ejemplo todo el tiempo a Medellín, su ciudad natal. Esa ciudad que tenía para 1991 cifras reventadas de violencia, corrupción y homicidios, y que ahora se está convirtiendo en todo un referente de la cultura. Todo logrado a partir de la creación y gestión de los equipamientos culturales, que han logrado que la política, la arquitectura y en general la sociedad cambie.

¿Pero cómo sucedió esto? Pues se trató de mirar la participación ciudadana no sólo como un compromiso, sino como esencia de cada habitante. De ver a la cultura y todas sus manifestaciones como una forma de aprender a convivir con el otro, de transformar los espacios arquitectónicos en lugares de convivencia, interacción y verdadero intercambio cultural. De ver a la convivencia como el antónimo de la inseguridad y la violencia.

Por supuesto que la política también tiene muchísimo que ver aquí, pero el conferencista mencionó que somos los mismos ciudadanos los que debemos construir política “basada en esperanza, hechos y símbolos”. Esperanza que representa la confianza de los logros que se pueden llegar a obtener, hechos que son los que se construyen al día a día con nuestras actitudes y ganas de trabajar, y símbolos que en este caso se verán materializados a base del esfuerzo que cada ciudadano ponga – los símbolos además servirán para construir más esperanza y para hacer que el hecho perdure.

Eso sí, terrible fue el momento en que Melguizo mencionó las fechorías de algunos políticos mexicanos como el famosísimo Layín –alcalde de San Blas- y los presentes comenzaron a reírse, como si dichas fechorías se trataran de un chiste –nadie se avergonzó-. Pero sí, por supuesto México parece una parodia de una ciudad próspera, cómo la gente no se va andar riendo de las desgracias en lugar de avergonzarse y salir de allá a hacer algo.

Después el conferencista lanzó una pregunta a los empresarios de Coparmex, pidió que levantaran la mano a los que confían en la administración pública estatal y local. ¿El resultado? Casi nadie levantó la mano. Fue muy revelador y triste a la vez, pues la gente sale a votar en Yucatán por personas que no son cercanas a la mayoría y en quienes no confía, ¿cómo es posible que las cosas vayan bien así?

Pero bueno, que después de todas estas reveladoras malas noticias y tragos amargos vinieron más disparos, pero que continuaron siendo esperanzadores porque el expositor siguió hablando de Medellín como ese proyecto que está construyendo ciudad y ciudadanos prósperos ¿cómo? Enfrentando los mismos problemas, pero con soluciones distintas. ¿cómo? Construyendo como si fuera un reto, una ciudad sustentable a partir de la inclusión, equidad y generando oportunidades, pero ¿cómo? Pues construyendo desde lo colectivo y eligiendo gente que gobierne a la que le tengamos confianza que promueva proyectos, estrategias –realistas- programas y proyectos que nos incluyan a todos. ¿cómo? Teniendo un sentido de la cultura como algo público, y ya no como algo oficial; sino como espacios abiertos a donde todos y cada uno tenga la posibilidad de asistir, con una arquitectura cómoda y funcional para invitar a los ciudadanos a participar en las actividades –ya no más guetos de barrios marginados o excluidos-. ¿cómo? Promoviendo un cambio de paradigmas en que los ciudadanos destrocen al grupo de políticos dominante que ha secuestrado las manifestaciones culturales y los recursos, y construyendo nosotros mismos –los ciudadanos- la ciudad que queremos.

Nunca el ¿cómo?, dio como resultado respuestas tan iluminadoras que ya han sido probadas y llevadas a la práctica. Pero eso sí, ahora es cuando hay que reaccionar para construirnos como ciudadanos más políticos, más éticos y más culturales.

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Mérida, Yucatán