Reporte 6pm

Destino final: Los letrados

Daniela Gamboa González

Sábado 15 de julio, 2016

Comienza el verano ¿Y tú qué libro vas a elegir para devorar? Ahora es cuando salen los ahorros para invertir en las vacaciones y es muy entendible, pues es necesario tomarse un tiempo para relajarse; ya está bastante sobre-entendido que tener derecho al tiempo libre es un indicador de calidad de vida, además de que está comprobado que mejora la productividad y si no, nada más hay que voltear a ver a los países del primer mundo.

Sabemos que el tiempo libre puede ser un período de alienación, consumismo y perdición, pero además de eso, también podría ser una nueva oportunidad para recomenzar el libro que dejaste abandonado “por aquello del exceso de trabajo”, o una nueva oportunidad para ir a comprarte un par de libros que combinen con tu paquete vacacional. Y es que el verano podría convertirse en una orgía de libros, puesto que el mundo estará muy deseoso de recibir yucatecos con la cabeza menos llena de papas fritas y más llena de pensamiento crítico, de ese que se ejercita devorando libros.

Por eso, aquí recomendamos al menos dos de nuestros escritores chilenos favoritos, que vendrían muy bien a las lecturas de verano, porque además son libros que podrías ir intercalando y que cabrían perfecto en tu mochila de viaje.

Formas de volver a casa de Alejandro Zambra (Santiago, 1975). Es poseedora de un humor adolescente, de ese con el que muchos nos identificamos, es novela corta, pero de contenido profundo, con una narrativa fluida y muy amena. Incluso nos atreveríamos a decir que la narrativa de Zambra se caracteriza por esa búsqueda de la simpleza, brevedad y eficacia como propuesta innovadora y estética.

La novela aunque dividida en cuatro partes, en realidad se reparte en dos ejes, el primero es la vida de un niño que transcurre entre juegos y cotidianidad, mientras describe el universo socio-político del Chile Pinochetista y el segundo eje es narrado desde la perspectiva de un hombre adulto convertido en escritor que redacta la novela de ese niño con absoluta conexión con las imágenes que va recordando, a la vez que va entretejiendo nuevas imágenes de sus amores adultos. Y es que el autor nos habla muy posiblemente sobre él mismo y su propio proceso y angustias creativas, van fragmentos de los dos ejes:

“A alguien se le ocurrió hacer testamentos y en principio nos pareció una buena idea, pero al rato descubrimos que no tenía sentido, pues si venía un terremoto más fuerte el mundo se acabaría y no habría nadie a quien dejar nuestras cosas. Luego imaginamos que la Tierra era como un perro sacudiéndose y que las personas caían como pulgas al espacio y pensamos tanto en esa imagen que nos dio risa y también nos dio sueño” (Zambra; 2013: 15).

“Intenté después seguir escribiendo. No sé muy bien por dónde avanzar. No quiero hablar de inocencia ni de culpa; quiero nada más iluminar algunos rincones, los rincones donde estábamos. Pero no estoy seguro de poder hacerlo bien. Me siento demasiado cerca de lo que cuento. He abusado de algunos recuerdos, he saqueado la memoria, y también, en cierto modo, he inventado demasiado” (Zambra; 2013: 64).

La Literatura nazi en América de Roberto Bolaño (Santiago, 1953). Rompe con todos los esquemas de una obra literaria. Intenta ser más bien una obra excesivamente ingeniosa, vestida de la parodia de un manual literario –es un listado obseso- en donde se refleja la vida y obra de autores inexistentes y de una literatura inexistente. Es un libro divertido que muy posiblemente te haría querer experimentar con la creación y dar rienda suelta a la imaginación para inventarte algunos personajes –es más todo mundo a tu alrededor podría convertirse en uno de esos escritores con sus frustraciones o sus éxitos-. Es un libro que hará te preguntes Cómo demonios tuvo Bolaño tanta creatividad para inventarse todo eso y además escribir una novela tan genial y compleja como Los detectives Salvajes y el resto de su algo extensa obra. La Literatura nazi en América, no tendría por qué leerse en un orden específico, más bien con ella podrías ir jugado al azar cada día, y leerte de tres a cuatro biografías falsas de autores, mientras descansas de alguna otra lectura. Va un fragmento:

“Gustavo Borda (Guatemala, 1954-Los Ángeles, 2016)

El más grande y el más desgraciado de los autores de ciencia-ficción guatemaltecos tuvo una infancia y adolescencia campesina. Hijo del capataz de la hacienda “Los Laureles”, la biblioteca de los patrones de su padre le proporcionó las primeras lecturas y las primeras humillaciones. Ambas, lecturas y humillaciones, no escasearían a lo largo de su vida. Le gustaban las mujeres rubias y su apetito era insaciable, legendario, fuente de mil chistes y bromas pesadas” (Bolaño; 1993 :116 )

Así es como llegaríamos al destino final del viaje de verano, cuyo objetivo tendría que ser traer de regreso a meridanos un tantito más letrados. Y es que como hemos llegado al tiempo en que claro que importa lo que lees, pero importa más el momento en que lo lees, poder recordar dónde estabas, qué hacías y quién eras en ese momento, un libro y una pluma son un excelente acompañante, incluso para anotar apuntes de viaje en las guardas que se encuentran al final, nada más para ayudarle tantito a la memoria.