El humor de un cineasta

Para acabar con… Woody Allen

Daniela Gamboa González
Foto: Tomada de la web
lLa Jornada Maya

Domingo 31 de julio, 2016


“Podemos decir que el universo consiste en una sustancia y que a esta sustancia la llamamos “átomo”, o también “mónada”.
Demócrito la denominó átomo. Leibniz la llamó mónada.
Por fortuna, los dos hombres jamás se conocieron, de lo contrario se hubiera armado una discusión muy aburrida”.
[/i]Fragmento de La dialéctica escatológica como medio de defensa en zona. [/i]

Woody Allen; Cuentos sin plumas.

Destrozar la cultura es posible claro, nada más si eres capaz de crear arte a través de las mejores burlas, haciendo homenajes a personajes famosos reales y ficticios, ser tú mismo un personaje ansioso con niveles altos de neurosis, crear situaciones ficticias basadas en la vida real en donde se desarrollen debates existenciales que haga sentir al espectador aludido, ser el creador de referencias cultas y tramas narrativas en diferentes niveles, tanto en guiones de cine como en la construcción de cuentos.

Destrozar la cultura no es tema fácil y es sólo para expertos provocadores como Woody Allen, que pueden hacerlo bajo la lógica de que por muy diversas que puedan ser sus tramas en el cine o en sus cuentos, siempre serán identificados como suyos.

Cómo acabar de una vez por todas con la cultura -conjunto de cuentos- hará que la fauna humana quede estupefacta y maravillada por -la creatividad del hombre-. También te orillará a consumir más cultura, porque sin duda querrás leer Sin plumas y perfiles que son la tríada que conforman a los Cuentos Sin Plumas (Maxi Tusquets Editores, 2009). Tan elevada aspiración de leerse todo ese compilado de 455 páginas, no sirve para convertirse en eruditos, sino para encontrar un lugar de paz en donde poder ser lo contradictorios que se nos pegue la gana y contrarrestarlo con carcajadas mesuradas.

Porque además si eres tan aficionado a Allen encontrarás el punto de partida para entender quiénes son los personajes a los que admira y rinde homenaje cada vez que puede, ya sea de manera seria o burlándose de ellos, porque pareciera que la burla es una de sus mayores formas de enseñar su respeto por alguien.

Entonces la mejor forma en la que se nos ocurrió honrar al cineasta, escritor y músico, fue haciendo nuestra propia versión de cuento a la Woody Allen, para parodiar su compilación de Cómo acabar de una vez por todas con la cultura. Uno tiene que ser su propio boicot, porque esa es otra de las elevadas enseñanzas que nos deja el autor.

Para acabar con la política.

Un vistazo al sabotaje de Melania Trump.

No es ningún secreto de Estado que el pelo de Donald Trump ha sido dotado de atención extra o que ha mandado a hacer un peluquín presidencial. El que por supuesto puede pagar, por aquello de que es tan buen financiero que tiene un arca con millones de dólares guardados en la caja fuerte de su mansión. Pero su peluquín es de esos que fue pegado por un cirujano neonazi sin demasiado talento y por ello él mismo confiesa que es el mejor en todo, pero cuando se trata de su cabello admite que no es perfecto, e insiste en que él no usa peluca, que los pelos que le quedan son naturales.

Tan elevado reconocimiento a la cabellera de Trump se hizo evidente cuando veía en la tv Fox News, mientras esperaba en la estancia del consultorio a I.Bergman que había entrado a la sesión de biomagnetismo para que le saquen los Gritos y Susurros que llevaba dentro y que habían sido provocados por el encuentro con la misma muerte que actúa en El séptimo sello.

En eso, en la tv comenzaron a hablar del mal del plagio que acababa de cobrar a su última víctima en estas últimas semanas, y fue nada menos que a Melania Trump, en una noticia que dio la vuelta al mundo, porque se trata de la mujer que podría convertirse en primera dama de los EUA.

El plagio no se trata de una simple palabra sustantiva y tampoco de un simple verbo cuya acción se lleva a cabo a la ligera. Más bien pareciera convertirse en una especie de ente extraño que posee a las personas cuando hay una actividad que exige ser creativo e innovador y se trata de una presencia deliciosa que se torna muy complicado evadir.

Algunos hasta podrían pensar que la reciente actuación de Melania Trump se trata de sabotaje, y tendría lógica, pues es quien conoce de manera más íntima al candidato y a su agresiva, racista, antijudía y misógina forma de ser. Entonces siguiendo posiblemente el protocolo anti Trumpista, al estilo en que lo han hecho los mismos Bush, Ted Cruz y Paul Ryan; a Melania se le ocurrió salir a eclipsar y provocar un revés negativo en la que fuera su mayor presentación en sociedad como posible primera dama.

Claro que, si todo aquello fue con la firme intención de que el polémico postulante no llegue a la casa blanca, podría afirmarse que esta mujer posee un talento más allá de su belleza y que posiblemente es una mártir que se está sacrificando por el bien del mundo entero.

Pero entonces esa situación provocó una discusión entre Michelle Obama y Melania Trump.

Michelle: Hola, Melania, ¿eres tú?

Melania: ¿Quién habla?

Michelle: Melania. Hola, ¿eres tú?

Melania: No, señora, la vacante de esposa del millonario ya quedó ocupada desde once años

Michelle: No Melania, no hablo por eso, llamo para reclamarte que plagiaste mi discurso la semana pasada en tu presentación en Cleveland.

Melania: Michelle, ¿eres tú?

Michelle: Sí, soy yo, Melania.

Melania: Michelle, ¡No lo puedo creer! Es que yo te admiro tanto que me grabé en las bubis partes de ese discurso tuyo que diste en 2008, yo le dije a Donald que eran ideas que yo traía en la cabeza desde que migré a los EUA, pero ahora, quiere construir un muro que atraviese nuestra cama y si gana, amenazó con hacer una revisión a mis documentos a ver si están en regla como migrante.

Michelle: Bueno está bien Melania, sólo llamé para decirte que no te demandaré y que mi venganza será salir a votar por los demócratas.

Melania: ¡Michelle dame un autógrafo!

Michelle: (…) Había dejado la línea.

TELÓN

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Mérida, Yucatán