El espejo roto

Teatro histórico maya I

Enrique Martín Briceño
Foto: Rodrigo Díaz Guzmán
La Jornada Maya

Viernes 14 de octubre, 2016

Diversas fuentes coloniales nos informan sobre la importancia que tuvo el teatro entre los mayas antiguos. Tanto fray Diego de Landa como Pedro Sánchez de Aguilar elogian la capacidad histriónica de los farsantes –actores– mayas. El segundo informa que “llaman a estos farsantes Baldzam; y por metáfora llaman Baldzam al que se haze gracioso, dezidor y chocarrero”. Y el Calepino de Motul, diccionario de fines del siglo XVI, trae los vocablos ah baldzam, ah baldzamyah ‘representante de comedias’ y ah baldzam tan ‘truhán que dice gracias’ (than vale por ‘lengua o habla’). Baldzamtah, -te significa ‘representar’ y baldzamil es ‘la obra de representar’.

Otros términos en esa fuente que se refieren a personajes dedicados a divertir por medio de representaciones, cuentos, bromas y demás son los siguientes: ah taah ‘representante y decidor’, ah taah ix tol ‘ídem’, ix tol ‘truhán, moharrache’ y hol ahau ‘representante o farsante’. El vocablo ix tol designa asimismo al farsante que participa en la danza llamada 'ix tolil', probablemente el famoso baile de los xtoles cuya música ha llegado a nosotros: “Kone’ex, kone’ex, palexen…”

Aunque nunca se perdió del todo, son escasas las muestras de la actividad teatral maya de los siglos coloniales y la primera centuria del México independiente que han llegado a nosotros. La Revolución mexicana y el nacimiento del teatro regional yucateco propiciaron la creación de nuevas obras, pero no fue hasta finales del siglo XX cuando se produjo un nuevo florecimiento del teatro maya, asociado al renacimiento de las letras mayas de esos años.

Al margen de los talleres en los que, en los años 80 y 90 del siglo pasado, se formó una nueva promoción de poetas y narradores mayas, el profesor Carlos Armando Dzul Ek se acercó al teatro llevado de su interés por la educación y la cultura. En palabras del investigador Donald H. Frischmann, el dramaturgo maya, su compañía teatral Sac Nicté y su repertorio, “nacen del corazón del Mayab, del antiguo reino de Maní y la vecina Oxkutcab, región de fértiles tierras y de raíces culturales milenarias” (“Prólogo”, en Carlos Armando Dzul Ek, Teatro maya-español, Mérida, 2013).

Así, el maestro Dzul Ek escribe y monta Chan weech, ts’uul, chakik’al yéetel to’on / El armadillo, el rico, el huracán y nosotros, y U xk’oos xnuk xunáan / La criada de la ricachona, obras de crítica social, y K’u’ pool / Entrega de la cabeza, una versión de los chuscos diálogos que se ejecutan durante la tradicional danza de la Cabeza de cochino.

Pero, como profesor de historia y como maya orgulloso de su identidad, Carlos Armando Dzul Ek emprende también la recreación teatral de un pasaje traumático en la historia de su región, y de gran significado para el mundo indígena americano: el tristemente célebre Auto de fe de Maní. El resultado es la pieza Bix úuchik u bo’ot ku si’ipil Manilo’ob tu ja’abil 1542 / Auto de fe de Maní o Choque de dos culturas, que ve la luz en la tercera serie de la colección Letras Mayas Contemporáneas y se incluye en las antologías Palabras de los seres verdaderos y U túumben k’aayilo’ob x-ya’axche’ / Los nuevos cantos de la ceiba, coordinadas por Carlos Montemayor y Donald H. Frischmann. La obra, que requiere gran número de actores y una costosa producción, se ha representado en dos ocasiones en el lugar donde se dieron los terribles hechos (el atrio del convento de Maní), la segunda vez en el marco de la conmemoración del aniversario 447 del auto de fe.

Mérida, Yucatán.

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