Democracia con imperfecciones

Donald Trump: la épica detrás del triunfo

Daniela Gamboa González
Foto: Notimex
La Jornada Maya

Martes 15 de noviembre, 2016

Ninguna catástrofe, ningún sentimiento,
ninguna idea son en sí mismos sorpresivos, imprevisibles: había
unos indicios que no supimos ver o dejamos de considerar. De este
modo, la realidad es un palimpsesto que a veces por pereza, otras por cobardía,
comodidad o torpeza hemos leído de manera superficial, conformándonos con los signos
más aparentes o con los equívocos datos de los sentidos, que por otra parte, no siempre son equívocos.
"Indicios pánicos", Cristina Peri Rossi.


Cuando hablamos de una narración épica nos vienen muchas ideas a la cabeza, pero los versos para enaltecer a un héroe por su magnificencia y sus hazañas son fundamentales. Pensamos en un pueblo que se ve engrandecido y honrado por las proezas de ese héroe, porque representa los valores tradicionales y colectivos de la nación.

Así es como llegamos al recién electo presidente Donald Trump, frente a su nación como el héroe de su propia novela épica; una de tendencia realista en la que las hazañas, con todo su conjunto de metáforas, resultaron atractivas a la mayoría de los personajes-ciudadanos norteamericanos- y entonces la gente votó por aquel “súper hombre” que “llevará a la grandeza a su país”. Ahí está la promesa, la épica queda invertida.

Pero aquí no se trata de ficción mezclada con realidad, o quizás sí, un poco. Lo que en definitiva no es una ficción es que las sociedades se crean a través de narrativas -historias- que definen sus comportamientos, su visión del mundo y su imaginario personal y colectivo, así que analicemos el marco lógico y narrativo del triunfo de Donald Trump.

Trump, como personaje, careció de dimensión política durante buena parte de su campaña y por eso muchos funcionarios de su propio partido le dieron la espalda. Aún así ganó.

Entonces, ¿qué fue lo que hizo que este candidato ganara con todo y su discurso arrogante, grosero, violento, xenófobo, racista, sexista y misógino? Decir que toda la gente que votó por él está loca no explica nada. En todo caso sería una interpretación carente de toda lógica. El triunfo de Trump tiene una serie de principios lógicos que lo explican.

Por principio, revisemos la siguiente premisa, que pone en una jerarquía a algunos de los actores políticos:

“Un hombre nacido en Hawai (Obama) no es un real americano, en todo caso, lo es más una mujer nacida en Chicago (Hillary), pero mucho menos que un hombre nacido en Nueva York (Trump)”.

La proposición anterior lo explica todo pero requiere interpretación: Trump representa el modelo primigenio de hombre estadunidense: primero hombre, luego blanco, nacido en Nueva York, que simboliza el centro de la cultura de ese país, “multimillonario” -apela al deseo colectivo y al sueño americano- aunque en realidad las torres que llevan su nombre, los campos de golf y los hoteles no sean necesariamente todos de él. Todo eso carece de importancia, porque la apariencia es lo que está a la vista de todos y eso quiere decir que la mayoría de los ciudadanos, no los que se encuentran allá “arriba” en la academia, piensan o interpretan las acciones políticas de manera un tanto más literal -un aspecto muy importante a tomarse en cuenta-.

La otra representación jerárquica, que al final terminó por convertir a Trump en el modelo de hombre que debe “representar a los norteamericanos”, fue construida desde la narrativa de los guiones televisivos. En este caso, Trump se presentó como la estrella de su propio reality show, encarnando a un multimillonario neoyorquino, que demuestra un supuesto “genio financiero y visionario” que podría salvar a todo el pueblo norteamericano de una crisis económica, por tanto, ahí tenemos la otra representación del “ héroe - salvador”. En este punto, debemos tener muy en cuenta, que los republicanos invierten en esa clase de cultura ciudadana en los medios de comunicación.

Acción y consecuencia: un estadunidense común, “un verdadero” ciudadano, debe elegir a ese señor, que se parece más al modelo “de verdadero” hombre norteamericano.

Traducción de la acción ciudadana: Voté por el candidato que es más parecido a mí, con el que en realidad me identifico, el que en realidad me representa: blanco, exitoso, playboy, etcétera.

Por otro lado, tenemos dentro de toda la narrativa épica Trumpista un marco metafórico basado en la familia.

Estados Unidos es una gran casa en la que los gobernantes son “los padres” y los ciudadanos son “los hijos”, y absolutamente todo, se reduce a una historia familiar.

Entonces un buen presidente debe defender su casa de la intromisión de los vecinos y no tiene que pedir permiso al vecindario para hacer eso. Los vecinos en este caso somos los mexicanos y el resto de los latinoamericanos, musulmanes, negros y el resto de los No-estadunidenses.

Acción y consecuencia: Un buen presidente, debe defender su casa de la intromisión de los vecinos.

Traducción de la acción ciudadana: Voté por el candidato que me va a mantener ordenada la casa y libre del peligro de que un vecino me la quiera quitar.

Otro juicio a tener en cuenta es el siguiente:

Donald Trump es un hombre exitoso en los negocios; es un multimillonario y el modelo del “más verdadero” ciudadano norteamericano, por tanto, si él ha tenido éxito, le puede enseñar a los demás a tenerlo.

Acción y consecuencia: Un hombre exitoso es aquel multimillonario, playboy, que puede cumplirse las caprichos que desee; un buen presidente es aquel que guiará a los ciudadanos a tener éxito.

Traducción de la acción ciudadana: Voté por el candidato que sabe cómo volver exitoso a mi país y el que le va a devolver la magnificencia que quizás alguna vez tuvo.
Por otro lado, no podemos olvidar los valores y las emociones, porque la gente sale a votar por lo que valora y admira, no tanto por lo que en realidad le conviene. Eso en la mayoría de las ocasiones no es tan visible. Por eso en este año sorprendieron las victorias del Brexit, el NO a la paz en Colombia, y la de Trump.

Y bueno, las campañas y las predicciones políticas no están dando los resultados esperados ni en México, Colombia, Reino Unido o Estados Unidos, porque no están prestando atención a lo que la mayoría de la gente admira, valora, ni mucho menos en las metáforas que utiliza para explicar sus propias historias.

Observando esos errores y teniéndolos claros sólo se puede apelar a prestar mucha más atención al modo en que las mayorías construyen sus narrativas, porque son las que luego van impactando la realidad propia y colectiva. Ahí es donde nos acercamos a las narraciones que imaginan, las metáforas que usan, a reconocer a sus mejores y más verdaderos ejemplares, distinguiendo entre el modo en que la gente narra sus historias y las reglas formales -porque generalmente no se relacionan-, y por supuesto evitando confundir los diferentes marcos de representación con la ignorancia.

La democracia existe con su gran cantidad de imperfecciones. Los Estados, en apariencia, han respetado la democracia y los mecanismos de participación ciudadana, pero se ha dejado de lado estudiar a las mayorías ciudadanas y los marcos lógicos sobre los que montan sus narrativas, sus historias e imaginarios. El camino es largo y se avecinan más procesos políticos que tendrían que comenzar a rendirnos frutos positivos y no llevarnos a la ruina como humanidad. Lo impredecible no puede continuar siendo nuestro compañero; hay que acercarnos al otro, aprender a tomarlo en serio escuchándolo, entendiéndolo y actuando junto con él.

Mérida, Yucatán

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