Trump y el asunto migratorio peninsular

Repercusiones del "trumpismo"

Gabriel Aarón Macías Zapata*
Foto: Notimex
La Jornada Maya

Viernes 16 de diciembre, 2016


Tras el triunfo de Donald Trump para ocupar la presidencia de los Estados Unidos, debe preocupar el giro que tome la dinámica de las migraciones en la península de Yucatán. Durante su campaña, Trump prometió la deportación masiva de migrantes latinos, además de levantar un muro para evitar la entrada de un mayor número de mexicanos y centroamericanos, e incluso advirtió sobre la posibilidad de cancelar las ventajas migratorias a favor de los cubanos. Aunque es probable que, por motivos económicos y políticos, Trump no pueda cumplir con aquellas promesas, el simple anuncio de las medidas condujo al gobierno federal mexicano a tomar cartas del asunto. La advertencia también repercutió entre los gobernadores de las entidades donde se da un alto nivel de expulsión de migrantes, como Jalisco, Zacatecas, Michoacán, Veracruz, Tamaulipas, entre otros.

No obstante, hasta ahora no existe un plan concreto de una y otra parte. La Secretaría de Relaciones Exteriores anunció 11 acciones para apoyar a los mexicanos con los trámites para su repatriación. Varios gobernadores mostraron su deseo de preparar las condiciones económicas para recibir a los deportados, sin que antes hubieran atendido la situación que contribuye a la expulsión de mano de obra.

En este contexto, la península de Yucatán constituye una región en la que confluyen una serie de corrientes migratorias, externas e internas, que se verán afectadas por las políticas de Trump. En primer lugar, es un paso obligado para los migrantes centroamericanos y cubanos que buscan dirigirse a los Estados Unidos. Estas acciones se ven favorecidas por la porosidad de las fronteras con Belice y Guatemala, así como la facilidad con que los balseros cubanos ingresan a México a través del litoral oriental.

Segundo, la crisis agrícola de la milpa ha repercutido en la migración internacional e intrapeninsular de campesinos, en busca de oportunidades. Además, diversas actividades que al inicio del siglo XX fueron un atractivo para colonizar el sur de Quintana Roo, como la forestal y la explotación cañera, por diversos motivos han caído en crisis y el límite de personas que pueden subsistir de ellas ha sido rebasado. Lo que una vez fue una zona receptora de colonos se ha convertido en una de expulsión de mano de obra, en cuyo destino se contempla a Estados Unidos y los destinos turísticos del norte.

La pesca en el litoral oriental se encuentra en un estado de zozobra, debido a la veda de las especies de mayor valor comercial y al aumento en el precio del combustible. A futuro, se debe considerar el proteccionismo ecológico derivado de la nueva reserva de la Biosfera del Caribe Mexicano, en cuyo trazo no fueron tomadas en cuenta las necesidades de los pescadores.

Mientras tanto, la situación en Chetumal no es halagadora; la ciudad se encuentra en crisis desde que en 1994 se canceló la zona libre, aparte de que numerosos burócratas han sido despedidos por el peso de la deuda pública. Este hecho se ha visto reflejado en el cierre de varios negocios, pues en gran medida dependían del poder adquisitivo de la burocracia.

Tercero. El norte turístico de Quintana Roo absorbe una parte de la mano de obra desplazada de aquellas actividades, así como de la península de Yucatán y de otras regiones del país. Empero, la demanda de brazos es temporal y se limita a las temporadas altas del turismo, mientras que en las bajas se caracteriza por el despido masivo de trabajadores.

De poner en práctica la política migratoria trumpista, el cierre de la frontera estadunidense tendrá repercusiones sobre la de Belice y Guatemala, mediante el endurecimiento del paso de migrantes centroamericanos a través de los ríos Hondo y Suchiate. Esta medida evitaría que los migrantes vieran a la península como alternativa laboral o como lugar de establecimiento. Otra acción sería establecer un mayor control sobre la situación migratoria del personal contratado por el turismo.

De impulsar algún proyecto económico para recibir a los repatriados, los beneficiados serían los mexicanos deportados. A la vez, como paliativo de la problemática, los programas tendrían que contemplar el desempleo de los residentes. En conjunto, aquellas acciones limitarían el empleo a los migrantes ilegales. Aún así, hasta para los mexicanos el panorama es incierto: la creación de vacantes a cargo de la iniciativa privada se ha visto reducida, mientras que el Estado presenta serios problemas presupuestales.

En caso que Trump decida acabar con la política migratoria cubana, es posible que se proceda a sellar la frontera marítima oriental de la península. La aprobación de la reforma que permite a la Secretaría de Marina tomar el control de las capitanías de puerto, apunta en aquella dirección. Como suele suceder en estos casos, la medida puede fortalecer a los grupos delictivos dedicados al tráfico de migrantes cubanos, quienes los extorsionan a cambio de garantizar el cruce por el territorio mexicano.

Estos aspectos reflejan que la geopolítica de las migraciones en Estados Unidos tiene repercusión en la redefinición de la mexicana, e inevitablemente el gobierno mexicano tendrá que implementar políticas públicas para atenuar la problemática. De lo contrario, los problemas sociales derivados de una migración y una repatriación sin control, podrían convertir a la península en una olla de presión.

Chetumal, Quintana Roo

[email protected]
*Profesor investigador CIESAS Peninsular