Con los pies en la tierra

El infortunio de los migrantes cubanos

Gabriel Aarón Macías Zapata
Foto: Notimex

La Jornada Maya

Domingo 22 de enero, 2017

El sueño de cubanos con intenciones de migrar a los EUA se convirtió en pesadilla el pasado 12 de enero, al darse a conocer la Declaración Conjunta Cuba-Estados Unidos, y que eliminó de tajo las facilidades migratorias de los cubanos al país del norte. Aunque la acción formaba parte del acercamiento entre ambos países, derivado de las pláticas entre Raúl Castro y Obama, el futuro de la medida parece incierto como también lo es la suerte de los migrantes cubanos.

La incertidumbre alcanza a las autoridades mexicanas del INM, toda vez que la política migratoria de nuestro país sobre los cubanos que buscan ingresar a EUA por México, está diseñada para aminorar los efectos negativos derivados del decreto “pies secos-pies mojados”, recién eliminado por efecto de la declaratoria Castro-Obama.

El escepticismo reinante se deriva de la exacerbada politización que ha alcanzado el fenómeno migratorio en los diversos ámbitos afectados, o beneficiados, por el peregrinar de los cubanos.

La parte más favorecida es el gobierno cubano. A partir del triunfo de la revolución consideró a la migración de sus ciudadanos a EUA como un asunto de seguridad nacional. Esta posición era obvia, aquél país era el principal opositor del nuevo régimen.

De su parte, EUA impulsó el éxodo a sabiendas de que causaría desestabilización y descrédito a nivel mundial. En este sentido, aquél movimiento se convirtió en un factor de tensión entre ambas naciones y en donde sobran los ejemplos, como la estampida de los esbirros, los balseros, los Vuelos de la Libertad, Mariel, entre otros.

No es casual que la directora de la Dirección de Estados Unidos del MINREX, Josefina Vidal, haya celebrado la supresión de la política de “pies secos-pies mojados” y el Programa de Parole para Profesionales Médicos Cubanos por formar parte “del arsenal de medios empleados durante más de cincuenta años por diferentes gobiernos de los Estados Unidos contra la Revolución Cubana”, según lo admitió en conferencia de prensa.

Para Obama aquella acción significa un avance en el acercamiento entre ambos países, para normalizar las relaciones bilaterales y evitar los peligros de la migración irregular, la trata y el tráfico de personas. Con ello se aliviaban las tensiones acumuladas por medio siglo en el tema migratorio y se avanzaba en el acercamiento. Este aspecto se reflejó el pasado lunes 16 de enero, con la firma del Memorando de Entendimiento para sostener la seguridad contra el terrorismo, narcotráfico, trata de personas, entre otros.

No obstante, el anuncio del fin de las ventajas para los migrantes cubanos ha revivido en EUA a las posiciones encontradas: el exilio cubano conservador criticó la medida por otorgar concesiones al régimen cubano, además de que ello no implica una política para mejorar la vida y las libertades en la isla. Otros han visto el acercamiento como una posibilidad de que en un futuro haya mayor apertura para las inversiones y el negocio turístico.

Pero lo que más ha politizado al asunto ha sido la postura de Donald Trump, manifestada en el pasado proceso electoral, de promover la cancelación de las prerrogativas a la migración de cubanos. Es posible que al asumir la presidencia sostenga la resolución de Obama, pero a diferencia de éste, negará otorgar mayores concesiones al gobierno antillano. Sobre este asunto, el académico cubano de la Universidad de Texas, Arturo López-Levy, afirmó con justa razón: “Todo lo que se haga por órdenes presidenciales es legalmente reversible, la cuestión es sí es reversible políticamente”. Esta condición resalta lo incierto del destino de la política migratoria, así como el alto índice que ha alcanzado su politización.

Mayor incertidumbre inunda a los cubanos varados en México y en países centroamericanos, y que esperaban la oportunidad para continuar su camino hacia los EUA. Esto también incumbe a quienes aún permanecen en la isla, y que, a pesar de todo, se arriesgarán para emprender el viaje.

Ahora que el decreto “pies secos-pies mojados” fue derogado, de lograr pisar suelo norteamericano los migrantes isleños serán tratados como cualquier indocumentado. No obstante, debido a que la Ley de Ajuste Cubano aún sigue vigente, tendrán la oportunidad de adquirir su estancia legal luego de permanecer un año un día en territorio estadounidense. La diferencia es que tendrán que hacerlo de manera sigilosa, escondiéndose si es necesario, hasta cumplir con el requisito.

En medio de la odisea de los cubanos, habrá que esperar cual será la política migratoria de México sobre los antillanos. Es posible que el salvoconducto que el INM concedía a estos migrantes, para cruzar el territorio mexicano para llegar a EUA, ya no tendrá razón de ser. Para este país se trata de migrantes ilegales y sin posibilidad de ingresar sin documentos. Por esta razón, para evitar que permanezcan varados en la frontera norte de México, lo que a su vez crearía un problema social mayor, es probable que nuestro país haga deportaciones sin mayores miramientos.

De ser así, tanto el país de origen, el de paso y el de destino, se constituirán en obstáculos para alcanzar el sueño norteamericano. Ojala y esta situación no se refleje en un auge de las mafias que trafican con personas, toda vez que su intervención a veces se convierte en la única posibilidad para que el migrante llegue a su destino; sobre todo cuando los mecanismos legales se endurecen.

Chetumal, Quintana Roo

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*Investigador del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS -Península)