El acento puro yucatanense

En busca del más puro

Emiliano Canto Mayén
Foto: Rodrigo Díaz Guzmán
La Jornada Maya

Viernes 3 de febrero, 2017


A fines del pasado mes de enero, tres paisanos míos coincidieron en un brindis. Había vinos, canapés y como las pláticas de aquel entorno distaban de ser ensordecedoras, pude escuchar a la perfección y sin ser percibido la charla de estos personajes que, felizmente, se reencontraban luego de cierto tiempo.

Luego de una larga introducción en la que se mencionaron libros y autores que desconozco, surgió una discordia entre este trío de meridanos. La causa que dio pabilo a la borrasca, en mi opinión, era tan banal como un musical filmado en Hollywood, pero, al igual que una película de este tipo, el debate estuvo lleno de colorido y vida, motivo por el cual he decidido transmitírselo a mis tres lectores.

La cuestión era averiguar sobre cuál de los tres conservaba, luego de tantos años de exilio, más marcado su acento yucatanense.

Habló la primera, que es una mujer de vastas lecturas y de grande experiencia, y apuntó al más prominente de estómago: "Sostengo Enrique que, pese a tus viajes a lo profundo de Asia y de tu dominio absoluto del japonés, tú eres de nosotros tres el que más marcado tiene el acento. Y, en mi favor o defensa de mi tesis, está que eres homosexual y, aunque muy cultivado, los homosexuales yucatecos son quienes más aporreada tienen su habla".

-Aunque me halaga, querida, que defiendas públicamente que los hombres de costumbres raras seamos los más puros representantes de la yucataneidad, a la par que Héctor Herrera Cholo (q.e.p.d.), tengo mis reservas. Tal vez sea la alineación de los astros, las miasmas o el paso de las horas porque a veces quien me escucha por vez primera identifica de inmediato, en menos de dos segundos, que nací en Mérida, Yucatán, mientras la Orquesta Típica Yucatanense tocaba los Aires del Mayab, aunque, en otras ocasiones pasan las horas hasta que, ante los ruegos repetidos de mi interlocutor, tengo que revelar mi casta y raíces. ¿Acaso habrá momentos en que hablo más rupestre? ¿Al despertar tendré la misma entonación de Armando Manzanero y al atardecer sonaré más bien como Arturo de Córdova? Misterios, misterios son, querida.

En este punto, el tercero y último de los conocedores a los que espiaba de cerca tomó la palabra. Se trata de un lingüista de reconocido renombre, este especialista dijo… dijo… enunció largas oraciones que el vino me impidió comprender en toda su amplitud pero que tenían palabras como lexical, semema, eccema, sufijo, prefijo, residual, etcétera y etcétera.

Como todas las charlas o discusiones al calor de las copas, pese a las diferencias, nadie pareció ofenderse, aunque ninguno triunfó sobre los demás ni tampoco los alegatos llegaron a un punto culminante o conclusión satisfactoria, lo cual hubiera disfrutado en extremo. Por mi parte, ¡cuánto hubiera dado por llevar una grabadora en el bolsillo! –como dicen que hacía Antonio Betancourt Pérez– para demostrarle a aquellos contertulios que, pese a sus opiniones, años en la capital y lejanía del tuch del mundo, escucharlos era como asistir a una jarana en Peto.

En fin, pasados los días, sigo pensando que en todos los años que viví en Yucatán nunca vi dos rostros ni dos voces idénticas; a lo mucho recuerdo algunas muy parecidas o similares. ¿Acaso habrá entonces algún lingüista entre los lectores de La Jornada Maya que pudiera decirme cuál es el acento yucateco más puro?

Mérida, Yucatán
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