México SA

Realidad mata discurso

Carlos Fernández-Vega
Foto: Rodrigo Díaz Guzmán
La Jornada Maya

Sábado 24 de febrero, 2017

Parece que el inquilino de Los Pinos no se ha enterado de que en México, oficialmente, existen 63 millones de pobres, y contando, porque muy orondo asegura que los indicadores positivos contradicen a quienes consideran que el país pasa por malos momentos económicos.

Alguien tendría que ubicarlo, pero como en su círculo interno nadie se anima, el susodicho presume que tales indicadores evidencian que la economía mexicana va por buen camino, y muestra de ello, dice, es el incremento en las plazas laborales del sector formal, las cuales, por cierto, son cada vez más precarias.

En este contexto, el Centro de Investigación en Economía y Negocios (CIEN) del Instituto Tecnológico de Monterrey, campus estado de México, analiza el ámbito del empleo (Los padecimientos del mercado laboral) y de sus resultados tomamos los siguientes pasajes. Va, pues.

A simple vista, parece que el mercado laboral de nuestro país ha alcanzado resultados alentadores. El número de trabajadores registrados ante el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) continúa incrementándose, en tanto que la tasa oficial de desocupación mantiene su tendencia a la baja. Sin embargo, al revisar la información detalladamente se aprecia que las condiciones de los empleos generados en los últimos periodos no son las más adecuadas.

De acuerdo con las cifras de enero pasado, en el IMSS se encuentran registrados alrededor de 18 millones 700 mil trabajadores, lo que representó 747 mil personas más en comparación con los datos reportados durante el mismo mes de 2015. Del total de trabajadores dados de alta en la institución de salud, 86 por ciento cuenta con una plaza laboral de carácter permanente, mientras el 14 por ciento restante ocupa un puesto de trabajo temporal, prácticamente la misma proporción exhibida durante el primer mes de 2015.

Si bien las cifras arrojadas por el IMSS no representan en su totalidad la creación de nuevas fuentes formales de empleo, sí permiten vislumbrar un panorama global en torno a la cantidad de plazas laborales generadas.

A pesar de que el número de puestos de trabajos se ha incrementado, prevalece la precarización del mercado laboral. En días pasados el Inegi divulgó las cifras de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) para el cuarto trimestre de 2016. Si bien la población oficialmente desocupada reflejó una caída significativa respecto de la magnitud observada durante el último tercio de 2015, las condiciones laborales para los trabajadores mexicanos todavía no son objeto de mejora, e incluso algunas, como las percepciones salariales, continúan deteriorándose.

De esta forma, poco más de 60 por ciento de la población ocupada (32 millones 362 mil personas) gana cuando mucho tres salarios mínimos al día (240.12 pesos, aunque más de 21 millones de ellos no pasan de dos salarios mínimos), situación que contrasta con los trabajadores que perciben más de cinco salarios mínimos (400.2 pesos) y representan únicamente 6 por ciento del total de la población ocupada (3 millones 164 mil personas).

Lo grave del asunto es que dicha proporción se ha deteriorado constantemente con el paso de los años, ya que durante el último tercio de 2012 aquellos que devengaban más de cinco salarios mínimos representaban a 8 por ciento de la población ocupada.

Adicionalmente, el número de trabajadores que cobran hasta tres salarios mínimos al día es la categoría de la población ocupada que ha registrado los incrementos más significativos a lo largo de los últimos 11 años. Esta situación permite aseverar que la gran mayoría de los empleos generados en los periodos recientes otorgan percepciones salariales equivalentes a 7 mil 203 pesos al mes, en el mejor de los casos, es decir, tres minisalarios.

Por otro lado, el nivel de ocupación en el sector informal es uno de los problemas socioeconómicos que urge corregir, ya que las estrategias empleadas para mitigar su crecimiento han resultado ineficientes. La información más reciente de la ENOE reveló que 55 por ciento de la población ocupada labora en actividades informales. De hecho, el nivel de ocupación en el sector informal ha oscilado entre 58 y 55 por ciento en los pasados dos años, limitando así la calidad de vida de la mayoría de la población ocupada, de tal forma que dejan de percibir cuando menos las prestaciones de ley, entre ellas el acceso a las instituciones de salud o incluso a contar con un fondo de ahorro para el retiro.

No cabe duda de que la generación de empleos es importante para que la evolución de la economía resulte favorable, pero si la calidad de las fuentes de trabajo no es la adecuada, resultará prácticamente imposible que, por un lado, los trabajadores produzcan valor agregado y, por el otro, alcancen mejor calidad de vida.

De acuerdo con la información del IMSS, en el primer mes de 2017 se registraron poco más de 83 mil trabajadores, lo que representó un incremento de 20.4 por ciento respecto del número de plazas contabilizadas en enero de 2016. Del total, sólo dos de cada 10 plazas registradas fueron permanentes y el resto eventuales.

Una de las prestaciones más importantes tiene que ver con el acceso a las instituciones de salud. Sin duda el contar con este apoyo es de gran beneficio para las finanzas de las familias mexicanas. No obstante, la población ocupada que carece de dicha prestación (32 millones 448 mil personas) es significativamente mayor en comparación con aquellos que cuentan con este beneficio (19 millones 383 mil trabajadores).

Además, la mayoría de la población ocupada labora en un micronegocio sin establecimiento (poco más de 11 millones 511 mil personas), situación que contrasta con la cantidad de trabajadores que lo hacen en un establecimiento grande (4 millones 619 mil individuos). Así, la cantidad de personal empleado por las grandes empresas se redujo en 2.8 por ciento, lo cual contrasta con el número de contrataciones de los pequeños establecimientos, donde se registró un crecimiento de 6.5 por ciento.

Las rebanadas del pastel

Así va el marcador: en 2016, vía remesas y sin condición alguna, los paisanos expulsados de su tierra inyectaron casi 30 mil millones de dólares a la economía mexicana. En igual año, los dueños del dinero en México –a quienes el gobierno cumple todo tipo de caprichos y condiciones– depositaron 24 mil 500 millones de billetes verdes en cuentas bancarias en el extranjero. Y todavía dicen que sin éstos el país no puede salir adelante. ¡Claro!… La moneda gringa cerró semana en 20.20 maltratados pesitos.

Ciudad de México

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