El oficio de vivir

Un bocado de sol

Andrés Silva Piotrowsky
Foto: Rodrigo Díaz Guzmán
La Jornada Maya

Viernes 7 de abril, 2017


Había estado toda la mañana en diligencias, pasando del aire acondicionado del Uber a las bocanadas de aire caliente que se sienten como ráfagas de lumbre al abrir la portezuela del automóvil. Estoy exagerando, pensaba.

Iba camino a la redacción cavilando sobre la hipersensibilidad que contrae el paso de los años; en que tener dedo de gatillo es normal cuando pasas tantas horas con el celular y la lap en ristre; en que el calor quizá no es un tema noticioso en un estado como Yucatán, donde es costumbre. Pensaba también en que ese día podría ser atípico en relación con el del año pasado, pues la temperatura le daba la impresión de ser más sofocante, más lesiva, más insoportable. Nunca como en 18 años de habitar por estos lares. Pero, no, dice el director que eso no vende, no es noticia en la península; debe tener razón, se convencía.

En esas andaba cuando su pecho resonó, pum, pum, pum, cual cascabeleo de coche sin afinación, pum, track, pum; track, track, pum. Qué es esto se preguntó nebulosamente, sudando frío. Los años, la hipersensibilidad, ¿un infarto?

Al ritmo de chacarera de su corazón, de pronto su piel se convirtió en algo como un abrigo hostil, se sentía con atavío de ruso en el desierto del Sahara. Sudor frío, taquicardia, algo como angustia existencial; las plantas de los pies, tan olvidadas siempre, ahora cobraban condición de carbones ardientes.

Pudo escribir un msj por whats a su sobrino médico y darle los síntomas. ¿Hace mucho calor?, le preguntó el familiar galeno. Sí, pero aquí es normal, le respondió parafraseando al director, en Yucatán el calor no es noticia. Tío, debes estar insolado; cómprate un suero y ponte a resguardo.

Obedeció, regresó a su casa desguanzado, casi no pudo meter la llave en el ovillo de la cerradura ¡Oh, tierra del sol!, deliraba… todo estaba nublado y una sensación de despedida invadía con nostalgia su pensamiento. Se echó en la cama, llegó su esposa, le tomó la temperatura y sentenció (como seguramente lo hubiera hecho su abuela, la que preguntaba, para saber si alguien había regresado del sueño, “¿ya recordó?”) ¡estás ardiendo, parece que te comiste un pedazo de sol! En ese momento Morfeo también fue abrigo y se entregó al olvido.

“Recordó” hasta el otro día, leyó el titular de la primera plana del diario en que trabajaba y en la cual no colaboró: “De 40 grados a frente frío”; se tiró de nuevo en la cama con la absoluta certidumbre de que todo puede ser noticia, aunque, a veces, sólo lo sea para uno.

Mérida, Yucatán
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