Extorsión, no que no

Un paraíso donde ya ocupa un lugar el Diablo

Jesús Hernández Martínez
Foto: Cuartoscuro
La Jornada Maya

Viernes 21 de abril, 2017


El personaje de este relato es chetumaleño, padre de familia, esposo bien aceptado por su cónyuge, honesto, trabajador y emprendedor; pero cometió una grave equivocación: cambió su domicilio a Playa del Carmen, donde montó varios negocios. Su prosperidad llamó la atención de la delincuencia organizada, a la que primero le pagó protección durante varios años y después, cuando decidió no cubrir su cuota, fue salvajemente golpeado, quedó casi moribundo y unas semanas después abandonó sus intentos de emprendedor.

Poco a poco, con el apoyo de su esposa y amigos, vendió sus negocios; más bien las mercancías que casi todas eran abarrotes, devolvió a sus propietarios varios locales y remató tres que había construido y eran de su propiedad. Devolvió también a las empresas cerveceras cuatro concesiones que operaba en la modalidad de venta de cerveza para llevar.

La víctima es real, en la actualidad tiene poco más de 50 años de edad, sus hijos ya son universitarios y él es taxista; pero ni el vehículo ni las placas son de él pues, según confiesa, “en Solidaridad y tal vez toda la Riviera Maya, no es bueno ser emprendedor y menos amasar una fortuna. Te conviertes en rehén de la delincuencia organizada”.

De vez en cuando las autoridades reconocen que en Playa del Carmen la extorsión hacia los particulares, principalmente empresarios, por parte de la delincuencia organizada, es un fenómeno común y difícil de combatir. Los empresarios en reuniones públicas le han pedido al gobierno, desde hace dos o tres administraciones, que impida la continuidad de esa práctica; las agrupaciones que se encargan de la seguridad pública han realizado programas de combate a la delincuencia, pero los logros han sido insignificantes, casi nulos.

No es un secreto que, ocasionalmente, algunos particulares hayan perdido la vida ultimados por la delincuencia organizada. Las autoridades ministeriales inician las averiguaciones pero éstas se archivan, pues también algunos jefes policiales han sido amenazados de muerte.

El empresario al que nos referimos nació y vivió parte de su vida adulta en Chetumal, trabajó en varias empresas, siempre en la iniciativa privada; contrajo matrimonio y procreó con su pareja tres hijos pero, como en la capital del estado no prosperaba, decidió probar suerte en Playa del Carmen. Primero viajó solo y, luego de abrir un pequeño comercio, llevó a su familia. En verdad, según recuerda, prosperó más de lo esperado. En Playa del Carmen, quienes deciden mejorar económicamente a fuerza de trabajar, en el corto o mediano plazo lo logran.

Dejó a su esposa a cargo de la primera tienda de abarrotes, tipo minisúper, (sus hijos aún eran pequeños), y abrió otra similar; después una más y otra y otra hasta sumar once, Cuando llegó a ese número su esposa y él solo eran supervisores, empleaban a más de 40 personas y todo iba bien hasta que la delincuencia organizada llegó a ofrecerle protección. “Cuando me negué a pagar me golpearon dejándome casi muerto, o creyeron que ya estaba muerto. Me llevó varios meses recuperar la salud en los hospitales y mi casa”.

Pidió no mencionar en qué mes y año fue golpeado por los delincuentes, por temor a ser localizado de nuevo.

-No me pedían mucho, mil pesos cada semana al principio y luego 2 mil; después 3 mil pero mis negocios iban bien. Siempre pensé que no era bueno convertirme en víctima y rehén, pero me anticiparon que no denunciara y me recordaron que conocían a mi esposa y a mis hijos y que podían tener “un accidente”-recuerda.

Afirma que aún tiene miedo, pero ahora vive modestamente y espera ya no ser molestado por los delincuentes. Anda con mucho cuidado y a sus familiares les insiste que también se cuiden. “Playa del Carmen ya es una plaza de la delincuencia organizada y venta de drogas”.

Desde hace varios años, los medios de comunicación nacionales y extranjeros, algunos de ellos europeos, han dado cuenta de que Playa del Carmen padece dos de los grandes problemas de desestabilización social: el crimen organizado, junto con la ya “excesiva venta de drogas”, y la extorsión. Coinciden en que la delincuencia ha rebasado al gobierno.

Aunque suene a morbo, sería bueno saber cuántos empresarios han abandonado sus negocios por temor a la delincuencia organizada y hasta dónde ésta seguirá horadando la paz social de la hermosa Riviera Maya, un paraíso donde ya ocupa un lugar el Diablo.