Hasta cuándo y cuántos más

Revolucionarios sin violencia

Ricardo Peralta Saucedo*
Foto: La Jornada
La Jornada Maya

Jueves 18 de mayo, 2017


Los movimientos de autonomía e independencia, desde la época colonial comenzaron a gestarse en las pláticas de actores sociales de todos los ámbitos, el grupo de los corregidores fue relevante.

En la conjura y conspiración de la guerra de independencia hubo muchas traiciones contra los alzados, la sedición se había extendido desde el Bajío y hasta Querétaro, hubo cateos y aprehensiones previas en casas de cómplices y encubridores.

La voz que alertó a Allende y al cura Hidalgo de que dieran inicio a la revolución de la independencia fue de Josefa Ortiz de Domínguez, a través de Ignacio Pérez, otro conspirador, también su vecino y Alcalde de la cárcel, quienes previamente habían ideado un forma de comunicación secreta, consistente en tres golpes con el pie sobre el piso; su esposo don Miguel Domínguez, Corregidor de Querétaro, jugando un doble papel, encabezó una de muchas detenciones en contra de los conspiradores, tuvo la “Corregidora” que utilizar ese método, pues su marido la había dejado encerrada en su casa, pues temía que hiciera lo que hizo finalmente.

Fueron descubiertos y detenidos doña Josefa y su marido, fueron recluidos en conventos distintos. El cura Hidalgo recibió el mensaje, algunos dudaron si el movimiento tendría éxito, analizaron si era mejor huir y aplazar el inicio de la gesta independentista.

“Caballeros, somos perdidos, aquí no hay más recurso que ir a coger gachupines”, así, Hidalgo sentenció antes de tocar las campanas a las 05:00 horas del 16 de Septiembre, la muchedumbre enardecida escuchó los motivos de la guerra convocada, habló del despojo sufrido por los españoles, además del ofrecimiento, que quien se sumara ganaría diario un peso si andaba a caballo y 4 reales si era a pie, se habían reunido cerca de 800 personas, se replicó el movimiento en todas las plazas públicas de Querétaro, Guanajuato, Guadalajara y México.

La Dama libertaria como se le ha nombrado, es mencionada cada 15 de septiembre que se conmemora nuestra independencia, ella hizo del activismo político su forma de vida, sacrificó su libertad personal por más de 4 años estuvo presa, pero nunca declinó, incluso se distanció de sus hijas quienes se casaron con realistas.

Doña Josefa es ejemplo de congruencia y pasión, la pregunta de ¿cuántos más? La modificó por la afirmación nunca más.

En nuestro país, cada vez que ocurre una tragedia impactante y mediática y socialmente indignante, la infértil pregunta que muchos hacen es ¿Hasta cuando? Acompañada de un destinatario en turno.

México es quizá, uno de los que más ha acumulado historias de impunidad, es por ello que ha florecido el narcotráfico, la trata de personas, el secuestro, los homicidios dolosos, las desapariciones y claro la rampante corrupción. Podríamos compilar cientos o miles de tomos de anecdotarios negros donde los impunes ríen y el pueblo sigue preguntando, ¿hasta cuándo?

Guerra, guerra en el monte en el valle, tus cañones horrísonos suenen. Más que nuestro himno parece otra nota nacional sobre violencia, donde resulta que todos saben por qué pasa pero pocos son capaces de promover cambios reales, donde el activismo, está subdividido entre los monopolizadores de “la verdad” y el vulgo. Cada mexicano tiene dentro un soldado, por lo menos eso aprendimos en nuestro sistema de educación, ¿qué le ha pasado? ¿Está en retiro?

Hablar de impunes es hablar de criminales culpables, los imagino con una mueca funesta casi sonriente, leyendo su noticia, saboreando la libertad de ejercer su cometido sin consecuencias, pero para ser impune, se requiere también de poder, ya sea propio o cedido por quien lo detenta.

La impunidad tiene muchos significados, pero donde se reúnen las condiciones de ausencia de estado de derecho y debilidad institucional coinciden, donde no hay juicio y castigo a los responsables de una conducta reprochable…

Hasta donde la impunidad se ha hecho sistemática? El desánimo social y la falta de credibilidad institucional es una siniestra mezcla que desgarra día a día el quehacer cotidiano. Secuestros, asesinatos, torturas y corrupción son hijos de la impunidad.

El ¿hasta cuándo? Tiene una respuesta y una acción, la primera es dejar de preguntarla, porque en la acción tiene su obvia consecuencia. Refundar a nuestro país como lo hicieron los insurgentes, como lo hacen los revolucionarios, pero sin violencia, con la reproducción de líderes creíbles en todo el territorio nacional y darnos cuenta que el ¿cuántos más? depende también no sólo del rechazo y concierto ciudadano, sino del ¡ya basta!

*Profesor de Derecho Penal de la Facultad de Derecho de la UNAM

@ricar_peralta