El destape en Yucatán

Colores y contendientes

Fabrizio León Diez
Foto: Rodrigo Díaz Guzmán
La Jornada Maya

Miércoles 24 de mayo, 2017

En un salón de restaurant, en la sala de su casa o en la oficina, los aspirantes a gobernar el estado de Yucatán me han confirmado su decisión, en privado.

En el caso de los panistas, la decisión está tomada y no habrá desgaste, sólo esperan que el alcalde Mauricio Vila escoja entre repetir el cargo o lanzarse a la aventura de reconquistar el estado y, a partir de ahí, definir la alineación que enfrentará al aparato oficial y a la estructura del PRI.

Quien sí tiene un serio problema es el gobernador, pues tiene varias cartas, tantas como las tribus que influyen con su apoyo (o no) para que el elegido gane (o pierda) la elección más importante para la nueva generación, que ahora tiene un promedio de 50 años de edad.

La tribu principal es la del propio Rolando Zapata, quien tiene en Víctor Caballero a su principal as y es por quien apuesta.

El clan de Ivonne Ortega mantiene su fuerza, por medio de alfiles insertos en la estructura de gobierno, como Mauricio Sahuí (quien ha corrido la especie de su alejamiento de la exgobernadora ) y, en el legislativo federal, a Felipe Cervera.

El grupo de Emilio Gamboa influye en todos los ámbitos empresariales; el diputado Pablo Gamboa Miner es su pieza en un juego que suena a desafío millennial en el partido. Ya varios le sonríen.

La cabila de Jorge Carlos Ramírez Marín está representada por él mismo; su trabajo en el estado lo mantiene por arriba en las encuestas. La elección en el Estado de México marcará acentuadamente su futuro.

La raza de Liborio Vidal permea en el oriente y sur del estado como nadie y es el primero que de manera pública argumenta sus facultades para ocupar la “silla del ejecutivo”, como lo dijo en estas páginas.

Ninguno, de esta baraja de candidatos del PRI, ganaría sin el consenso de los líderes de las otras tribus y, si el gobernador le apuesta a que la campaña del elegido sea corta; es decir, elegir el mes de enero para el destape, y reducirse con ello al 2018 para convencer al electorado, será muy difícil que logren la unidad.

El candidato del PRI necesita una campaña larga, pues hasta ahora sus aspirantes no son fuertes y tendrán que hacer una operación cicatriz con los afectados, necesitarán más tiempo para posicionar una nueva imagen y afinar las movilizaciones sociales y digitales; trabajo que requiere de varios meses.

Ninguno de los mencionados tiene la estructura completa para ganar las elecciones, ni mucho menos el discurso suficiente para construir a un personaje duro y con credibilidad. Parafraseando una popular canción, “la estructura rentada ni sabe querer ni es fiel”.

Cualquiera de ellos tendrá que compartir su inteligencia, su capital y hasta sus asesores, con el tiempo suficiente y la voluntad, si es que quieren mantener el poder, por el que se les hace agua la boca, o se quedarán anolando el vacío.

Una campaña del PRI no les permitirá ganar por mérito propio, a menos que le apuesten a que Mauricio Vila y el PAN cometan un error y eso sería cambiar el juego de póker por la ruleta rusa.

Finalmente, también la casa juega y Zapata Bello aspira a capitalizar su inversión política y los, hasta ahora, índices de buena calificación, para encabezar los listados plurinominales en el 2018 para incorporarse a la campaña presidencial y luego al gabinete, si es que ganan; para lo que el gobernador tendría que renunciar a su cargo y arriesgar a ganar doble; en el estado, con su candidato y su futuro, en la federación.

De ser así, uno se pregunta, ¿quién podría sucederlo?

¿Será por eso que Roberto Rodríguez Asaf, el secretario de gobierno, ya se bajó del carrusel?

Mérida, Yucatán
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