De activismo y manglares

Tulum, ¿en ruta de su extinción?

Carlos Meade
Foto: Gerardo Jaso
La Jornada Maya

Viernes 14 de julio, 2017


Cuando nos preguntamos por la eficacia del activismo ambientalista es necesario hacerse cargo de que, en muchos casos, es poco efectivo, carece de un sentido claro y no responde a ninguna estrategia.

Con los graves problemas ambientales que se han generado en Tulum, y en toda la costa de Quintana Roo, a partir de un modelo de desarrollo agresivo, uno debe cuestionarse seriamente la eficacia de las luchas ambientalistas.

No es que no sirvan. Recientemente el caso Tajamar ha dejado un buen sabor de boca. El problema es que la inercia del desarrollo es avasalladora y que los pequeños triunfos no logran descarrilar el tren del desarrollismo a ultranza, que parece la única forma de parar este movimiento antes de que, por sus mismas aberraciones, naufrague en la insolvencia financiera y crisis ambiental que él mismo produce.

¿Cuánto falta para que sea poco “rentable” estar llevando arena a las playas que la infraestructura turística destruyó? ¿Cuánto falta para que una creciente población que descarga sus aguas residuales sobre el acuífero destruya las aguas costeras? ¿Cuánto falta para que la afectación de los manglares acabe con la pesca, haga más peligrosos los huracanes y obstruya la función de purificar las aguas continentales que descargan en el mar Caribe?

Desafortunadamente este apocalipsis llegará para barrer con un enclave más del capitalismo decadente, si no es que, antes, una sociedad organizada logra rescatar lo que queda de este paraíso y restaurar los ecosistemas que devuelvan viabilidad al destino turístico.

¿Qué se puede hacer? Me parece que hay que ir al corazón del sistema y enfocar la energía militante en detener los grandes proyectos, perseguir a los ecocidas que asesinan manglares o selvas, acosar a los funcionarios corruptos que convalidan la depredación.

Hace unos días, un activista descubrió un área de más de 7 mil metros cuadrados donde el manglar ha sido destruido. Parece que ese predio podría ser parte de un enorme proyecto inmobiliario llamado Puertas, que se había anunciado ampliamente ecológico. No se ve el mismo entusiasmo de los ambientalistas que limpian playas, por hacerse presentes en la Dirección de Ecología y exigir una explicación, por hacer una denuncia formal en la Profepa.

Hay acciones que son vistosas, como limpiar playas. Nos hacen sentir bien, podemos presumir una playera alusiva, pero no tienen ningún efecto sobre el modelo de desarrollo que está en el trasfondo del problema. No quiero decir que no tengan ningún sentido o que no haya que hacerlas. Lo que creo es que hay acciones que golpean en el corazón del sistema y ésas son las que deberían convocar a los militantes y concentrar su escasa energía.

Uno de los centros operativos del sistema depredador instalado en Tulum es un coctel letal que contiene: corrupción, impunidad, complicidad de autoridades, ineficiencia o indolencia de los servidores públicos, indiferencia ciudadana y barbarie de mafias empresariales. Si los activistas no estamos decididos a cuestionar a la administración, Tulum seguirá en la ruta de su extinción como territorio viable para la vida social sostenible.

En una entrega próxima, espero poder aportar más información sobre la destrucción del manglar en Tulum, un grave delito ambiental que no podemos permitir que continúe impune.

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