Holbox y la exhibición de atrocidades

El lado artístico dentro del desastre que vive la paradisiaca isla

Eduardo Lliteras Sentíes
Foto: Cuartoscuro
La Jornada Maya

Lunes 31 de julio, 2017


“Pontiac Starchief. A doscientos metros de la cabina hay un Pontiac sin ruedas abandonado en la arena; su presencia desconcierta. A menudo pasa horas sentado en él, probando los asientos de delante y atrás. En la arena hay toda clase de desechos: una máquina de escribir con la mitad de los tipos (consigue armar frases fragmentarias que a veces parecen tener algún sentido), un equipo neuroquirúrgico hecho pedazos (se guarda en el bolsillo un puñado de bisturíes, útiles como armas de defensa). Después se corta el pie con una botella de Coke y pasa días febriles en la cabina”.

(página 51, La Exhibición de Atrocidades, J.G. Ballard, Minotauro, 1981.)


Las aguas negras vertidas en las calles le dan un tono negro al lodo salpicado de botellas de plástico. La basura, que hiede mientras se descompone bajo el sol implacable de la costa quintanarroense, está erizada por lo que parece un baile de moscas. Desde la calle llega el rugir a todo volumen del reggaeton, taqui, taqui, taqui, de Daddy Yanqui. Es ya media mañana pero el ruido no ha parado toda la noche, toda la madrugada y el puertorriqueño sigue gritando: “la nalga para atrás”.

John tiene los ojos rojos por no poder dormir; no había agua en el baño que apesta a excremento, por lo que optó por meterse al mar y allí hacer sus necesidades. Tiene el cuerpo pegajoso por el sudor de toda la noche; estuvo dando vueltas en las sábanas húmedas y malolientes; la luz iba y venía y al final nunca funcionó el ventilador. Mejor tirarse sobre la arena entre los carritos de golf y las cuatrimotos estacionadas, tras toda una noche de correr a toda velocidad por las veredas de arena del paraíso tropical llamado Holbox, área natural protegida... por nadie.

Lo anterior bien podría ser una narración de J.G. Ballard de quien me he acordado recorriendo el desastre ecológico-social-delincuencial de la península de Yucatán, en más de una ocasión y cuyo epígrafe abre estas líneas.

No es sorpresa lo ocurrido en las últimas semanas en Holbox; , mientras el Presidente presume que el turismo aumenta en el país, el deterioro en destinos turísticos de Q. Roo ha llegado a la distopía: apagones y falta de agua potable durante una semana en plena temporada; ejecutados a plena luz del día en la Quinta Avenida de Playa del Carmen; hoteles con turistas nacionales e internacionales en habitaciones cuyos excusados deben asearse a cubetazos, con agua de las albercas. Ruido, basura, depredación sin control.

La crisis de falta de agua potable y electricidad, ante la irrupción de miles de turistas llegó a un punto insostenible, pero las autoridades del estado de Quintana Roo únicamente reaccionaron cuando un puñado de habitantes, exasperados hasta el límite por la falta de servicios, anunciaron que tomarían el puerto y cerrarían la isla. Les siguieron los dueños de hoteles, las navieras, ante el desastre que se está traduciendo en pérdidas económicas por la exigencia de huéspedes la devolución de su dinero. Las protestas y las denuncias en redes sociales expresan el malestar de quienes llegaron soñando un reducto paradisiaco para encontrarse con el horror de miles de turistas corriendo en carritos de golf o cuatrimotos entre el ruido, la peste y los apagones.

En Holbox está pasando lo que ya habíamos advertido desde diciembre: el colapso, el caos generado por la avaricia y la corrupción sin límites. No se respeta regla alguna en el Área de Protección de Flora y Fauna Yum Balam, establecida desde 1994, pero sin plan de manejo; lo que ha propiciado que el crecimiento sin freno destruya lo que algunos definían como el paraíso; que se convirtió en el infierno de la mano del ex gobernador Borge o del actual alcalde del municipio de Lázaro Cárdenas, Emilio Jiménez.

Para estos personajes, los negocios privados de familiares y amigos, se anteponen a cualquier consideración. “Después de mí, el diluvio”, parecen afirmar.

Ante la amenaza de cierre, finalmente una delegación de funcionarios acudió presurosa al destino turístico de moda; negoció con los habitantes un puente de pipas cargadas de agua potable, en lo que se busca solucionar la crisis.

La población, harta, recibió promesas de que la electricidad también se solucionará con trabajos de la Comisión Federal de Electricidad, la misma que había dicho a los vecinos que mejor apagaran sus aires acondicionados.

En entrevista, los habitantes afirmaron que gracias a la unión ciudadana, a la participación de todos en las redes sociales, medios de comunicación y voz a voz, se logró que las autoridades vinieran e hicieran algunos compromisos, como el arranque de la obra de drenaje sanitario para el 21 de agosto del 2017.

Pero en ningún momento se habló de poner orden a la multiplicación de hoteles y negocios sin permisos y sin que haya algún estudio que respalde la capacidad del lugar para hospedar a más de 7 mil turistas, cuando fue planeada originalmente para mil personas.

Los habitantes insistieron en la necesidad de mantenerse unidos: "Invitamos a todos a escuchar los compromisos a inmediato, corto y mediano plazo que se presentaron y a comprometernos con la autoridad a trabajar en conjunto"; sin embargo, afirmaron: "pedimos extrema atención en estar pendientes de los cumplimientos firmados; esto no cambia el estado de emergencia en el que nos encontramos, seguimos alerta". No cabe duda.

Holbox, Quintana Roo
@infolliteras