Destruyamos los paraísos

El paso del ser humano

Felipe Escalante Tió
Foto: Fernando Eloy
La Jornada Maya

Martes 01 de agosto, 2017

Este verano se están levantando banderas rojas en varios puntos de la península, extrañamente todos vinculados al movimiento de los seres humanos.

Primero llamó nuestra atención la xenofobia extrema de los vecinos de Dzilam Bravo y Dzilam González, cuya intención de correr a los “fuereños” sólo deja ver que los yucatecos bien podríamos haber incubado a más de un Donald Trump en estas lajas. Ahora, poco más al oriente, la isla de Holbox ha alcanzado su tope de recepción de turistas, por la incapacidad de los sistemas para ofrecer satisfactoriamente los servicios públicos básicos.

Otros puntos de la península ya están dejando saber que el medio ambiente está al límite. En Quintana Roo, Akumal busca un tope a la oferta de nado con tortugas, actividad que raya en la alteración de un delicado hábitat, pero al mismo tiempo es sustento de una población sujeta al vaivén de la voluntad de las dependencias encargadas de la producción al ambiente y los grupos de presión en su interior.

La temporada de captura de pulpo, que inicia hoy, puede ser motivo de nuevos conflictos, tras el anuncio hecho por José del Carmen Rodríguez Vera, titular de la Secretaría de Pesca y Acuacultura (Sepesca) de Campeche, quien desde su puesto no ha dejado de dar a conocer operativos contra capturas fuera de temporada de veda y decomisos de artes de pesca prohibidos. El que haya declarado que disputará la denominación de origen del pulpo maya, como publicó este periódico el pasado 18 de julio, sólo puede significar nuevos problemas en una zona donde los hay desde la primera división de Yucatán; esto es, entre Isla Aguada, en el lado campechano, y Celestún, en Yucatán.

La pesadilla para el medio ambiente costero peninsular, en busca de un equilibrio entre la actividad pesquera y turística, sin dejar de lado la presencia de extracción petrolera en la Sonda de Campeche y la amenaza de exploración en busca de hidrocarburos en las vecindades del Arrecife Alacranes, ya inició y no se ve que el despertar pueda resultar un alivio.

El hecho de que en Holbox se haya alcanzado un compromiso para mantener los servicios de agua potable y recolección de basura es apenas una solución política de muy corto plazo que apenas alcanzará esta temporada alta de turismo. Después quedará un problema ecológico imposible de resolver con las ganancias que dejan los visitantes.

No hace muchos años, parecía imposible establecer una veda para el mero en la costa yucateca. Hoy nos hemos acostumbrado a verla para más especies, aunque es secreto a voces que la extracción de algunas de las más cotizadas, como el pepino de mar, es continua. Vemos también cómo el tejido social se ha deteriorado y la tentación de culpar de esto a “los fuereños” es muy fuerte.

Con las campañas políticas a punto de empezar, la situación puede empeorar. La ciudadanía necesita escuchar respuestas sensatas a estos problemas que están incubados en toda la península. Si de aquí en un año la retórica de nuestra clase política sigue siendo la de “la mafia en el poder”, “defendimos la joya de la corona” o “recuperamos tantos municipios y gobernamos a más de la mitad de la población”, sólo hará que los conflictos se vuelvan más graves y algunos seguiremos acumulando argumentos para documentar el pesimismo, y en este caso confirmar que a los peninsulares no nos gustan los paraísos, por eso los destruimos.

Mérida, Yucatán
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