Compromisos y seguridad

La punta del iceberg en Yucatán

Eduardo Lliteras Sentíes
Foto: Rodrigo Díaz Guzmán
La Jornada Maya

Jueves 10 de agosto, 2017

El “compromiso” 96 del gobernador Rolando Zapata Bello tiene apenas 36 por ciento de avance. Según la página de compromisos del gobernador se trata de “realizar el proyecto para que el edificio que alberga la cámara hiperbárica tenga una nueva vocación de acuerdo a las necesidades actuales del Hospital O´Horán, privilegiando el incremento de camas en la Unidad de Choque y Trauma”. Sin embargo, en realidad, no se ve para cuándo quedará funcionando dicha cámara que el secretario de Salud, Eduardo Mendoza, pretendía regalar a la Marina, silenciosamente, hasta que los pillamos in fraganti.

De los 227 “compromisos” únicamente 154 han sido cumplidos, es decir, el 68 por ciento. Otros 30 compromisos reportan 30 por ciento de “avance” y un tanto más está por debajo del 50 por ciento.

La pregunta es si a Zapata Bello le alcanzará el tiempo para cumplir todos sus compromisos o si dejará la gubernatura antes, para ir de candidato por una senaduría, como algunos especulan.

“El mejor gobernador” quiere irse con ese título, pero para ello tendrá que concluir sus “compromisos” y claro, dejar una herencia duradera, por ejemplo, en el tema de la seguridad, piedra de toque del actual gobierno, respaldado por capitales locales, nacionales y trasnacionales.

Precisamente en el tema de la seguridad, apenas se anunció el incremento de sueldo a los policías yucatecos en 50 por ciento, medida necesaria desde cualquier punto de vista. Algunos se preguntan por qué se necesitaron cinco años para esta acción, incluso cuando al inicio de su mandato les quitó prestaciones que el gobierno de Ivonne Ortega les había dado.

Aquella decisión provocó una crisis desde el alto mando de la SSP por la inconformidad del comandante Saidén, quien inclusive anunció su renuncia, que al final no aceptó el gobernador, como se recordará.

Si se pretende que Yucatán tenga un cuerpo policiaco profesional, a la altura del reto de preservar la seguridad en un país en descomposición y con récord de homicidios en el estado el presente año, el aumento de sueldo es (y era) una conditio sine qua non.

Comparar los sueldos miserables que otros estados pagan a sus fuerzas del orden no es una buena idea. Deberíamos, en todo caso, mirar a las condiciones económicas, de prestaciones, de las policías profesionales en Europa y Estados Unidos.

Es un primer paso, dirá alguno, pero es evidente que estamos centenares de pasos atrás de la delincuencia, lo que ha permitido el actual estado de cosas, de violencia e impunidad que nos han convertido en un proyecto de nación fallido en materia de seguridad, precisamente.

Son varios los focos rojos en el estado. En la costa de Yucatán, a pesar de que algunos han querido reducir el tema a la inaceptable xenofobia y a la incapacidad de los alcaldes costeños, hay una descomposición relacionada con otros factores, como la existencia de una mafia dedicada a pescar ilegalmente pepino de mar, entre otras especies, y a introducir sustancias ilegales al territorio yucateco. El cambio climático, pero también “el modelo de desarrollo”, forman parte del caldo de cultivo de esa descomposición que se mostró enardecida en el empobrecido oriente del estado.

El combate a la corrupción que prometió el gobernador se ha quedado en un “compromiso” declarado el día de su toma de protesta, ya que dentro del gobierno hay elementos que han crecido en poder e influencia, convirtiéndose en factor de inseguridad que en el futuro pasará la factura. De ejemplo valga el caso del ácido vertido en calles recién repavimentadas en Mérida. No es un asunto menor, ni una colorida anécdota del verano político y pre electoral de Yucatán.

Es preocupante, muy grave, enterarse de que una persona murió en una cárcel municipal y luego se dijo que era un narcomenudista, falsamente, para eludir responsabilidades; o que detuvieron a un grupo de mujeres extranjeras en una fiesta en una comisaría de Mérida, con un operativo propio de una república bananera.

No se menosprecien estos casos. La corrupción institucional y la inseguridad que ha devorado al país son vasos comunicantes. Estamos ante la punta del iceberg en Yucatán, y el cambio climático, ya llegó a nuestras costas.

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