Celestún escupió al cielo

Violencia de antaño

Felipe Escalante Tió
Foto: Gerardo Jaso
La Jornada Maya

Martes 15 de agosto, 2017

El pasado fin de semana, la noticia parecía ser una más acerca de cómo se ha extendido por la costa yucateca el reclamo “¡que se vayan los fuereños!”. Esta vez fue en Celestún donde los pescadores cerraron el puerto de abrigo, reclamando por la llegada de personas no avecindadas en el municipio o de “champotoneros” para ocuparse en la pesquería del pulpo.

Ahora es precisamente en este puerto donde la mecha ya encendió y el domingo por la madrugada estalló la violencia. Esta vez fueron los pescadores de la vecina Isla Arena, perteneciente al municipio de Calkiní, Campeche, quienes a punta de pistola ahuyentaron a “piratas” celestunenses, dejando un muerto y un herido como saldo.

Celestún estaba llamado a ser el punto donde estallara la violencia, esta vez con las armas, con motivo de las invasiones a las zonas de pesca. No es la primera vez que ocurre un enfrentamiento entre ambas comunidades limítrofes a causa de una presunta invasión; tampoco Jovani Damián Martín Rosado, a sus 16 años, es el primer muerto que dejan estos choques. Cada cierto tiempo, casi ritualmente, hay algún conflicto en el cual unos decomisan lanchas, otros “toman” a pescadores.

Dejo a otro historiador el indagar desde cuándo vienen ocurriendo los enfrentamientos entre pescadores de Celestún e Isla Aguada. De mi parte, me atrevo a aventurar que vienen ya de lejos; por lo menos desde la creación de Campeche como estado, y en la raíz está tanto esta separación territorial como las banderías políticas. Como ejemplo, recomiendo a los curiosos ver un documento que se resguarda en la Biblioteca Yucatanense, disponible a través de la Biblioteca Virtual de Yucatán, titulado Expediente relativo a la captura de una flotilla de disidentes de Campeche.

El documento en cuestión es pequeño y apenas proporciona el dato del resultado de cómo las fuerzas intervencionistas capturaron ocho embarcaciones, una flotilla republicana, en enero de 1867, pero remite a cómo Yucatán y Campeche fueron enemigos durante el Segundo Imperio, pues mientras los yucatecos estaban felices con tener un emperador francés y algunos jóvenes de “las mejores familias” tomaron el puesto de los caballos del carruaje de la emperatriz Carlota durante la visita que ésta realizó a la península, los campechanos dieron cobijo a la resistencia republicana.

Pero volviendo a la actividad pesquera, se está haciendo obvio que los recursos ya no son suficientes para todos los que se dedican a ella, o al menos para los que están en la base de la pirámide económica de cada una de las pesquerías; es decir, para los pescadores. Las disputas que pueda haber con motivo de la denominación de origen del pulpo maya abonarán todavía más a la violencia.

Porque una mejora en la pesca no va a conseguirse cerrando a los “fuereños” el acceso a una oportunidad de trabajo, pero sí con una regulación completa de la actividad, que incluya desde lo que puede conservar para su consumo un pescador recreativo; fomentando una pesca deportiva responsable, en la cual se permita mantener un número limitado de ejemplares de una talla y peso específicos y devolver al mar las demás capturas, con vida; hasta establecer revisiones constantes de los permisos, tanto para quienes salen en las embarcaciones como para los empresarios. Las autoridades podrían efectuar también revisiones aleatorias en las congeladoras, en fin.

Este fin de semana, Celestún escupió al cielo al cerrarse a los “fuereños”, olvidando un extenso historial de invasiones. Es necesario actuar ya, antes de que seamos todos los yucatecos los que recibamos de vuelta el escupitajo.

[email protected]