Alito en la trampa

Panorama incierto

Felipe Escalante Tió
Foto: Fernando Eloy
La Jornada Maya

Martes 5 de septiembre, 2017

De aceptar la presidencia del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Revolucionario Institucional, Alejandro Moreno Cárdenas podría liquidar su carrera política en forma por demás prematura.

Alito saltaría de un escenario local que aparentemente lo asfixia, dadas las reacciones optimistas que indican incluso que los campechanos deben sentirse orgullosos de que el nombre de Moreno Cárdenas sea mencionado en la Ciudad de México, al océano de la política nacional. Sin embargo, su salida es una apuesta de la que puede resultar un gran fracaso para él en lo personal y para Campeche.

La situación en el estado, es cierto, es difícil por el desplome de los precios del barril de petróleo y la correspondiente desaparición de puestos de trabajo derivados de los contratos que Pemex mantenía con diversas empresas y permitían mover la economía local. Moreno Cárdenas ha gestionado exitosamente una más que respetable cantidad de recursos, recibidos, por supuesto, en los tiempos que dicta la Federación, lo que suele atrasar el arranque de las obras.

En dos años de gobierno, los trabajos han arrancado. No obstante, una cosa es comenzar a construir y otra, muy distinta, asegurar que las obras se llevarán a cabo. Sobre todo cuando se depende de la voluntad política.

El tercer año de gobierno iniciará este 16 de septiembre. El Artículo 65 de la Constitución estatal prevé que sea el Congreso el que designe un gobernador sustituto para terminar el período. Hasta aquí, legalmente, no hay mayor problema. Es en el juego de la percepción en donde el mandatario corre el mayor peligro.

De separarse del cargo, el mensaje a los campechanos es que a Moreno Cárdenas le interesa más figurar en un puesto cuya designación es responsabilidad del presidente Peña Nieto que el que ocupa actualmente, para el cual fue electo. La lectura posible que harían los campechanos es que, de un período de seis años, las dos terceras partes estará al frente del Ejecutivo una persona que no eligieron mediante su voto.

Cuatro años son muchos como para que cualquier persona convertida en autoridad no quiera desarrollar proyectos propios. Quien sustituya a Moreno Cárdenas, por más “amarrado” que esté, tenderá, por principio de cuentas, a destacar que su gobierno será diferente al de su predecesor. Contará para ello con la operación electoral en 2018, que podría dar como resultado la pérdida de más municipios para el PRI e incluso que en el Congreso se pierda la mayoría, no porque el sustituto sea falto de capacidad, sino porque querrá quitarse rápidamente la etiqueta de títere.

El escenario nacional tiene candela de otra leña. Enrique Ochoa Reza ha tenido tiempo suficiente para reconocer las fortalezas y liderazgos del PRI en el país. Los cálculos para el primer domingo de julio de 2018 ya están hechos, y el panorama para el tricolor es complicado, por decir lo menos, frente a la candidatura de Andrés Manuel López Obrador y la posibilidad de que surja un frente integrado por el PAN, PRD y otros partidos en busca de mantener su registro. De aceptar, Alito asume el riesgo de ser el capitán en la derrota.

Moreno Cárdenas tiene un espejo en el cual mirarse, aunque encontrará en él una figura femenina; la de Dulce María Sauri, quien pese a su reconocida capacidad, inteligencia y trayectoria, no ha vuelto a ocupar un cargo de elección dentro del PRI, luego de haberse perdido la Presidencia en el 2000. Cierto, está la senaduría que obtuvo ese mismo año, que a la distancia parece un premio de consolación por seis años.

Campeche, y su gobernador, dependen tal vez de un volado. Mientras, el trabajo de dos años puede irse por la borda y Campeche quedaría sumido en una crisis ya no sólo económica, sino también política.

Mérida, Yucatán