El Plan de Gobierno y su bla, bla, bla

Ayuntamiento tulumense, contradictorio y demente

Carlos Meade
Foto: Google Maps vía Alfre Vaz
La Jornada Maya

Viernes 8 de septiembre, 2017

El gobierno municipal de Tulum ha dado muestras inequívocas de autoritarismo y simulación democrática, combinación, como bien se sabe, muy recurrente en los gobiernos del PRI.

La simulación comenzó con unos foros de consulta pública en donde organizaciones y ciudadanos, de buena fe, hicimos aportaciones para la integración del Plan de Gobierno.

De manera puntual, algunos de los asistentes solicitamos participar en el proceso de incorporación de las propuestas al plan municipal y aunque se nos aseguró que seríamos convocados, esto no sucedió. En cambio, semanas más tarde, el Ayuntamiento nos invita, con todo cinismo, a la presentación del Plan de Gobierno.

Dicha presentación, más allá de los protocolos, fue un power point de 10 láminas que sólo contenía aspectos muy generales y no duró más de 10 minutos. Al final entregaron un cuadernillo donde esas ideas estaban un poco más desarrolladas.

En un análisis del texto mencionado encontramos un revoltijo de mentiras e incongruencias adosado con bonitas aspiraciones sustentadas en pura saliva.

En la presentación se asegura que el plan es producto de la planeación democrática, a través de un proceso de consulta: “…cumplir con la responsabilidad de conducir el proceso de desarrollo mediante la planeación democrática conlleva el compromiso de hacer de ella un sistema permanente de trabajo y, al mismo tiempo, mediante la creación de mecanismos de participación, abrir nuevos espacios a los grupos sociales para que intervengan en los asuntos públicos. Este propósito se ha incorporado como elemento esencial del proceso de planeación a fin de que la población en general participe y se involucre (sic) en el quehacer público y, en esa medida, se alcance la democratización de las decisiones.”

Sin embargo, estamos muy lejos de alcanzar la democratización de las decisiones. Un ejemplo ilustra el doble discurso que en realidad opera. Un grupo de organizaciones y ciudadanos hicimos una solicitud por escrito a la presidente municipal para integrar la comisión de ecología y desarrollo urbano. No obtuvimos respuesta en el término de 15 días que marca la ley. En un segundo oficio marcamos copia a la oficina local de derechos humanos, por ello obtuvimos una cita con el director de Ecología y Desarrollo Urbano, pero éste no llegó y nuestra reunión terminó en una plática con los subdirectores del área. El de Desarrollo Urbano no abrió la boca en la reunión y el de Ecología fue muy efusivo en sus expresiones, pero poco claro en dar respuesta a nuestra solicitud de integrar la comisión. Finalmente se acordó hacer una reunión de protocolo para integrar la comisión y poder comenzar con las mesas de trabajo.

La reunión protocolaria se llevó a cabo, pero allí se dijo que ahora se tendrían que integrar de manera formal los diferentes comités derivados de la comisión: agua, residuos sólidos, playas limpias, educación ambiental y tortugas marinas. Como esta forma de fragmentar la problemática implica pérdida de integralidad y dispersión de la energía humana, se sugirió que estos subcomités se sesionaran en un mismo espacio y lugar, ya que son casi las mismas personas y organizaciones las que participan en los diferentes comités.

Siguieron pasando las semanas y no se convocaba a la integración de los comités, pero de pronto, en un encuentro casual con el subdirector de ecología, se nos informa que ya han integrado algunos de estos comités. No nos supo decir cuáles, ni por qué fuimos excluidos, sobre todo considerando que surgió de nuestro interés y solicitud.

Esta es la forma en que este gobierno, que se dice cercano a la gente, trata a ciudadanos que muestran un genuino interés en aportar ideas, establecer compromisos y realizar acciones para contribuir al establecimiento de un modelo sostenible, lo que implica hacer más democrático el proceso de toma de decisiones.

No sólo es que la administración municipal cierre las vías de comunicación con sus gobernados, sino que presuma de estar abierta y ser receptiva de las demandas ciudadanas. Quizá se trate de una nueva modalidad del tradicional “atole con el dedo” o de un caso grave de esquizofrenia.

Lo peor es que todo indica que los funcionarios seguirán nadando de muertito, esperando pasen sin sobresaltos los últimos meses de este insustancial, demagógico, oscuro e inepto gobierno.

El documento del plan merece un análisis, pues es importante identificar en su discurso tramposo las mentiras, incongruencias y delirios en que se sustenta; así como resaltar la ausencia de propuestas serias que contribuyan a impulsar un modelo sostenible para Tulum. En otras entregas abordaremos con más detalle este infame documento.