Tiempo de la ciudadanía

La visión de Carlos Joaquín sobre un nuevo tipo de gobierno en contacto con la sociedad

Felipe Escalante Tió
Foto: Comunicación Quintana Roo
La Jornada Maya

Lunes 11 de septiembre, 2017

Todo estado posee, básicamente, tres elementos: territorio, población y gobierno. El gobernador de Quintana Roo, Carlos Joaquín González, marcó el sábado pasado su visión de la entidad y cómo ésta se recompone a partir del día de su elección, dando pie a una etapa caracterizada por el empoderamiento del ciudadano, el acotamiento del poder público y el fortalecimiento de la vida colectiva.

En la óptica del gobernador, desde junio de 2016, Quintana Roo se encuentra en el inicio de un cambio estructural y, en sus palabras, “es un nuevo momento fundacional en la vida de nuestro estado, tan relevante como cuando surgió como territorio o se erigió en entidad federativa”.

Hacer de la elección propia un hecho significativo para el estado suena, por demás, exagerado y fuera de toda proporción. Sin embargo, no es un despropósito. Carlos Joaquín dio en el clavo, pues tanto la formación del Territorio y la declaración de estado integrante de la nación mexicana fueron decisiones que, en última instancia, se tomaron en la Ciudad de México o por presión de algunos grupos de élite en la política quintanarroense. Es decir, fueron decisiones a nombre del pueblo, pero sin el pueblo.

Acierta también el gobernador cuando señala que fueron los quintanarroenses, en un acto de recuperación de la soberanía, quienes terminaron con “el bloque histórico del poder político absoluto, el de los gobernantes todopoderosos e impunes ante sus gobernados, el del parternalismo chantajista, el del individualismo irresponsable, social y ambiental”.

Y sí, esto obliga a un nuevo contrato social entre gobernantes y gobernados. Porque lo claro era el desastre de Quintana Roo, “de una magnitud insospechada”, según Carlos Joaquín.

Sin pretender justificarlo, el mandatario sabe dónde están los mayores problemas para su gobierno. En la afectación a todos los ámbitos de la vida pública, por efecto de casi una década de autoritarismo; en los servidores públicos desmoralizados, en la quiebra de las finanzas estatales; en las instituciones desmanteladas y tan débiles que son incapaces de cumplir sus funciones más básicas, y que por lo mismo son rechazadas por la ciudadanía, que ve en ellas nidos de corrupción en los que los servidores públicos del más alto nivel se enriquecen sin importarles el modo, ni las consecuencias, profundizando con ello los problemas del estado, la desigualdad y la exclusión social.

El tiempo del gobierno como el elemento de mayor peso en la tríada elemental del Estado ha quedado atrás, según Carlos Joaquín. Pero reconstruir, elaborar un nuevo pacto entre gobernantes y gobernados, llevará más tiempo. “Lo importante no es derribar estructuras, sino qué hacer con los pedazos”, solía decir una pensadora argentina.

Esa puede ser la mayor debilidad de Carlos Joaquín, por más que lo reconozca en el informe. A un año, pese a haber conseguido “logros importantes, pero insuficientes”, los quintanarroenses siguen esperando el gran liderazgo. Más que un nuevo cacique, la esperanza está en el gobernante que acompañe en la reconstrucción de la entidad. No se trata solamente del combate a la corrupción, generar mejores empleos y recuperar la tranquilidad. Se trata de tener al gobernador a la altura de las circunstancias.

La ciudadanía exige ahora su tiempo, y tras ejemplos que la han decepcionado, su paciencia tendrá un límite. Podrán ser avances paso a paso, pero se espera seguir caminando.

Mérida, Yucatán

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