Radiografía de los robos en casa habitación

“Campeche es el estado más seguro del país”

Kálmán Verebélyi
Foto: Especial
La Jornada Maya

Campeche
Martes 20 de febrero, 2018

Por la cantidad de veces que se repite se está convirtiendo en lema que “Campeche es el estado más seguro del país”. Podría precisarse esta aseveración desde un punto de vista geográfico: el primer cuadro de la ciudad de Campeche, el Centro Histórico probablemente sea la más segura del país. Las torretas de los carros de Seguridad Pública, las motos policíacas a cada tres-cinco minutos avisan de su arribo al parque, a lo largo de la calle 10 ofreciendo protección a los turistas, a los bebedores de la calle 59. Aun con tanta presencia de los elementos de seguridad podría haber persona que sienta inseguridad, pero éstas son de aquellos que hasta de su propia sombra se asustan.

Alejándonos de las murallas mientras más distancia recorramos hacia la periferia, la situación cambia drásticamente. En la colonia 20 de noviembre Lilia Vargas relató: “Aquí la seguridad no existe, los policías no vigilan. Antes hacían sus recorridos, pero ahora no se ve ninguna patrulla transitar por las noches”.

Hay muchas Lilias en Kanisté, en las Minas, en Morelos, en el Leovigildo, en Amplación Polvorín, en San Joaquín, en Miguel Hidalgo, en la Zaragoza que tiene la misma experiencia. En Kanisté los patrulleros para no ser agredidos pactan con las bandas, las pandillas. En San Joaquín, en el Polvorín, las pandillas y los bebedores son los dueños de las calles después de caer la noche, y ahí donde ni la luz del día es obstáculo.

La autoridad asegura que hay seguridad, mas la percepción ciudadana dista de ello. Patricia López de la colonia 20 noviembre, donde las calles desembocan en el monte asegura que “es peligroso salir de noche: no falta la persona que quiera asaltarte o robarte. La gente prefiere encerrarse en su casa, sentir la seguridad tras las rejas en las ventanas“.

Patricia se queja de que ni los taxistas quieren entrar en la colonia después de las 7-8 de la noche por el temor de ser asaltados. ”Nos hace mucha falta la intervención de los policías y que sean constantes sus recorridos”. En teoría, y conociendo las noticias de que la policía cada vez está más equipada, esta semana se les entregaron flamantes Harley Davidson, tienen carritos Renault eléctricos, patrullas de alto caballaje. Las hay nuevas y viejas, y éstas últimas que aparentan estar al cien, apenas están al 50. Ya es parte del paisaje citadino ver patrullas auxiliadas por grúas que las llevan para su reparación.

El Semáforo Delictivo de los municipios del Estado reveló que los delitos de mayor incidencia al cierre de este 2017 en Campeche, fueron: robo de vehículos, violación, lesiones, robo a casa y robo a negocios. Durante el 2017 se presentaron: 159 denuncias por robo de vehículos, 140 por violación, 113 por lesiones, 103 por robo casa-habitación, 98 por robo a negocios, 67 por homicidio, 22 por extorsión y 6 por secuestro.

Según los datos del Semáforo Delictivo, tan sólo en el pasado mes de diciembre se presentaron 14 denuncias ciudadanas por el delito de violación, 12 denuncias por robo a negocios, 11 por robo a casa, 9 por lesiones, 7 por robo de vehículos, 4 denuncias por extorsión, 4 denuncias por homicidio y 1 denuncia por secuestro.

Sin embargo, las cifras no cuadran con las de la Segob que da a conocer sus datos basados en los reportes de las fiscalías estatales. Según ésta, en diciembre de 2017 hubo 69 robos a casa habitación, 14 de ellas con violencia en el estado de Campeche. Mientras que durante los doce meses del año pasado se han suscitado cuatro robos con violencia a casa habitación, 49 a negocios, de un total de más de mil 900 robos entre los llamados comunes o contra alguna propiedad.

De los modus operandi más comunes, se ha encontrado que más del 80 por ciento de los robos a casa habitación son cometidos sin violencia, seguido del robo donde se escalan bardas para acceder al domicilio, en último lugar se registran los robos donde se fracturan muros para acceder a la vivienda.

Un mínimo de robos a casa habitación se comete con violencia, siendo el amago la forma de operar, en todos los casos los delincuentes previamente vigilan y registran las ausencias de sus moradores, estudiando la rutina de la familia.

Para la comisión de este delito los ladrones tienen tres factores en contra: el tiempo, el ruido y las precauciones que adopten la presunta víctima.

Los días preferidos para saquear las viviendas son preferentemente entre los martes, jueves y viernes, entre las 08:00 y las 20:00 horas. Las modalidades en el modus operandi del robo a casa-habitación sin violencia consiste en que los delincuentes eligen el hogar por delinquir, lo estudian, y cuando conocen las rutinas de los moradores actúan; usualmente llegan a la casa cuando los dueños no se encuentran en ella.

Los cacos estudian el comportamiento de la gente, se aseguran que no haya nadie, pero aun así tocan, y si no les abren, fuerzan la chapa para ingresar, y si no pueden abrirla, rompen un vidrio e ingresan por la ventana; en su defecto, saltan las bardas para luego ingresar y robar.

Los ladrones, las bandas, las pandillas tiene su código de ética, esto consta principalmente en no robar al vecino de la colonia. Hay movimiento constante de las bandas, se trasladan de un punto a otro. Una de las zonas más afectadas es el Barrio Santa Ana, que colinda con El Polvorín, con Leovigildo y las avenidas que rodean al barrio aseguran una escapada rápida y segura para los visitantes de los ajeno.

Campeche es el estado más seguro, dicen, sin embargo el índice promedio cometido por cada cien mil habitantes es de 29 que lo coloca en la media nacional.

Sabemos que la percepción de la seguridad es una cuestión subjetiva. Si te han robado, asaltado una vez, andas por las calles mirando hacia todos lados temiendo a otro asalto; si te vaciaron la casa, eres capaz de regresar de kilómetros para asegurarte de que has cerrado bien la puerta, que ninguna ventana quedó abierta.

La gente afectada, la gente que teme salir de noche, clama por un mayor presencia policíaca que puede resolver el problema, y no que hagan sus rondines con las luces de la torreta encendidas, como avisando a los cacos: “allá voy, escóndete”.