A Ghost Story o el arte de dejar ir

De principio a film

Rodrigo González
Foto: Especial
La Jornada Maya

Jueves 14 de junio, 2018

A veces no es tan fácil hablar de las películas. Como toda forma de arte, hay películas que se clavan profundamente en nosotros, aunque para otras personas pasen completamente desapercibidas. La subjetividad de la belleza de cada pieza cinematográfica suele basar su existencia en el cableado emocional de cada espectador y en el cúmulo de experiencias y lecturas que tenga cada quien en su bagaje. Y quizá por eso sea mejor hablar de las películas no en términos de que sean buenas o malas, si no desde el espacio donde emocionalmente son capaces de provocarnos algo.

A Ghost Story es una película que cautiva dese la primer secuencia. El director David Lowery logra juntar elementos que aunque son simples en su forma, la manera en que los hace trabajar permite la creación de un discurso complejo y una reflexión casi filosófica sobre la muerte, el desprendimiento, el tiempo y la pertenencia.

Estos recursos van moldeando una historia en extremo sencilla: C (Casey Affleck) un músico que se encuentra en una etapa de crisis con su pareja, M (Rooney Mara), sufre un accidente de auto y muere. Toma la decisión de quedarse en este plano a acompañar el duelo de su compañera y a través de este duelo deberá vivir el proceso de dejarla (y dejarse) ir.

Empecemos con la parte técnica: filmada en una relación de aspecto de pantalla de 4:3, este elemento nos remite a las películas filmadas en súper 8 mm, lo cual consigue inmediatamente que pensemos en lo que estamos viendo como en los recuerdos de alguien. Luego tenemos la simpleza en la composición de los cuadros, pocos elementos que enmarcan la acción en tomas que se mueven poco y cuando lo hacen, se mueven con el objetivo de ocultar para luego revelar. Sin abusar del corte, la duración de cada toma sobrepasa el estilo clásico del armado de escenas y las tomas estáticas de más de un minuto siempre están ahí por alguna razón, haciéndonos esperar que algo suceda, y así sucede.

Imposible negar las referencias de otro cine en la propuesta de Lowery, desde la personificación del fantasma de sábana blanca, en clara referencia a Spirited Away de Hayao Miyazaki hasta el monólogo de Will Oldham (Bonnie Prince Billy, el mismo) haciendo un guiño tarantinesco que quizá, puede resultar lo más forzado de la película.

Pero aún con esos bemoles, la construcción dramática de la pieza nos permite involucrarnos emocionalmente en la historia del fantasma. Tras su muerte, C decide regresar a su casa y se convierte en mudo testigo del duelo de M. La acompaña, y aunque trata de confortarla, poco a poco se da cuenta que el proceso del duelo y de la partida es un proceso solitario, individual. Un proceso que inicia en el profundo dolor del desprendimiento y que mezclado con el paso del tiempo va dando lugar a la aceptación y finalmente al inicio de nuevos ciclos.

Y entonces lo entiende. Morir es irse. Es desprenderse del recuerdo que guardamos de nosotros mismos en la vida de los demás. Es abrazar la oscuridad y el dolor de los demás como nuestro. El vacío amoroso. Estás ahí en la casa, pero la casa se queda ahí para dar paso a algo más. Y luego viene el regreso y el aferre. Y C vuelve a vivir los principios y los finales y los descalabros y es cuando entiende que su presencia en las cosas y las personas que han dejado de ser, es lo que no lo deja irse.

El círculo se cierra cuando justo en el momento en el cual le sucede a C en la cinta, también nosotros llegamos a contemplar nuestra propia fragilidad, la atemporalidad con la que pisamos este mundo, y nos damos cuenta que las personas y las cosas que habitamos y nos habitan pronto serán solo un recuerdo, un trazo a lápiz del pasado que nos ha hecho lo que somos. Y resulta imposible no preguntarse en ese momento ¿de cuántas personas que conocimos no somos ya más que un fantasma? ¿Apenas un recuerdo, un débil reflejo, el espectro de una cara que en otros momentos perteneció a alguien que no somos más, y que en otros días tuvo un rol completamente diferente al de una sombra?

Termina la película y nos quedamos con la idea de que valdría la pena entonces vivir de tal forma, que ese recuerdo en el vamos a convertirnos se vaya con las personas que amamos por mucho tiempo, aunque sólo nos hayamos amado durante un pequeño instante.

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