Candita Souza Escalante: maestra de vida

En favor de la justicia social y la educación

José Luis Domínguez Castro
Foto: Especial
La Jornada Maya

Miércoles 20 de junio, 2018

Durante los últimos tres años acudí a visitar con cierta frecuencia a la maestra Candita a su casa, con el fin de escuchar sus historias y recuerdos relacionados con su paso por la Universidad, cuando fue secretaria de Eduardo Urzaiz Rodríguez, antes de que éste falleciera en 1955 y después de haber sido secretaria de su tío Narciso Souza Novelo.

A sus 92 años, cada gesto, cada anécdota narrada, cada olvido de un dato o cada pausa en la plática, se convertían en fuente de reflexión y en oportunidad de aprender algo nuevo de ella. La elegancia con la que se expresaba de los demás y la moderación de su discurso, hacían que su crítica fuera discreta y aguda a la vez. Sus historias, cargadas de recuerdos, no opacaban la claridad didáctica del mensaje en el que comunicaba algo más que hechos, nombres y fechas.

La maestra Candelaria Souza de Fernández fue realmente una maestra de vida. Así lo atestiguan los miles de alumnos y amigos cercanos a ella que a lo largo de sus vidas recibieron una clase, un consejo, una discreta llamada de atención o un jalón de orejas. ¿A cuánta gente ayudó y enseñó? Nunca podremos saberlo, sin embargo, ciertas señales nos hablan de lo que propios y extraños la querían. Recuerdo, por ejemplo, hace 15 años, en ocasión de la presentación de su libro La Educación de los Mayas, editado por la UADY, la capacidad del auditorio Manuel Cepeda Peraza quedó rebasada. Confieso que, pese a haber trabajado por muchos años en el edificio central, nunca había visto tal capacidad de convocatoria, ni volvería a ver tales muestras de respeto, afecto y gratitud, como las que vi aquella memorable noche de 2002.

Candita era una gran conversadora, y este arte siempre lo sabía aderezar con una enseñanza de vida o con algún mensaje de esperanza. Lo mismo cuando me hablaba del doctor Urzaiz o de don Luis Peniche Vallado, sus dos grandes maestros a quienes estaba muy agradecida, por lo que aprendió con ellos trabajando en la universidad, que cuando me contaba anécdotas de la ejemplar vida de su tío el doctor Narciso Souza Novelo, con quien también trabajó en su consultorio y a quien recordaba con especial afecto.

Cuando evocaba las historias vividas en la universidad de la década de 1950, junto a la licenciada Antonia Totó Jiménez, la recordaba con mucha gracia como alguien que “ganaba bien y no gastaba mucho”, razón por la cual podía ir a las giras del rector y del secretario en sus viajes relacionados con la institución, como aquel en el que asistieron a la asamblea constitutiva de la ANUIES en Sonora. La bachiller Souza recordaba que fue contratada como “escribiente” en la máxima casa de estudios, función que desempañaba con orgullo,sin embargo, la mencionada pasante Jiménez le hizo ver que, dado que sus funciones eran de secretaria, podría contestar el teléfono de la rectoría como la “secretaria particular” del rector. Y así fue como lo hizo, siguiendo este consejo y habiendo antes consultado con la autoridad. De esta manera, recordaba que podía distinguirse de quien realmente era el secretario (hoy sería Secretario General) de la Universidad: Luis Peniche. Con ellos, formó un armónico y funcional equipo de trabajo hasta que las intrigas y ambiciones que siempre surgen en las instituciones hicieron que se le pidiera a este último su renuncia. Candita recordaba estas historias como si hubieran sucedido el día anterior y las narraba con cierta tristeza y comprensiva indulgencia a la vez.

La maestra Candita fue directora de la escuela secundaria Agustín Vadillo Cicero, donde su equipo de profesoras y profesores supo ser solidario con ella en su atinada labor educativa, lo que le daría por muchos años, buena fama y prestigio académico años a la mencionada institución. Lo mismo sucedió cuando pasó por la Escuela Normal, o cuando creó una de sus últimas aventuras pedagógicas: la guardería “La Arcadia”, en donde la educadora Souza viuda de Fernández integró sus experiencias como madre de familia y abuela, imprimiéndole siempre su sello particular.

Cabe mencionar que tuvo bajo su responsabilidad la redacción del capítulo de la Historia de la Educación, escrita por encargo expreso, para la Enciclopedia Yucatanense a mediados de la década de 1940, y que sigue siendo referencia obligada para los investigadores del tema. Por eso, no fue extraño para la investigadora Souza que el tema de la educación entre los mayas fuera un reto y una tarea pendiente que supo cumplir en tiempo y forma. Otras investigaciones referidas a historias de escritores y maestras como aquella de la vida de José Inés Novelo, de la que me contaba sus hallazgos con especial emoción; e innumerables trabajos presentados en congresos y reuniones docentes, algunos de los cuales fueron convertidos en artículos de revistas, integran la herencia cultural que la maestra Candita nos ha legado. Recuerdo aquel artículo que me obsequió para la Revista de la Universidad de Yucatán: “Las lecciones de mis maestros” (2016).

Hace apenas dos meses que conversé por última vez con ella y le agradecí su testimonio escrito sobre su tío Narciso Souza, que aparece en el Fascículo No.2 de la serie Pilares de la Ciencia en Yucatán. Ayer acudí puntual para despedirme de ella y para acompañar a sus hijos Jorge y Lili, y a sus nietos, dignos herederos y continuadores de la misión cumplida por Candita en favor de la justicia social y la educación. Esperamos que pronto algún investigador educativo recopile todos sus escritos y registre sus enseñanzas. ¡Gracias por sus lecciones de vida, maestra Candita!

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