Te recuerdan con alegría, Abuelo Pilo

Hoy estarías cumpliendo un centenario

Felipe Escalante Tió
Foto: Archivo familiar Felipe Escalante Tío
La Jornada Maya

Jueves 11 de octubre, 2018

Te recordamos con alegría. Tendría que ser así, porque así viviste y eso sembraste. No importaba a dónde fueras, siempre dejabas tras de ti una estela de sonrisas. Tu vida fue dura desde el inicio, como el menor de una de esas familias con tantos hijos, mis tíos abuelos, de los que no alcancé a conocer a todos.

Hoy caigo en cuenta que te llamaban de tantas formas: Don Pilito, Don Felipe, El Químico, El Licenciado, Maestro, y para tus tres nietos siempre fuiste Abuelo Pilo. Y sabemos que nos tocó recibir mucho de lo que en vida quisiste darle a mi papá y a mi tía Hilda, porque mientras ellos crecían tú llevabas una doble y hasta triple jornada laboral, de la que te retiraste al cumplir 80 años. Hoy estarías cumpliendo un centenario.

Nos tocó conocerte ya en una casa de tu propiedad, la de la colonia Yucatán, de la que tú y Chichí Rita fueron fundadores, y mientras pasaron casi 20 años en domicilios rentados. Nos tocó verte cosechar mucho tiempo de esfuerzo, uno que te dejó el aprecio de muchos y el cariño de la pequeña familia de la que fuiste raíz; ese fue tu mayor tesoro.

Y vaya que formaste ese tesoro con esfuerzo. Estudiando en los libros de la Biblioteca Cepeda Peraza, y pidiendo prestados el saco o la corbata para tomar clases en la Universidad, donde un profesor alguna vez te dijo después de exponer “muy bien, Escalante, pero sálgase y vuelva cuando vista decentemente. La Universidad no es para carretoneros”, y todo porque entraste al aula con una guayabera.

Hoy miro tus fotografías y los libros que escribiste. Sin preguntar, sé que hay una generación menor a la mía que los está leyendo para aprender de periodismo. Alguna vez, cuando di clases en secundaria, hice que mis alumnos leyeran aquel capítulo de “El baile de la tomatera” que primero leí en el periódico y después hallé en Emociones del recuerdo; te habría dado gusto tanta risa, más si tomas en cuenta que estos chicos no conocerán los salones de baile y quieren evitar ir a las salas de fiestas y ya no digas “La Pastilla”. Hoy saben que en el antro se mezclan entre iguales, aunque haya algunos establecimientos que se dicen incluyentes.

Tal vez no te lo dije, pero tu faceta de escritor me parecía admirable. Sí, tuve una racha en la que me decepcioné porque quise encontrar una novela maravillosa en La tragedia de Isabel o El silencio de Teresa, y en lugar de ello las páginas me presentaban esas vivencias que ya me habías contado antes. Entonces no supe entender ese privilegio que me concedías. Hoy guardo todos tus libros, hasta el original de aquella Rutas de triunfo por el que don José Esquivel Pren te metió a su Historia de la literatura en Yucatán, cuando más que literato eras periodista.

Y hablando de ti como periodista, me emociona recordar cuando, con tu pase del periódico, me llevabas a la caseta de prensa y radio del parque Kukulcán. Tendría por entonces 11 o 12 años, y me entristece no por recordarte; sino porque me diste la oportunidad de estar cerca de una generación de cronistas fascinante, pero en realidad era a ti a quien ellos consideraban grande. Yo me sentía el más bobo del mundo cuando Jorge El Primo Abraham o don Jorge Blanco Martínez, George White, me preguntaban quién era el nieto de Juan Brea, y yo decía no saber. Digo, ni tú conocías a Jhonny. Por cierto, ¿cómo habría sido tu relación con él? Tengo la duda de si aprobarías su comportamiento licencioso y su autoproclamación de paladín del macho omega.

También tengo dudas de qué exquisitez habría cocinado Chichí para este día. Eras bastante restringido en tus gustos culinarios, y hasta ritual. No podía haber un 30 de diciembre sin bacalao a la vizcaína, por ejemplo; ni reunión de universitarios sin pollo en china.

Por ti sé que ando a hombros de gigantes, no sólo porque fue en tu casa donde bebí alguna de mis primeras cervezas -aquella Brisa en bote -a una edad tan tierna que en Estados Unidos te habrían enviado a la cárcel sin preguntar, sino porque en un momento de crisis personal conté con tu guía, y finalmente mi elección de carrera y trayectoria tienen su origen en una plática en la que tú supiste ver entre los enredos que me estaba haciendo, y puedo decir que hasta ahora ha salido bien; especialmente en lo que se refiere a satisfacción personal.

Hoy puedo decir que ser tu nieto, ser parte de esa pequeña familia, ha sido motivo para mucho orgullo, porque hasta el más humilde de los discípulos tuyos que he conocido te recuerda con alegría; y mira que las personas que he encontrado a personas que estuvieron contigo en Salubridad o el Instituto Tecnológico de Mérida, en el periódico, o cruzaron por tu camino durante tu extendida vida laboral en la UADY. Todos ellos, sacando pecho, siempre dicen “fue mi maestro”, al saber de nuestro parentesco.

Ya brindaremos a tu salud, buen hombre, el fin de semana. Hoy por lo pronto, tus bisnietos quieren escuchar cómo era Santiago en tu tiempo, o tal vez emprendan un imaginario viaje a Tihosuco para estar en una brigada de sanidad, o no sé. Cri Crí decía que a los niños, en estos tiempos, los mismos cuentos les gusta oír.

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