Mi vida fiscalizada

Ocupaciones impropias

Jhonny Brea
Foto: Rodrigo Díaz Guzmán
La Jornada Maya

Lunes 21 de enero, 2019

“Ni creas que te salvas este año. Mira la báscula. Debería darte vergüenza que sólo bajaste dos kilos en todo el año; ahorita coges tus tenis y te estás yendo al gimnasio. Voy a estar muy pendiente de ti y de que cuides tu salud”, me advirtió La Xtabay el fin de semana. Mientras uno andaba orgulloso de por lo menos haberme quitado un par de kilos.

Como podrán imaginar, la disposición del Alto Mando ya tuvo efectos: mi hermoso cuerpecito de macho omega grasa en pecho, espalda peluda, nalga cóncava, abdomen de lavadora y bebedor de cerveza light presenta dolor en varios puntos, comenzando por todas las articulaciones. Ni crean que es porque están anticipando que viene el norte.

Nomás llegué al gym y ya estaba ahí La Musculoesquelética esperándome, con las instrucciones que le mandó La Xtabay. Cuando terminé los 30 minutos de HIIT en la máquina elíptica ya no sabía si lo primero que se iba a salir de mi cuerpo iba a ser mi alma o el bazo.

Sobra decir que mi rutina está siendo fiscalizada. La Musculoesquelética y mi adorado tormento (y que conste que no son la misma; la primera es nada más verdugo) están en comunicación constante, así que cuando regreso a la casa ya se sabe cuántas calorías quemé y en consecuencia hay vigilancia sobre lo que tengo derecho a comer, así que como comprenderán, me la he pasado preparando ensaladas y aderezos light. Ya saben, las labores propias de mi sexo.

Para colmo, hasta La Cutusa se puso en mi contra. Imagínense: fuimos a ver Aquaman y mi propia hija me salió con que “ahora que estás yendo al gimnasio, papá, déjate crecer el pelo; te vas a parecer a Jason Momoa”. No cabe duda que tiene mucha fe en mí, pero esa presión ya es demasiado; sobre todo cuando la aplica mientras uno tiene que aguantarse la tentación de las palomitas y los nachos. Con esos comentarios lo único que logra es poner en evidencia mi frágil masculinidad.

Ya no sé si es presión y porras, o estímulo negativo con sicología inversa, o la rutina del policía bueno y el policía malo que me están aplicando, pero simplemente hay cosas que tienen un límite. A fin de cuentas, por mera biología ya estoy en la andropausia y no tengo la menor intención de seguir una terapia de remplazo de testosterona; y estoy seguro que tampoco voy a encontrar médico que me la recete. Hasta el momento, mi organismo no va tan mal. Lo que sí, es que ya tengo delirio de que alguien me está observando o que mi teléfono va a sonar de un momento a otro. Es casi como si tuviera un pago atrasado con el banco o si fuera notario que haya escriturado alguna compraventa de casa o terreno.

Pero mientras así estoy: fiscalizado por tres mujeres que en teoría sólo quieren que saque lo mejor de mí. Lo que realmente necesito es el apoyo de los amigos, que me lleven al Centro de Atención Naturista y Terapia Integral a la Neurosis Ansiosa (Cantina, por sus siglas en inglés, como dirían en la UADY). Espero que a ellos no les esté yendo igual.

Y nos vemos la próxima, porque si no actualizo el MyFitnessPal que le instaló La Xtabay a mi teléfono, ni cena voy a tener.

Macho omega que se respeta

La de Badabún es puro montaje. ¿A poco creen que me van a encontrar material autoincriminante si mi teléfono está controlado a distancia?

Mérida, Yucatán
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