¡Bajan!

Mérida 233*

La Jornada Maya
Foto: Rodrigo Díaz Guzmán

Lunes 11 de febrero, 2019

En el transporte bajan y suben pasajeros, suben y bajan gobiernos. En el ánimo de la gente suben y bajan programas, suben y bajan choferes y empresas, pero los precios, las tarifas, esos jamás bajaban.

Jamás bajaban los precios de los boletos hasta que hace unos días el gobierno, Mauricio Vila, se decidió -en un anuncio radical en su contundencia- a ponerse del lado de los ciudadanos antes que traficar o dejarse chantajear por fuerzas o factores políticos.

Hasta ahora, cada mes se entregaban, medio en lo oscurito y a puerta cerrada, 16 millones de pesos en subsidio a los transportistas. Seamos claros, era un subsidio a los transportistas, no al transporte.

Un subsidio calculado según el número de autobuses o concesiones, pero nunca vinculado con el servicio que realmente daban a la gente. A partir del 16 de febrero esos 16 millones ya no se entregarán en salas de junta o en oficinas de gobierno, al contrario, se harán visibles cada vez que un estudiante, un trabajador o una familia se suba a un autobús y pague 50 centavos menos.

Si eres fifí (ese adjetivo tan manoseado) claro que 50 centavos no te van a saber a nada, pero para las familias trabajadoras y esforzadas esos 50 centavos por viaje es bastante dinero. En promedio, un trabajador que usa el transporte público toma dos camiones diarios para llegar a su chamba, y dos más para regresar. Eso se convierte en dos pesos de ahorro diario.

Si esos dos pesos diarios los multiplicamos por 24 días de trabajo que tiene el mes, se vuelven 48 pesos; si pensamos que su esposa también trabaja son otros 48 pesos; si los hijos también lo usan para ir a la escuela; si uno sale los fines de semana, esos 50 centavos (de monedita en monedita) se pueden convertir en un ahorro hasta de 200 pesos mensuales por familia.

Esos 200 pesos equivalen a que una familia que usa el transporte público, gracias a la nueva tarifa 50 centavos más barata, estuviese recibiendo 27 viajes gratis cada mes. Cuando uno vive con un presupuesto ajustado, haciendo sacrificios y construyendo el patrimonio como se puede, rascando aquí y allá, tener un subsidio que te puede ahorrar un equivalente al costo de 27 viajes al mes, hace mucha diferencia.


Calidad del servicio

Así que, por primera vez, cuando uno dice “baaaajan” en el camión para pedir que la unidad pare, vamos a poder decir que también bajan las tarifas. Y claro, no faltará el que diga que el tema no son las tarifas, que es también la calidad del servicio.

Ante esa legítima crítica uno puede decir dos cosas. Primero, un gran determinante de la calidad del servicio es el valor que uno recibe por su dinero, así que una tarifa más barata mejora el balance servicio-precio; segundo, para poder reclamar el subsidio, los transportistas tendrán que invertir en mejor tecnología. Esa tecnología va a dar mucha información para conocer qué empresa trabaja mejor, qué ruta se usa más y poder modernizar y dignificar el sistema de transporte en Mérida y, eventualmente, en todo Yucatán.

El reto es enorme y muchos han fallado antes en el intento, pero lo cierto es que Mauricio Vila y su equipo de trabajo ya saltaron al agua, habrá que verlos cómo nadan esa turbulentas aguas de diésel, aceite, humo negro y llantas lisas. Hay que darles, por lo menos, el beneficio de la duda.

Y aquí nos bajamos de esta columna, pensando en qué nos vamos a gastar esos 200 pesos más que ahora nos vamos a ahorrar al mes. Nos los gastaremos en un libro “doblado” a la Paco Taibo, en una ida al cine para ver Roma, en una vueltita a Progreso, o los ahorramos para cualquier imprevisto en el año que recién comienza, ya veremos, mientras tanto: ¡Baaajan!

*El papel arde a los 233 grados centígrados, tal como lo hace en la inmortal novela de Ray Bradbury, Fahrenheit 451.

Mérida, Yucatán
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