Recorrido por una playa que desaparece

En varios puntos, las olas incluso ya golpean las casas de la costa, dejando heridas en sus fachadas

Abraham Bote
Foto: Enrique Osorno
La Jornada Maya

Mérida, Yucatán
Viernes 17 de mayo, 2019

Son alrededor de las 10 de la mañana y don Filiberto Barbosa González, de 74 años, se encuentra pescando a la orilla de la playa. Pareciera que los rayos del sol no le afectan, se siente protegido con sólo una gorra gris, la playera de un partido político y unos pantalones color café. Deja un momento su cordel para responder: “Sí, están desapareciendo las playas”, frase que dice con tristeza, pero con cierta resignación.

Lejos quedaron esos años cuando era joven y jugaba con sus amigos en los “cerros” de arena que había, de donde se lanzaban una y otra vez sin descanso hasta la orilla del mar. Ahora esa imagen sólo es un recuerdo, pero que poco a poco se apaga. Ya no existe más, el mar poco a poco acaba con lo que queda de playa.

Durante un recorrido, él pudo comprobar lo que indican los investigadores y expertos: la erosión en la playa es palpable; el mar se “come” lo poco que queda de playa. En la caminata por una parte de la costa, entre Progreso y Chicxulub Puerto, observamos diversas estructuras colocadas de manera irregular para intentar contener esta situación; desde llantas viejas, sacos de arena, espolones, pero nada parece funcionar, nada detiene el paso natural del agua.

En varios puntos, las olas incluso ya golpean las casas de la costa, dejando heridas en sus fachadas. El mar alcanza hasta las escaleras de una propiedad, una escalera que un día condujo hacia la arena, ahora lo hace hacia el mar.

Las acciones irresponsables y desmedidas del hombre son visibles, pues se construye en medio de lo poco de playa que hay, desde escaleras o una especie de puentes que conducen al mar, en medio de la arena.

“El mar se va comiendo la playa, va entrando poco a poco, antes sí había demasiada ahora ya no”, expresa Filiberto mientras se sacude el sudor de la frente con su gorra.

Para el pescador, “los tiempos malos” influyen pues se comen la arena, pero también las acciones de los hombres pues construyen muchas cosas en la arena, indica el señor que se encuentra pescando unos jurelitos. A su lado tiene una cubeta con un par que ha atrapado esta mañana.

“Yo soy nato de aquí”, dice con orgullo, desde los nueve años empezó a pescar y en ese tiempo eran “cerros, cerros altos de arena, hasta me tiraba desde arriba para caer así en la orilla”, sin embargo, explicó que “ya se acabó todo, se terminó, así como se está acabando la especie”, afirmó con resignación.

Es lamentable esta situación para su trabajo, ya que indica que ahora al no haber playa no tiene dónde dejar sus lanchas, sobre todo cuando pegan los “malos tiempos”, ciclones, nortes. No hay dónde resguardar sus embarcaciones, ya no hay playa y sólo hay casas, por lo que varias lanchas se han roto o desaparecido.

Carmen Ojeda Chan, quien espera a su esposo bajo la sombra de su paraguas, expresa que antes había más playa y ahora ya casi no hay.

Los vecinos de las costas ven con paciencia cómo lo que antes fue abundante playa se evapora frente a sus ojos, y por otro lado tienen que lidiar con restaurantes y hoteles para poder compartir lo que queda, pues se sienten dueños de la zona. Algunos ciudadanos indican que en varios lugares de la costa los dueños de negocios colocan sillas y mesas, y si algún local quiere sentarse para tomar el sol y bañarse es retirado de inmediato pues sólo es para los turistas, les indican.

“Nos estamos quedando sin playas”, expresa Filiberto y es grito que se escucha y se desvanece entre las olas del mar.