Pasado por lluvia

Ocupaciones impropias

Jhonny Brea
Foto: Rodrigo Díaz Guzmán
La Jornada Maya

Viernes 14 de junio, 2019

Pues pian pianito ya estamos saliendo de los calores para entrar en las lluvias. Todo estaría fantástico si nada más nos fijáramos en cómo la vegetación pasa de un color café reseco a un verde brillante, pero como estamos entre cemento, todo se vuelve preocupaciones. Ni siquiera hemos tenido una tormenta de esas que en una hora ya le bajaron 15 grados a la temperatura ambiental, y ya se inundó mi cocina, el tinglado de mi lavadero ya hizo agua y deja caer una cascada –siquiera sobre la batea y no sobre la lavadora –y salir de la casa es equivalente a pasar un momento de angustia nada más de ver el nublado: Uno empieza a hacer cálculos mentales acerca de la velocidad a la que necesita ir para ganarle a la lluvia y descolgar la ropa.

Como bien saben, contra la lluvia no hay defensa. Si le cae a tu ropa tendida ya estuvo que tienes que volver a lavar porque se queda oliendo feo. Esto obliga a cambiar la dinámica. Si en abril y mayo el sol seca tu lavado más rápido de lo que sale la siguiente tanda de la lavadora, una vez que empiezan las lluvias ya es necesario meter tiempos en otros días para aprovechar las pocas horas secas que tenemos. Todo es cuestión de organización. Yo ya puse canasto de ropa blanca, otro para la de color, uno más para lo que sea mezclilla y aparte junto toallas y sábanas para ir programando la tanda de lavado. Ya saben, las labores propias de mi sexo.

Lo malo es cuando la lluvia cae mientras uno está en traslado. El otro día pasé a buscar a los rapaces a la escuela, el agua cayó antes de la hora de la salida y para cuando llegué los dos ya estaban más mojados que un pich. Como además, un buen macho omega grasa en pecho, espalda peluda, nalga de cebolla, abdomen de lavadora y bebedor de cerveza light, no acostumbra tener toallas en la cajuela del auto, ahora tengo un asiento trasero que ya huele a cuxum.

Obviamente, cuando llegamos a casa, La Xtabay nos lanzó la mirada 216 del catálogo colección sexenal Gutiérrez Müller, la que parece que le está diciendo a uno “espérate a que estés adentro”. Por supuesto, rápidamente puse la ropa de los engendros en la batea y preparé mi jabón mientras hervía el cubo de agua. Rápido salió el lodo, nada más que los bandidos no se quitaron los calcetines y los dejaron el en baño, por lo que en esas prendas se desarrolló el aspergillius y el Alto Mando ordenó que este fin de semana hay que ir a comprarles un par de paquetes a cada uno, porque los nenés están en desarrollo y está creciendo su pies. Obviamente, me toca pagar.

-¿Y no me toca algo por el día del padre? –me atreví a preguntar.

"¡Claro que sí, corazón! ¡Llévanos a cenar a donde quieras!", fue la respuesta.

Ni hablar. Un día de estos encontraré el pretexto perfecto para mudarnos a Campeche, porque con eso de que ahí sí se mueve la economía por el Día del Padre, podría ocurrir algo. Aunque mi dinero se lo queden los campechanos.

Macho omega que se respeta

Las lluvias son para ejercitar la paciencia. Caen cuando uno está saliendo del trabajo, cuando acaba uno de lavar la ropa o el coche, y además hay accidentes en cualquier lugar. Preferible llegar tarde, y mojado, pero llegar con vida.

Mérida, Yucatán
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