El fracaso electoral

En QRoo, el pasado 2 de junio, sólo votaron poco más del 20 por ciento del total de personas inscritas

Jesús Hdnz. Martínez
Foto: Jesús Cámara
La Jornada Maya

Martes 2 de julio, 2019

Ya pasó un mes de los comicios en Quintana Roo (y en otros puntos del país), pero a las autoridades electorales de la entidad y las demás que participaron en esas actividades, y a la “multitud” de candidatos a diputados, seguramente les queda aún el mal sabor de boca por la indiferencia que mostró la población ante el llamado a sufragar. Analizada objetivamente esa situación, resultó un fracaso.

Como lo dieron a conocer oportunamente los medios de comunicación, entre ellos La Jornada Maya, en Quintana Roo sólo salió a votar el pasado 2 de junio, poco más del 20 por ciento del total de personas inscritas en las listas nominales lo que, en opinión de muchos, fue una “inteligente” respuesta de la población al poco trabajo de la XV Legislatura.

No se vivió un “intenso clima electoral”, como dicen los seguidores de las actividades electorales, las campañas fueron opacas, casi imperceptibles para la población lo cual, de alguna manera, “es natural” cuando se trata de elegir solo diputados; sin embargo, también era común en pláticas informales que muy pocos querían sufragar pues los integrantes de la XV legislatura poco han hecho por el bienestar social, como lo prometieron, y varios de ellos intentaban repetir sin lograrlo.

Pero sí resultaron costosas las recientes elecciones en la entidad: se destinaron 327.5 millones de pesos para que acudieran a votar un millón 247 mil 995 personas pero de éstas solo votó el 22 por ciento, uno de los índices más bajos del país, o de las entidades en que esa misma fecha hubo elecciones.

De acuerdo con las propias autoridades electorales, el abstencionismo del 2 de junio fue más notable en Quintana Roo que en las otras entidades donde también hubo comicios.

En Quintana Roo, según el INE, cada voto costó mil 185 pesos en lugar de los 262 pesos que hubiera costado si hubiera votado la totalidad de los inscritos en las listas nominales aunque esto último es ilusorio.

Como consecuencia de lo anterior, en total en todos los seis estados en las recientes elecciones, el costo de los cotos se elevó en promedio 200 por ciento por la baja participación de los votantes respecto a las estimaciones iniciales. Los datos, en general, los avaló la Consultoría Integralia.

Otra consecuencia obvia fue que “una gran cantidad de las boletas impresas”, según las autoridades electorales, se desperdiciaron a las que se les sumó el material ocupado para instalar las casillas. Incluso se desaprovecho la voluntad y participación de los funcionarios de casillas.

De Quintana Roo se han escrito mucho sobre la fenomenología de la indiferencia de los votantes hacia las elecciones. Se dice que la población vive bien o lucha por vivir bien y ha dejado de creer en los ofrecimientos de los políticos que nunca o casi nunca se concretan.

Una excepción es el municipio de José María Morelos, colindante con Yucatán donde, en algunas elecciones la participación ha superado el 70 por ciento de las listas nominales. La mayor indiferencia para acudir a las urnas el día de los comicios se registra en los municipios de mayor dinamismo turístico.

Sea como sea, los datos quedan para la historia pero, principalmente, para quienes incursionan en la política y saben poco de ella. De paso la población debiera hacer conciencia de que los comicios son la mejor manera de contar con las mejores personas para los cargos de elección popular. A fin de cuentas, ese es el objetivo de la tan ansiada democracia que aún no puede aterrizar del todo en nuestra región.

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