Es la economía (y la justicia social), estúpido. 2/2

En la casa yo misma siembro muchas de las cosas que comemos, relata doña María

Francisco J. Rosado May
Foto: Fernando Eloy
La Jornada Maya

Martes 2 de julio, 2019

Despierto entre las cuatro y cuatro y media de la noche durante la época de la milpa. Si no tuve tiempo de ir al molino la tarde del día anterior, me pongo a moler el nixtamal para hacer masa. Antes ya había puesto leña en el fogón para prender la candela y calentar el comal.

Al terminar de moler el nixtamal, pongo la masa en una palangana y me siento en mi banquita, para empezar a hacer tortillas en la mesita que está como a 40 centímetros del suelo. Como ya tengo algunos años, mi rodilla me duele un poco cuando me levanto. Así preparo las tortillas y gorditas para que coma mi esposo antes de irse a la parcela. También hago el pozole y el sabucán con agua, chile, algo de comida y tortillas. Mi esposo me dice un día antes si solo va un día a la parcela o si se queda ahí unos días, entonces preparo todo lo que necesita llevar para pasar esos dos o tres días ahí.

Mi esposo desayuna y sale para la milpa como a las cinco y media de la mañana. Trata de llegar cuando apenas está alumbrando la claridad del día para aprovechar la mañana, porque alrededor de las once del día el calor y el sol ya aprietan demasiado. La parcela está como a 30 minutos en bicicleta.

Cuando se va mi esposo sigo moliendo nixtamal y preparo tortillas para que coman mis hijos que van a la escuela. Les preparo frijoles, huevos, algunas verduras que coseché el día anterior o lo que haya quedado de comida, ya están grandes. A veces mi hija despierta temprano también me ayuda, pero solo cuando no hizo tarea de noche y se acostó temprano a dormir.

Después que van a la escuela yo me dedico a atender los animales, darles su agua y de comer. Si es necesario cuido mis plantas, a veces riego en la mañana o en la tarde. Si requiero lavar ropa, lavo. Si preciso barrer el patio, barro.

Me doy tiempo para seguir urdiendo una hamaca que pienso vender. Todos nosotros dormimos en hamacas que yo hice, trato de que sean buenas hamacas. Cada una nos tarda como 15 o 20 años. También hago bordados y tejidos que vendo cada vez que puedo.

También vendo flores, plantas medicinales como albahaca, ruda, frutas, animales cuando hay y granos que produce mi esposo. Cuando eran pequeños mis hijos salían a vender esas cosas que yo hacía, pero ahora que van a la escuela y les dan mucha tarea ya casi no hay tiempo para que me ayuden.

Lo que gano en la venta nos ayuda para comprar cosas que ellos necesitan en la escuela. Sin embargo, cada vez que necesitan hacer tarea usando lo que se conoce como internet, tenemos problemas porque en el pueblo no hay buena señal.

Las escuelas piden que hagan inscripciones en internet, pero no hay buen servicio. Tenemos que juntar dinero para que vayan a otro pueblo para hacer su tarea o inscribirse.

Por la tarde voy a buscar maíz donde lo guardamos. Mi esposo ya tiene separado las mazorcas y otros granos para que sirvan como semillas, lo demás lo usamos para la comida diaria o para un poco de venta.

Saco las mazorcas y el frijol, desgrano el maíz y preparo mi nixtamal, una cubeta como de ocho kilos porque el maíz se infla en el agua. El nixtamal es preparado, primero cociendo el maíz en agua con un puño de cal. Tiene que hervir a fuego lento por unos 20 minutos y al despellejarse hay que sacar la cubeta de la candela. No hay que hervirlo por mucho tiempo porque es necesario para masa de tortilla, no masa para pozole. Después lo enjuago y queda listo para moler. Parece mucho trabajo, pero con práctica es fácil.

En la casa yo misma siembro muchas de las cosas que comemos, y eso ayuda mucho al gasto. También sé como usar plantas medicinales, lo que aprendí en mi casa lo he usado. Casi no gastamos con el doctor o vamos a la clínica, aunque cuando vamos por algún problema serio, ya sabemos que posiblemente no haya doctor en el pueblo (no vienen a trabajar) ni dan medicinas, ni hablan maya.

Entonces hay que ir a otro pueblo más grande. Yo hago con mis hijos lo que aprendí en mi casa. Cuando es canícula los protegemos contra lombrices, les doy una bebida de epazote que no les gusta, pero es muy efectivo. Yo recuerdo que cuando alguien tenía mucho bicho en el estómago nos daban una medicina que se conocía como tiro seguro y aceite de ricino con té de epazote, lo comprabamos en la tienda del pueblo.

También procuro darles mucha chaya para que no tengan piedras en los riñones. Desde chicos los acostumbré a comer las frutas de la época, porque seguro crecen en cada época por alguna razón, para dar salud y vitaminas a la gente. Hacemos xec de china con chinalima, mandarina y toronja y le echamos un poco de sal con chile molido.

Todos en la familia y vecinos colaboramos para hacerlo y todos lo disfrutamos. Con esto vemos que no hay mucha gripa ni tos.

Cuando hay escasez de maíz mezclamos el ñollo de la semilla de ramón con el maíz y lo comemos, está sabroso. Junto con vecinas, constantemente estamos buscando formas para alimentar a la familia, cuidar de la salud y procurar que los hijos vayan a la escuela.

Aunque no sabemos cómo puede la escuela ayudar a que en el futuro sean menos pobres, porque con lo que les dejan para estudiar no tienen tiempo para aprender cosas del campo o de la casa, yo procuro que mis hijos tengan tiempo para aprender.

A veces los regaño fuerte, a veces hablo con ellos y les hago ver casos de jóvenes perdidos, lo bueno es que hacen caso.

Mis hijos varones ya están prestando atención para saber cómo producir alimentos y también están aprendiendo otros oficios. Mi hija ya sabe de la cocina, hacer tortillas, cuidar las plantas y curar algunas enfermedades.

Todos ellos van bien en la escuela, lo que me da tranquilidad porque si no pueden seguir estudiando, saben qué hacer en la vida.

Lo del estudio no es seguro, constantemente escucho que la escuela no tiene buenos servicios, no hay libros, no hay computadoras, no hay internet. Muchas veces no van los profesores. No les enseñan maya, ni les hablan de cosas de la vida en nuestro pueblo. Parece que son de otros mundos, pero ya están grandes y pueden darse cuenta de cómo es la vida y qué pueden hacer para salir adelante.

El relato anterior es de doña María, esposa de don Cipriano. Podría considerarse la descripción de un día típico, mostrando los retos, las carencias y las formas usadas para superar esas privaciones.

Doña María, don Cipriano y su familia tienen enormes retos financieros en el contexto de una “vida moderna”. ¿Qué políticas públicas deben crearse para atender los millones de personas pobres como ellos? ¿Qué modelo o modelos de desarrollo económico pueden usarse?



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