La paz no es una palabra, se construye

Educar es la mejor herramienta que les podemos ofrecer a los hambrientos de esperanza

Texto y foto: Margarita Robleda Moguel
La Jornada Maya

Miércoles 7 de agosto, 2019

Este año cumplió sus quince el Festival Internacional de Educación para la Vida. Se dice fácil, pero cada año el Colectivo No´j, de Quetzaltenango, Guatemala, sufre labores de parto para darle a luz y, como parturienta que se respete, seguramente jura que este será el último, aunque luego el amor la convence que dar vida es mucho mejor que quejarse y pasarle la factura a los que nos rodean.

Educar es la mejor herramienta que les podemos ofrecer a los hambrientos de esperanza. La educación nos ensancha el horizonte y nos empodera reconocernos capaces de crear. Nos permite mirarnos hacia adentro y luego, al descubrir al otro, no nos queda otra más que aceptar que estamos en el mismo barco y más vale que comencemos a navegar en una misma dirección.

Los locos se juntan con los de su especie, mencioné en un texto anterior. Y en efecto, aquí nos juntamos los locos que intentamos sanar las heridas que aún existen por la guerra que padeció el pueblo guatemalteco, la avaricia no conocer fronteras, y a los que nos duele el maltrato que sufren los hermanos centroamericanos en manos de unos perros huérfanos, y digo huérfanos porque ninguna madre merecería tener un hijo tan rupestre capaz de maltratar tan vilmente a los que buscan sobrevivir la violencia.

Fruto

Ángeles Rodríguez y Fernando Soto dieron a luz al Colectivo No´j y trabajan en comunidades con talleres variados para fortalecer a chicos y grandes en el conocimiento de sus raíces, la autoestima y el servicio a los demás. El Festival fue el fruto. Lograron apoyos de Fundaciones austriacas y en los últimos tiempos de la asociación de los Reyes Magos.

Los locos del mundo tenemos una cita la primera semana de agosto y es así como en estos años han participado Emilio Lome, Gloria Fernández y Carmen Alicia Cantú Castro para educadoras, Víctor Fuenmayor Ruiz, Caballero de las Artes por Francia, Franz Lippens, que con sus Juegos Cooperativos por la Paz ha dejado estela, entre otros. Y el más fiel de todos Apolonio Mondragón, talentoso cuentero, hermoso ser humano que sana corazones y zurce esperanzas a través de sus juguetes e historias.

A mí me toca jugar con las palabras y a través de ellas, chicos y grandes que curiosos se acercan a mi charca, salen rimando y rapeando, más conscientes de su enorme capacidad, que por andar con la de pensar desconectada, ignoraban.

Los jóvenes llegan de todos los rincones del país con una enorme sed de aprender que nos alimenta el alma a los facilitadores. Toca pasar la estafeta a las nuevas generaciones. Este año conviví con ex alumnos, ahora colegas. ¡Vamos bien!

Si iniciamos el festival con una ceremonia maya tradicional pidiendo al Corazón del Cielo y al Corazón de la Tierra florecer nuestro trabajo, el cierre es con una marcha, explosión de colores y música por las calles de Quetzaltenango, compartiendo con la comunidad una rebana de nuestra alegría.

La paz no es una palabra mágica que de pronto nos cae, es algo que se construye, es una forma de vida en la que hay que invertir tiempo dinero y esfuerzo; amor, mucho amor.

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