Cómo evitar la extinción de culturas (II/II)

La historia de los pueblos indígenas podría entenderse aplicando la campana de Gauss interrumpida

Francisco J. Rosado May
Foto:Rodrigo Díaz Guzmán
La Jornada Maya

Martes 13 de agosto, 2019

Ni bien había pasado suficiente tiempo para digerir los resultados que Coneval publicó el pasado 5 de agosto, señalando 52 millones de pobres en México, cuando otras organizaciones internacionales dieron a conocer datos relacionados con los pueblos indígenas.

En un estudio publicado en julio 2019, Oxfam señaló que en México, donde se reconoce que más de 25 millones de personas se identifican como indígenas, el 43 por ciento de ellos, que habla alguna lengua nativa, no completó la primaria; solo el 8.5 llegó a educación superior y solo el 10 por ciento puede considerarse como empleador o con un trabajo formal. El New York Times publicó en versión electrónica, el pasado 8 de agosto, que la ONU señala, con mucha preocupación, que el cambio climático está amenazando seriamente la producción de alimentos, que el agua está siendo explotada a niveles sin precedentes, y que la crisis alimentaria provocará enormes movimientos de migración humana con los consecuentes sufrimientos.

Ese mismo día, La Jornada hizo notar que el Informe Especial sobre Cambio Climático y la Tierra del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), reconoció que los pueblos indígenas manejan alrededor de mil 600 millones de hectáreas y 76 por ciento de los bosques y selvas tropicales del planeta, representando la principal fuente de reducción de efectos climáticos causados por liberación de carbono y otros elementos a la atmósfera. El reporte Yale Environment de julio 2019 ofrece evidencia de que indígenas de Totontepec en Oaxaca crearon una variedad de maíz que fija nitrógeno.

De la información anterior podríamos concluir, por un lado, que los indígenas no sólo son mucho más visibles hoy, sino que también son reconocidos por su número, por sus saberes y por el papel que juegan en la biodiversidad y potencial para un mejor manejo del cambio climático. Pero, ¿cómo potencializar ese reconocimiento para beneficio de la nación? ¿Cómo atender las diferencias entre grupos indígenas y entre los indígenas y no indígenas?.

El informe de la ONU habla de gobernanza como el factor más importante para atender los enormes retos del cambio climático. La gobernanza es, básicamente, la capacidad de lograr acuerdos entre diversos actores que les permita caminar en una misma dirección, con respeto mutuo, ganar-ganar en el proceso de aplicación de leyes. Es decir, para el caso de antagonismos entre grupos, la gobernanza descansa en la capacidad de reconciliación.

Historias de éxito a nivel de países, corporaciones o comunidades, descansan en la premisa de que el consenso en una visión que guíe procesos, andamiaje normativo y acciones de participación ciudadana, explica esas historias de éxito. El éxito de grandes y pequeños proyectos se explica porque como humanos podemos canalizar positivamente nuestras capacidades cuando hay objetivos claros compartidos, cuando hay rumbo y cuando en el andar de ese rumbo se palpan resultados que indican que el rumbo es el correcto. Con una visión de futuro, consensuada, se puede lograr ese rumbo.

Para el caso de los pueblos indígenas, ¿qué mejor visión que poder lograr un renacimiento donde nuestros derechos, identidad, valores, lengua y cultura coexistan en paz, respeto y armonía entre sí y con los integrantes de otras culturas?

El renacimiento de la cultura originaria se puede lograr al rebasar exitosamente la etapa de reconocimiento/reconciliación que se ha abordado en las últimas entregas para esta columna.

La historia de los pueblos indígenas, por ejemplo, el maya, podría entenderse aplicando la campana de Gauss interrumpida. Es decir, hay una etapa de inicio, otra de crecimiento fuerte, otra más que explica el pináculo de su desarrollo, seguido por otra etapa de declinación que, si no se atiende adecuadamente, podría conducir al exterminio de esta.

La pérdida de la lengua originaria, de la cultura y sus prácticas, de los saberes y formas de construcción de conocimiento, son síntomas inequívocos de un proceso que se dirige a la extinción de la cultura. En el caso de los Mayas, sin duda incursionamos en la etapa de declinación, después del postclásico.

Sin embargo, debido a la combinación de resistencia con resiliencia, la velocidad de declinación disminuyó en forma importante, pero no se detuvo.

La declinación puede detenerse si el proceso de reconocimiento aunado a la reconciliación se lleva a cabo bien, con políticas públicas que lo impulsen.

Una vez detenida la declinación entonces puede haber un resurgimiento, un renacimiento de la cultura, aunque en otro contexto, un contexto multicultural. ¿Cómo mantener la identidad cultural y a la vez convivir en paz con las otras culturas? La respuesta está en la interculturalidad.

Con base en lo anterior, se puede describir, con las siguientes 5R, la historia “reciente” de los Mayas y otros pueblos indígenas: a) Resistencia/Resiliencia; b) Reconocimiento/Reconciliación, y c) Renacimiento de la cultura.

Pero esto no es fácil; hay intereses de por medio que deben ser entendidos y atendidos por un gobierno visionario.

No olvidemos que hemos creado un sistema de sospechosismo, en el que la competencia prevalece sobre la coexistencia como la única fórmula para salir adelante, que premia la corrupción e impunidad, que incluso incorpora a personas de dudosos antecedentes en organismos de tomas de decisiones, personas cuyos intereses pueden estar en riesgo al cambiar el sistema al que están acostumbrados, un sistema que ha permitido el desarrollo de solo unos cuantos en el país.

Entonces la lucha de los pueblos indígenas que nace de la resiliencia/resistencia no debe olvidarse, pero si canalizarse con mejor rumbo, para un renacimiento fuerte, un mejor futuro para el país.


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