El regreso del borgismo

Mesa Chica

Hugo Martoccia
Foto: AFP
La Jornada Maya

Lunes 27 de octubre, 2019

En este mismo espacio se ha dicho reiteradas veces que el borgismo no es un grupo político, porque tal cosa, si existió en algún momento, se extinguió con la caída de su efímero creador. Pero el borgismo existe como concepto, como una forma de entender y hacer la política. Esa expresión de lo peor de la política se vio en toda su dimensión en el Congreso del estado en la semana qué pasó.

La referencia al borgismo no es gratuita. Muchos de los que participaron en los hechos de esta semana fueron actores principales o secundarios en el sexenio pasado, cuando Roberto Borge casi destruyó las instituciones. Lo peor es que actuaron igual que en aquellos años aciagos para la democracia quintanarroense.

¿Que se entiende por borgismo? El absoluto desprecio por la Ley. La máxima del borgismo es detentar el poder a como dé lugar, y acceder a los beneficios personales que de éste emanen. Si la ley se interpone, es un obstáculo al que hay que eliminar.

Eso es exactamente lo que sucedió en el Congreso esta semana, cuando la Junta de Gobierno y Coordinación Política (Jugocopo) decidió sostener como coordinador de Morena y presidente de la Junta al diputado Edgar Gasca.

Los integrantes de la Jugocopo (donde están representados los ocho partidos en el Congreso) decidieron privilegiar la “estabilidad política” de sus cargos, en vez de cumplir con lo que manda la ley; mantuvieron en el cargo de coordinador de Morena y presidente a Edgar Gasca, aún cuando la ley obligaba a que se reconociera en esa posición a la diputada Reyna Durán.

Con esa decisión, el Congreso ingresó en una situación de ilegalidad que es difícil de solucionar. Pero también se generó un enorme daño político.

La Jugocopo, que nació como el órgano destinado a democratizar el Congreso, perdió todo su valor. La decisión supralegal que tomaron los coordinadores de todos los partidos generó dos enormes retrocesos: hoy, la Jugocopo es un órgano más oscuro y retrógrado que la vieja Gran Comisión y su presidente es igual de inamovible que lo era el de aquella extinta estructura.

Por una decisión política de sus integrantes, la Jugocopo es hoy una mala copia de la Gran Comisión; cualquier vestigio de modernidad democrática quedó sepultado por la decisión de un puñado de personas en unas pocas horas.

Borgismo explícito

Desde el momento en que Reyna Durán fue nombrada coordinadora de Morena, surgió todo un movimiento que hizo recordar al nefasto sexenio pasado. Hubo algunos distractores muy claros, para poder violar la ley sin demasiadas consecuencias políticas.

Uno, fue la telaraña mediática que se creó alrededor del caso. Se distribuyó masivamente una visión parcial de la ley, para confundir y distorsionar la realidad. Lo importante era desacreditar a Reyna Durán.

A la par, se crearon algunos “monstruos mediáticos”, que debían justificar lo que se iba a hacer. Uno fue la dirigente nacional de Morena, Yeidckol Polevnsky. “Yeidckol no se va a meter en el Congreso”, le dijeron tres coordinadores de Grupos Parlamentarios a La Opinión en estos días.

El otro fue el coordinador panista Eduardo Martínez. Se distribuyó mediática y políticamente la idea de que el diputado estaba detrás de la jugada de impulsar a Reyna Durán. El panista, vale recordar, votó a favor de que se quede Edgar Gasca en la Presidencia.

También algún diputado mencionó que esto no es otra cosa que una batalla entre Mara Lezama y Marybel Villegas, y que el Congreso no puede quedar de rehén.

La realidad es distinta a lo que esos distractores quieren decir: ni la indeseada injerencia de una dirigente nacional de un partido en el Congreso, ni la demonización de alguna jugada política particular, ni la reacción ante una batalla por una candidatura futura, puede ser justificativo para no cumplir la ley. Aunque esas tres historias fuesen ciertas, ninguna autoriza a no cumplir la ley para desactivarla.

Hubo dos diputados que se sinceraron ante este medio y dijeron lo que es el verdadero trasfondo del asunto. “No podemos permitir que los partidos muevan a los coordinadores cuando quieran. Hoy es Gasca, mañana puede ser cualquiera”, coincidieron.

En dos meses, el Congreso ya una vez entró y salió de la ilegalidad, y va por la segunda; no ha aprobado una sola iniciativa; no se ha avanzado en la agenda de ningún partido, pero todos tuvieron tiempo de ir a defender a cómo diera lugar sus espacios de poder.

La responsabilidad de Morena

Uno de los referentes más importantes de Morena en el estado dejó una frase lapidaria, mientras veía como el bloque de diputados de su partido se desmoronaba. “Ya no hay nada que hacer en este Congreso; tenemos una fracción inestable, y muchos se han deslumbrado con el poder”.

En ese contexto, que la coordinación de Morena y la presidencia de la Jugocopo estén en manos de Edgar Gasca o Reyna Durán no genera expectativas diferentes. Lo que se ve, en realidad, es que no hay un grupo sólido entre morenos, y menos aún con sus aliados del Verde y el PT, para llevar adelante la agenda de la 4T.

Es más, en estas horas ya casi se da por descontado que la alianza está rota, y que el primer rompimiento formal vendría por el lado del PT. La alianza con el Verde, en los hechos, no existe. Ese partido se mueve según su propia agenda e intereses, lo cual, visto el caos que es Morena, parece la actitud más lógica e inteligente.

Si logran mantener a Gasca, ¿cuánto tiempo tardarán el PAN o el PRD, por ejemplo, en darse cuenta que le dieron un año como intocable a un presidente que responde ciegamente a Marybel Villegas? ¿Qué papel jugará Carlos Joaquín en ese pacto tácito? ¿Lo avala? ¿Hasta donde acompañará esa jugada? ¿Qué piensa el gobierno estatal de la situación de ilegalidad del Congreso? ¿Va a aceptar lo que se hizo? ¿Se han medido los posibles costos institucionales? ¿O entramos a un nuevo tiempo de acuerdos políticos con el borgismo residual? Si es así ¿Cómo se le explicará eso a la sociedad?.

La realidad es que la oposición en el Congreso va y viene, y a Morena se le escurre entre los dedos el poder que le dio la gente. Mientras tanto, el “Grupo de los 8” en la Jugocopo, impone su voluntad y su ley a puertas cerradas, como en los peores tiempos del borgismo.

Aún es temprano para decir que ésta será una Legislatura perdida. Pero las señales no dejan lugar a una expectativa diferente a esa.

[email protected]