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Joann Andrews, la diplomática amazona protectora de la naturaleza

Betina González Toraya
La Jornada Maya

Miércoles 20 de mayo, 2020

El Ácido Desoxirribonucleico (ADN) es el mapa genético que nos define biológicamente, que nos hace únicos e irrepetibles, cada una de nuestras células contiene esa pequeña molécula formada por cuatro sustancias: adenina, timina, guanina y citosina.

Existe un ADN que se impregna de una manera muy especial en el ser, el ADN Yucateco que, como el genético, también está conformado por cuatro “sustancias esenciales”: persistencia, determinación, entrega y disciplina. Para portarlo no es necesario haber nacido en esta tierra y, a diferencia del primero, éste se lleva tan solo en un órgano del cuerpo: el corazón.

Joann Andrews nació en New Haven, Connecticut; es egresada del Barnard College de la Universidad de Columbia en Nueva York, donde obtuvo el título de Licenciada en Ciencias Políticas. Tiene una maestría en Economía Internacional por la Universidad Johns Hopkins de Washington, D.C; y durante 10 años trabajó en África como representante de su país. En los años 60 contrajo matrimonio con Wyllys Andrews, antropólogo estadounidense cuyos estudios sobre la civilización maya lograron importantes hallazgos.

Joann es miembro de instituciones como la Asociación para la Equinoterapia, el Patronato Pro Historia Peninsular de Yucatán (ProHispen), el Fondo Mexicano para la Conservación de la Naturaleza, la Asociación Mexicana de Orquideología y la Academia de Ciencias de Nueva York, entre otras. Es también fundadora y actualmente presidente honoraria de la Fundación Pronatura Península de Yucatán A.C.

Ha estudiado a las orquídeas de la península desde los años 80’s, trabajo por el cual recibió diversos reconocimientos, así como por otras labores.

[b]Joann, eres licenciada en Ciencias Políticas, tienes una maestría en Economía Internacional y te dedicaste a la diplomacia. ¿Por qué a la diplomacia y no a la política?[/b]
Bueno, las ciencias políticas incluyen un ámbito internacional y yo no tenía ganas de mezclarme con la política nacional, por eso estudié mi maestría en Economía en John Hopkins. Mi hermana también es abogada. En Estados Unidos los abogados tienen mucho prestigio, pero me he dado cuenta de que en México no es igual, porque a veces se “arreglan” las cosas. Siempre tuve interés en las ciencias políticas y me fui a la Universidad de Columbia. Tuve muy buenos profesores que en aquella época estaban empapados de las ideas de gente brillante como Henry Commager (historiador de los Estados Unidos); las conferencias de Henry eran fantásticas, siempre había mínimo 100 personas que se quedaban de pie para escucharlo, escribió más de 40 libros y tenía muy buenas ideas. Conocía la historia de cómo se formaron los Estados Unidos de América en el siglo 18, muy muy interesante; especialmente en su estudio del equilibrio entre los tres poderes, legislativo, ejecutivo y judicial; genios, gente que decidió formar una nueva república manteniendo un equilibrio entre los poderes, entre el Congreso y las Cortes. Henry Commager definió el liberalismo moderno en los Estados Unidos.


[b]De tus años en África como diplomática, ¿cuál es la anécdota que más recuerdas?[/b]
Yo estaba en el Servicio Extranjero del gobierno de los Estados Unidos, Foreign Service le llamamos, había terminado mi maestría y me preguntaron a dónde quería ir, todo el mundo siempre dice Londres o París, yo dije África y, bueno, no había nadie que quisiera ir ahí, yo pude escoger. Primero serví en el Congo Belga y después en Senegal, que es parte del África Occidental francesa, luego en Camerún. Al llegar a África encontré que todo era muy interesante, en ese momento muchos estados habían decidido que querían independizarse, eran los años 50’s. En Dahomey (África occidental, actualmente pertenece a Benín), comencé a dar clases de inglés gratis a la gente y uno de mis alumnos que era hijo del presidente un día llega y me dice “[i]¡Mademoiselle, mademoiselle![/i] Mi papá quiere una copia de la constitución de los Estados Unidos porque nosotros tenemos el mismo interés en la división entre los tres poderes. ¿Usted tiene una copia?” Yo pensé: “¡¿Y dónde voy a buscar eso?!” En fin, encontré la información en una enciclopedia y ellos hicieron la constitución de Dahomey basada en la nuestra. Muy interesante, hubo una evolución ahí.


[b]¿Cómo conociste a Wyllys?[/b]
Lo conocí en Kinshasa, África, cuando lo recibí en mi papel de representante del gobierno, en esa época él estaba casado y con hijos; después de algunos días me dijo que quería comprar algunas cosas en el mercado para llevarle a su familia, lo acompañé y días después regresó a Yucatán. En esa época nos enviábamos tarjetas postales cada Navidad. Estando en Virginia, recibí una postal de Wyllys invitándome a Yucatán y pensé “[i]That’s a great idea![/i]” (¡Es una gran idea!), pues yo no conocía México. Viajé a Yucatán en 1963, sin saber que Wyllys estaba divorciado. Era el mes de noviembre, estuve 10 días de visita. A los cuatro meses regresé y nos casamos. Recuerdo que yo siempre le decía a mis amigas que no había nada peor que contraer matrimonio sin haberlo pensado, ¡y eso fue exactamente lo que yo hice! (comenta riendo). En esa época yo tenía 37 años y estaba encargada de los países africanos que pertenecían a Portugal; Angola y Mozambique. En lugar de irme a Mozambique, vine a Yucatán y me quedé. Cuando llegué no hubo un choque por lo que respecta al clima pues yo venía del África tropical. Recuerdo que mi esposo me dijo un día: “Joann, tienes que decirme la verdad, si yo fuera un arqueólogo en el Ártico, ¿te hubieras casado conmigo?” [Comienza a reírse y hace una pausa] Adoraba a mi esposo.


[b]Cuando llegaste a Yucatán en los años 60’s, ¿qué fue lo que más llamó tu atención? ¿Qué te enamoró de esta tierra?[/b]
Su gente, definitivamente. Bill (Wyllys) era muy amigo de la familia Vargas, de la localidad de Telchaquillo (Tecoh), varios miembros de esta familia habían trabajado con él en Mayapán desde 1936. Hasta la fecha, los Vargas trabajan con nosotros. Cuando nacieron mis hijos, Modesta Vargas, miembro de esta querida familia, se convirtió en su nana. Recuerdo que algunas veces, cuando abrazaba a mis bebés, lloraban porque yo estaba muy flaca -como hasta ahora- y querían ir con nana Modesta, que estaba más gordita y se sentían cómodos en sus brazos y en su panza regordeta [Ríe] Una mañana me levanté y fui a toda prisa a buscar un café a la cocina… en eso entró Modesta y me dijo muy calmada: “¡Hola mamá! ¿Cómo estás? ¿Estás bien? ¿dormiste bien?” Lo pensé, salí de la cocina y volví a entrar como si fuera la primera vez: “¡Hola Modesta! ¿Cómo estás esta mañana? ¿Estás bien, dormiste bien?”, le pregunté, desacelerándome.


[b]Si comparas la Mérida de esos años con la actual, ¿qué saldos positivo y negativo encuentras?[/b]
Yo creo que el nivel educativo ahora es mejor porque hay muchas universidades y escuelas técnicas, antes no había nada de eso. Ahora hay muchos jóvenes estudiando y niveles mucho más altos. Hoy en la ciudad de Mérida, yo creo que no hay nadie que no sepa leer y escribir. Por otro lado pienso que en algunos pueblos de Yucatán se han ido perdiendo algunas de sus tradiciones, sin embargo en muchos de ellos siguen celebrando a sus santos –San Fernando, Santa María– con procesiones, el Día de la Virgen no falla y continúan sus tradiciones, con bonitos bailes como la jarana, eso es muy importante porque sus tradiciones son preciosas. El saldo negativo, yo creo, es que ahora hay más robos. Cuando yo llegué a Mérida (en los 60’s) nadie cerraba la puerta de su casa en la noche… ahora la gente tiene que cerrar. La incidencia de robos ha crecido.


[b]¿Desde qué edad montas a caballo y cómo surge la idea de un Club Hípico en Yucatán?[/b]
Mi mamá montaba estando embarazada de mí [Podría decirse que monta desde antes de nacer] A los cuatro años tuve mi primer pony y solamente cuando estuve en Nueva York [realizando sus estudios] no monté. Estando en África, en cada uno de mis puestos como representante del gobierno, siempre me topé con personas que tenían la necesidad de que en su ausencia, alguien montara sus caballos pues tenían que viajar a París o a algún lugar del mundo; cuando me ofrecían hacerme cargo, yo siempre les decía: “¿Cómo no? ¡Con mucho gusto!” Años después, aquí en Yucatán, formé con un grupo de personas del medio ecuestre, la Asociación de Caballos de Salto [Que al cabo de algún tiempo desembocó en lo que es hoy el Club Hípico del Sureste y algunas otras hípicas en la península].


[b]¿Qués es lo que más admiras de estos animales?[/b]
Es difícil decir en realidad. Su belleza, verlos galopando en el pasto, con su crin, moviendo su cola, la manera en la que galopan y juegan juntos. No son cariñosos como los perros —algunos más que otros— pero son muy elegantes y se les puede entrenar con mucho cariño. Hay gente que piensa que puede castigarlos y jala muy fuerte al caballo, pero ellos [los caballos] nunca olvidan el maltrato.


[b]¿Cómo comienza Pronatura y cuál es su objetivo principal hoy en 2020?[/b]
Pronatura [Asociación Mexicana Pro Conservación de la Naturaleza] se fundó en México, dos amigos míos son miembros fundadores. El primero, Erick Hágsater, es quien tiene el mayor conocimiento sobre orquídeas en todo México, fundador también de la Asociación Mexicana de Orquideología. Erick y yo teníamos relación debido a que ambos hemos estudiado las orquídeas por muchos años y en aquella época, él estaba muy interesado en mi trabajo. La otra persona es mi amiga Brianda Domecq [de la familia Domecq], su papá tenía un criadero de caballos y estaban haciendo pruebas para lograr una nueva raza, la stef. Erick estaba interesado en orquídeas y Brianda en caballos, pero ambos coincidían en su interés por la naturaleza y fueron dos de las seis personas que fundaron Pronatura en México. Después de fundar Pronatura un día me llaman y me dicen: “Joann tienes que formar un grupo en Yucatán”, y les dije: “Bueno pero, ¿qué voy a hacer?” “Pues lo que quieras —me dijeron—. Tú decides”.

No tenía dinero ni nada, invité a varios de mis amigos del Club Hípico y les pedí que me apoyaran para hacer algo por la naturaleza. Ellos aceptaron, no teníamos fondos y no fue fácil conseguirlos, pues pedir fondos para, como decimos en inglés, [i]the birds and the bees[/i] [los pájaros y las abejas], habiendo tanta pobreza en el estado, no es fácil. Con el apoyo de dos importantes fundaciones, World Wildlife Fund (Fondo Mundial para la Naturaleza) y Nature Conservancy, a la par con apoyo de algunos yucatecos, pudimos arrancar. Tuvimos mucha suerte de lograr estos apoyos.

Pronatura Yucatán está enfocada en 30 diferentes proyectos; el más importante en estos momentos es la prevención y supresión de incendios. Tenemos un sistema de mapas que nos permite identificar los puntos más calientes para prevenir el fuego; aunque es un problema grande porque hay algunos incendios que son provocados.

Ahora con el coronavirus, desgraciadamente tuvimos que suspender la mayoría de los programas de anidación de la tortuga marina, pues no podemos ir a la playa hasta que acabe esta situación, no sé si llegaremos a tiempo. También tenemos programas en Campeche con campesinos, etcétera. Hay mucho trabajo.


[b]¿Cuál ha sido tu mayor aprendizaje hasta ahora?[/b]
He aprendido que para lograr algo en la vida la cosa más importante es la persistencia. Hace 20 años no pensaba así, ahora me doy cuenta de que así es, mi persistencia fue muy necesaria para lograr Pronatura.


[b]¿Cuál es tu mayor virtud?[/b]
Virtud es que me importan mucho los animales, perros, gatos; la paciencia que les tengo. Mi amor por los animales no es muy racional, pero así es.


[b]Dicen que se conoce el nivel de un país por la manera en la que su gente trata a los animales.[/b]
¿Ah sí? ¡Qué bueno! [Ríe] Yo creo que esa es la verdad.


[b]Si mencionaras algún defecto tuyo, ¿cuál sería?[/b]
¿Tienes una hora? [Ríe] Que hablo mucho, podría ser, y que antes yo era muy disciplinada… ahora a veces pospongo lo que debo hacer y no tengo esas ganas que son importantes para lograr las cosas.


[b]¿Quién es la persona que más ha influido en tu vida y por qué?[/b]
Mi esposo, por seguro, él fue arqueólogo y tenía una manera de observar la vida totalmente diferente a la mía, aprendí mucho de él, tenía diferentes intereses a los míos y a pesar de eso, logramos complementarnos muy bien.


[b]¿Qué consejo le darías a la juventud?[/b]
Pienso que muchos jóvenes mexicanos tienen gran interés en la naturaleza, en salvarla, mucho más que los de Estados Unidos. Les aconsejaría que se interesen más por la naturaleza, aconsejaría a las escuelas que despierten ese interés en sus alumnos.


[b]¿Cuál consideras que es el gran reto de la diplomacia en el mundo actual?[/b]
Poder cambiar nuestra forma de vida para evitar la destrucción de la Tierra, esto es para la diplomacia y para todos; tener una mayor conciencia de lo que está sucediendo en el mundo.


[i]Mérida, Yucatán[/i]
[b][email protected][/b]


Edición: Enrique Álvarez

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