Opinión
La Jornada Maya
19/07/2026 | Mérida, Yucatán
Vivir con una condición de neurodivergencia, llámese Trastorno de Espectro Autista (TEA), de Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH), de procesamiento sensorial, dislexia, dispraxia, el síndrome de Tourette, entre otras conformaciones del cerebro, es un desafío que enfrentan millones de personas, con sus familias.
En un pasado no tan lejano, un hijo con las limitaciones asociadas a lo que hoy se denomina como neurodivergencia era considerado una vergüenza. Muchos no conocieron el mundo detrás de cuatro paredes, ni tuvieron la oportunidad de un aprendizaje. Por el contrario, terminaron cayendo en la miseria, dependiendo de las monedas que pudieran obtener como pordioseros, o víctimas de redes de explotación. Hablar de inclusión no era ni de lejos equivalente a lo que hoy se tiene como objetivo.
Una sociedad justa, que reconoce a quienes se salen de lo típico para incorporarlos de acuerdo a sus capacidades, dándoles el apoyo necesario para desarrollarlas y creando los espacios para que las ejerciten, no se construye de la noche a la mañana, ni por la sola voluntad. Se requiere de un cambio cultural sostenido y fortalecido con una infraestructura legal y la formación de capital humano que a su vez canalice a quienes viven con una condición de neurodivergencia hacia las instituciones educativas, de salud y eventualmente a empresas e instituciones en las que puedan capacitarse, atenderse dignamente y hallar un modo digno de sostenerse.
En la península de Yucatán, este entramado legislativo sigue en construcción. Precisamente Yucatán cuenta, desde febrero de este año, con una Ley para la Atención, Protección e Inclusión de las Personas Autistas del Estado; Quintana Roo cuenta con su propia legislación desde 2016, pero ésta carece de la palabra “inclusión” en su título, lo que obligaría a una revisión, con todo y que en sus objetivos se encuentren “la plena integración e inclusión en la sociedad de las personas con la condición del espectro autista”.
Ahora, en Campeche, la Asociación TDAH de esa entidad impulsa que la legislación que se pretende elaborar abarque todas las condiciones de neurodivergencia, pues hacer una ley para cada una resulta ilógico. Agregamos que, en lo general, quienes presentan un trastorno, síndrome o condición de este tipo enfrentan los mismos problemas desde la incorporación al sistema educativo hasta la falta de médicos especialistas -y medicamentos -en las instituciones públicas de salud, hasta la discriminación al momento de intentar incorporarse a la fuerza laboral. De obtenerse la coordinación de los diputados locales con la organización, el Legislativo campechano estaría ante una gran oportunidad de crear una legislación de avanzada para todo el país.
A esto deberá corresponder otro esfuerzo: contar con cifras actualizadas de la población que presenta alguna neurodivergencia. Esto quiere decir que deberá realizarse un censo periódico que ubique a las familias que deberán recibir atención y a la vez ofrecer los números para guiar la creación de políticas y de la infraestructura educativa, de salud y de apoyo para la incorporación al campo laboral y garantizarles un nivel mínimo de independencia económica.
Hacemos votos para que los foros de consulta en verdad recojan las experiencias y necesidades de las familias entre cuyos integrantes se encuentre una o más personas con alguna neurodivergencia, así como los testimonios individuales, que resultarán más que enriquecedores para la elaboración de la ley.
Tampoco bastará con legislar. El cambio real se verá el día en que cese la discriminación por parte del personal docente hacia los chicos con autismo, TDAH, dislexia o dispraxia; cuando sean incorporados a todas las actividades lúdicas de las escuelas, y también cuando ya no tengamos funcionarios que expresen que se trata de niños “que nadie quiere tener”, como alguna vez dijo una secretaria de educación de Quintana Roo. Empecemos, mientras, a construir la visión de aquello que se quiere conseguir, que es la inclusión plena.
Edición: Fernando Sierra