Lujo colonial y la tradición yucateca, eso es la Hacienda San Antonio Millet

La propiedad, ubicada en el municipio de Tixkokob, se encuentra abierta al público
Foto: Abraham Bote

A tan sólo 23 kilómetros de la ciudad de Mérida, en los adentros del municipio de Tixkokob, se encuentra la mágica Hacienda San Antonio Millet, la cual alberga una amalgama de contrastes: el lujo y la sofisticación de un edifico colonial estilo francés acastillado, convive con la arquitectura tradicional de las haciendas yucatecas. 

Según estimaciones de los encargados de este mágico lugar, éste tiene una antigüedad de entre 300 y 400 años, pero gracias a los trabajos de remodelación que han pasado sobre sus estructuras, la hacienda luce casi impecable, como si los años no hubieran pasado por sus rincones. 

A la entrada, dos grandes y frondosos árboles de algarrobo reciben a los visitantes, la vista está acompañada de un pequeño lago artificial, detrás de este escenario la mirada se clava en la hermosa casa principal, en forma de castillo, a un costado se encuentra el cuarto de máquinas que sirvió para desfibrar el oro verde de la época. 

 

 

La hacienda, actualmente en propiedad de Marisa Calderón Buenrostro y su esposo, Jorge Ocampo Rivero, está abierta al público desde el mes de enero, sirve para eventos sociales, fiestas, reuniones, o como hotel con 12 habitaciones distribuidas en las más de 6 hectáreas del lugar.  Cuentan con amplios espacios para poder caminar, recostarse en hamacas, disfrutar de la paz y la naturaleza, desayunar en un hermoso jardín frente a un castillo, o bañarse en su piscina. 

En un recorrido realizado por la Secretaría de Fomento Turístico de Yucatán (Sefotur), se pudo conocer un poco más de los atractivos y áreas de San Antonio Millet, además de los servicios que ofrece. 

Herbert Mex, encargado de la hacienda desde hace más de 20 años, explicó que primero la hacienda perteneció a la Condesa de Miraflores, al comienzo se creó la casa del capataz, la cual ahora alberga varias habitaciones, pero al no cumplir con sus funciones de manera correcta se edificó la casa principal -donde vivió la condesa-, la cual tiene forma de castillo.

 

 

Posteriormente, agregó, la hacienda fue expropiada y cayó en manos de la corona española también y empezó a dedicarse a la ganadería, incluso todavía se pueden ver vestigios de la colonización en el escudo de armas que aún se conserva en la capilla de la hacienda.  

Los muebles que se encuentran en la capilla y en el lugar, fueron recuperados en subastas, porque la casa fue saqueada en el año 1980, por los hijos del dueño de ese tiempo -al no recibir una herencia-, y así poder devolverle un poco de su esencia, indicó Herbert.

En la parte trasera de la casa principal se encuentra un amplio jardín, impregnado de un color verde con grandes árboles -algunos de la región y otros de otras partes del país-, como ramón, roble, chicozapote, palmeras reales, entre otras especies y vegetación.  Antes este espacio era usado para cultivar frutas y verduras: la hacienda era autosuficiente, no requerían traer nada de fuera para el consumo de las y los habitantes.

 

 

Al final de este jardín se encuentra un gazebo, un pabellón hexagonal decorado con varias esculturas estilo romanas; esta área es conocida como el parque de los enamorados, pues suele utilizarse para pedidas de mano, declaraciones de amor o cenas románticas. Detrás de esta zona, las personas podrán encontrar un pequeño camino rodeado de grandes cactus.

La casa principal también sirve como museo: está decorada con muebles de la época, cuadros, esculturas, candelabros, y diversos objetos que no pasan desapercibidos. 

Apoyo a artesanos 

Como parte de la experiencia, y en apoyo a los artesanos y empresas locales, en la hacienda también se podrán encontrar con diversas artesanías: coloridas hamacas elaboradas por hombres y mujeres de la zona, miel melipona medicinal de la marca Beecheli, cerveza artesanal de la cervecera Mastache, entre otras cosas.

 

 

Además, en el recorrido las personas pueden disfrutar de diversas botanas o bocadillos gourmet, elaborados con insumos frescos y orgánicos, cultivados por productores de las comunidades del estado, promovidos por el proyecto Tras Patio Maya y Chef a Domicilio.

Edición: Ana Ordaz