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Elvia Carrillo Puerto, la indomable motuleña que luchó por la igualdad

Betina González Toraya
La Jornada Maya

Jueves 2 de julio, 2020

"La mirada de Elvia sabía sonreír, sabía acariciar, sabía estimular brotes de entusiasmo, pero también, sabía fulminar con rayos exterminadores a los enemigos de la causa…".- Santiago Burgos Brito, escritor yucateco.

Si pudiéramos viajar a los inicios del siglo pasado y observar la vida que llevaban las mujeres de aquel tiempo, quedaríamos perplejos al ver que el confinamiento era algo normal. Dedicadas únicamente a la atención del marido, el cuidado de los hijos (los que dios mandara) y las labores domésticas, sus salidas de casa estaban prácticamente limitadas a hacer el "mandado" y asistir a la iglesia. En contraste, los hombres llevaban una vida pública y laboral muy parecida a la actual.

La lucha de las mujeres por la igualdad ha sido un camino largo y sinuoso, evidencia de ello son historias como la de Mary Wollstonecraft, escritora británica e iniciadora del pensamiento feminista, cuyo testimonio de vida fue tan contundente como sus letras; Concepción Arenal, madre del feminismo español, quien se disfrazaba de hombre para dar clases en la universidad; brillantes escritoras como Simone de Beauvoir y Virginia Woolf, quienes a través de sus sagaces plumas infundieron de valentía a sus seguidoras para alzar la voz. También hay que destacar la importante labor de Katherine McCormick, quien financió al laboratorio creador de la primera píldora anticonceptiva.

En Yucatán, la profesora Rita Cetina Gutiérrez encendió la chispa de este movimiento feminista, que se convertiría en fuego inextinguible atizado por una mujer cuya huella ha permanecido imborrable en la historia de nuestro estado: Elvia Carrillo Puerto.

Nacida el 31 de enero de 1881 en el municipio Motul, fue la sexta de los 14 hijos que don Justiniano Carrillo -comerciante de clase media- y doña Adela Puerto procrearon. Elvia y su hermano mayor, Felipe, fueron almas gemelas que compartían el mismo sueño: una sociedad más justa y equitativa.

Elvia se formó en el Liceo de Niñas de Motul y al terminar sus estudios trabajó como maestra. A los 19 años contrajo matrimonio con el profesor Vicente Pérez Mendiburo. De esta unión nacieron dos hijos, Marcial y Gloria, que falleció a los tres meses de nacida.

El interés de Elvia en la lucha por los derechos de la mujer y los menos favorecidos se acrecentó con la muerte de una de sus hermanas durante el parto -ella siempre había planeado tener pocos hijos, a diferencia de su madre y sus hermanas- y de las injusticias cometidas a los trabajadores de las haciendas henequeneras cercanas a Motul. En 1909, año previo al estallido de la Revolución Mexicana, se une al movimiento anti releccionista convirtiéndose en aliada del bando “morenista” (como coincidentemente se hacían llamar los revolucionarios) en Valladolid.

En 1912, a la edad de 31 años, Elvia recibió la demanda de divorcio interpuesta por Vicente, en la que se asentaba como causal “la desobediencia de su esposa”; nada de extrañar advirtiendo su carácter indómito y subversivo.

[b]La liga “Rita Cetina Gutiérrez”[/b]

Fundada por Elvia en 1921, la liga Rita Cetina Gutiérrez estaba formada por mujeres, en su mayoría maestras. Sin lugar a duda y a pesar de su corto tiempo de existencia, ésta fue la más emblemática de las 65 ligas creadas por [i]la Monja Roja del Mayab[/i]. Tal era su admiración por la docente meridana que, sin ser su alumna, nombró el colectivo en su honor ya que era asidua lectora de su revista, [i]La Siempreviva[/i].

La liga mantuvo un proyecto claro basado en la lucha por la solución de problemas de todas las clases sociales. Tenía el firme objetivo de lograr el derecho al sufragio femenino. Su lema rezaba: “Por la Instrucción, Progreso y Derechos de la Mujer”,

[b]La lucha por el voto[/b]

La tenacidad y persistencia fueron virtudes muy marcadas en Elvia. Después de algunos intentos fallidos en pos del voto femenino, decidió recurrir al gobernador, su hermano Felipe, quien apoyaba el movimiento. Sin embargo, gran parte de sus correligionarios, legisladores miembros del Partido Socialista del Sureste, eran obstinados machistas.

En 1922 Felipe Carrillo Puerto, sin más aval que el del secretario de Gobernación, Plutarco Elías Calles, quien aprovechó la situación para dar implícitamente su anuencia y “experimentar” con un voto femenino que podría favorecer una futura aspiración propia, solicitó a Elvia una terna de mujeres para la candidatura de regidora municipal.

Así, Rosa Torres fue la candidata que obtuvo el mayor número de votos en las elecciones. Al año siguiente fueron aprobadas las candidaturas de Beatriz Peniche, Raquel Dzib y Elvia, como diputadas para el Congreso estatal. Las tres triunfaron en las urnas, pero el levantamiento [i]delahuertista[/i] causó gran inestabilidad en el estado. Al año siguiente, en enero de 1923, Felipe Carrillo Puerto fue encarcelado y ejecutado.

En este tiempo el domicilio de Elvia sufrió actos vandálicos, ella fue acosada por el bando socialista opositor a Felipe, lo que la obligó a vivir algunos meses de forma clandestina. Por si fuera poco, aun siendo reinstaurado el gobierno socialista, su triunfo en las urnas nunca fue reconocido.

Fernando Vega Carrillo, sobrino nieto de Elvia, cuenta:

“Mi tía Elvia era una mujer guapérrima, de férreas convicciones y bastante impositiva, brava y entregada a la causa de la mujer. Siempre tuvo ideas muy claras como las de su hermano Felipe, mi abuelo, a quien siempre apoyó; aún más, cuando comenzó su campaña y durante los dos años que fue gobernador, en ese tiempo se prendió de él para que la apoyara en su lucha por el voto femenino, siendo una época en la que a la mujer no le estaba permitido opinar siquiera de los negocios del marido, mucho menos de política. Después del asesinato de mi abuelo se mudó a la ciudad de México y regresó muy pocas veces a Mérida”.

Elvia emigró a la ciudad de México con su hijo Marcial. Poco tiempo después partió a San Luis Potosí auspiciada por el ya presidente Elías Calles –cuya secreta intención era utilizarla para darle continuidad a su “experimento”– con el fin de contender nuevamente por una diputación. Pero una vez más, deliberada e injustamente, su triunfo no fue respetado. Al final, Elías Calles le retiró su apoyo (se cree que por razones relacionadas con la Guerra Cristera). Elvia regresó a la Ciudad de México y fue contratada en la Secretaría de Agricultura, donde organizó varios congresos de mujeres obreras y campesinas entre 1931 y 1934.

Autora de [i]Siemprevivas[/i], Piedad Peniche Rivero comenta:

“Elvia era bella, alta, de porte distinguido, poseía el don de la organización y un gran carisma, además de que gozaba del capital político de su blanca piel y hablaba un maya fluido. En 1934 organizó el Tercer Congreso de Obreras y Campesinas en México, que sería artífice de la formación de una liga feminista de “masas” que, a partir de la lucha por el sufragio, se convertiría en el movimiento nacional más importante del siglo XX: el Frente Único Pro-Derechos de la Mujer. Este movimiento llegó a agrupar a 50 mil mujeres de todas las clases sociales y filiaciones políticas. En 1936, durante el mandato cardenista, Elvia con 55 años, trabajaba en la Secretaría de Agricultura al tiempo que era activista del Instituto Revolucionario Femenino. Las ideas del Instituto no coincidían exactamente con las del presidente. En 1937 fue enviada a Yucatán para organizar la bienvenida a Cárdenas, que visitaría el estado en agosto. Nadie podía pensar que él mismo la cesaría de su empleo al año siguiente”.

[b]Veterana de la revolución y el voto femenino[/b]

En 1941 recibió el diploma de Veterana de la Revolución y la medalla al Mérito Revolucionario, de manos del presidente Manuel Ávila Camacho.

Finalmente, en octubre de 1953 fue celebrada la legalización del voto femenino y derechos políticos de la mujer, evento al que fue invitada para dar un discurso en la Cámara de Diputados. Era su sueño hecho realidad.

El 5 de marzo de 2013, el Senado de la República instituyó el reconocimiento [i]Elvia Carrillo Puerto[/i], que se entrega a las mexicanas que han destacado en la lucha por los derechos de la mujer.

Elvia murió el 15 de abril de 1968 en su pequeño departamento de la Avenida Ribera de San Cosme, en Ciudad de México. Sus restos descansan en el Cementerio General de Mérida.

Elvia, fuiste admirable poseedora de una ideología, por mucho, adelantada a tu tiempo. Tu temple y fortaleza incomparables hicieron que nunca te rindieras, ni en las situaciones más adversas siendo víctima de grandes injusticias cometidas por hombres cuya investidura los hacía “omnipotentes”. Ni siquiera con ese gran poder consiguieron doblegar tu férrea voluntad. Me alegra tanto que en vida disfrutaras ver cumplido el mayor de tus anhelos, el voto femenino.

Tu nombre y tu legado enaltecen esta tierra y las mujeres yucatecas nos sentimos honradas de tenerte como ejemplo. ¡Elvia… la siempre viva!


[i]Mérida, Yucatán[/i]
[b][email protected][/b]


Edición: Enrique Álvarez

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