Texto y foto: Joan Serra Montagut
La Jornada Maya

Viernes 1 de septiembre, 2017

El poeta guatemalteco Humberto Ak’Abal dijo alguna vez: “De vez en cuando camino al revés. Es mi modo de recordar. Si caminara solamente hacia adelante te podría contar cómo es el olvido”. Numerosos estímulos nos animan a vivir el presente como si fuera lo único que tenemos (de hecho, así es); otros tantos, nos ayudan a planificar el futuro, que siempre pensamos equivocadamente que podemos domar. ¿Pero qué ocurre con el pasado?

La memoria histórica es uno de los tótems de cualquier sociedad, o al menos así debería ser. Recordar para sanar. Recordar para construir. Una sociedad que olvida está mutilada y es sorda a sus propios lamentos. De todos los temas que tratamos en los 12 libros del proyecto Ja’ab, la memoria histórica es uno de los más destacables y por esto mismo es el hilo conductor del primer libro, dedicado a las personas que velan para que las injusticias del pasado no queden impunes, en particular las desapariciones forzosas. Uno de los objetivos del proyecto es retejer los distintos puntos de la región geográfica maya a través de los libros que, escritos por jóvenes, permitan abrir conciencias y permitir el perdón y triunfo de la luz sobre la oscuridad.

En el caso de Memorándum, el primer libro de la colección, la plataforma urbana elegida para la reflexión acerca de este tema de importancia capital es San Salvador. El conflicto armado salvadoreño enfrentó la Fuerza Armada de El Salvador con las fuerzas insurgentes del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional. Habitualmente se considera que esta guerra se desarrolló entre los años 1980 y 1992, aunque el país vivió un ambiente de crisis política y social durante la década de los 70. Los Acuerdos de Paz firmados en el Castillo de Chapultepec permitieron la desmovilización de las fuerzas guerrilleras y su incorporación a la vida política.

En el corazón del frondoso parque Cuscatlán de San Salvador se levanta el Monumento a la Memoria y la Verdad. Éste incluye, en 85 metros de granito negro, 30000 nombres de víctimas civiles de violación de los Derechos Humanos durante el conflicto armado. “Un espacio para la esperanza, para seguir soñando y construir una sociedad más justa, humana y equitativa”, según reza el granito. Memorándum se realizó con la colaboración del MUPI (Museo de la Palabra y de la Imagen), de su fundador y director Carlos Henríquez Consalvi (Santiago) y de la comunidad de jóvenes que están vinculados con esta institución de referencia. En el libro se recuerda la figura de Monseñor Romero, que fue asesinado por defender en sus homilías los derechos de los más débiles y, sobre todo, se dedica un espacio a las madres que perdieron a sus hijos durante el conflicto armado y ya no los volvieron a ver (representadas en el colectivo CO-Madres). En el marco de la conmemoración del Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, es justo y necesario recordar a todas las personas que han desaparecido por defender sus ideales. Tampoco en México olvidamos: “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”.

[i]Mérida, Yucatán[/i]
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