Opinión
Óscar Muñoz
18/03/2026 | Mérida, Yucatán
Mientras que el pensamiento ha llevado siglos en su desarrollo, increíblemente el pensamiento crítico está sucumbiendo en unos cuantos años. En la época antigua de la humanidad, la tendencia del pensamiento estaba orientado hacia la búsqueda de la verdad a través del diálogo, el autoconocimiento y la ética, según la filosofía desarrollada por Sócrates, utilizando como método la mayéutica. Más tarde, Descartes, el padre de la filosofía moderna, promovió el pensamiento basado en la búsqueda de la verdad “absoluta” a través de la razón, para lo cual propuso utilizar la duda metódica para eliminar las falsedades.
Vale precisar que el pensamiento crítico implica, más que pensar demasiado, cuestionar lo que se piensa, investigar antes que aceptar una supuesta verdad, obtener pruebas antes que dejarse llevar por alguna creencia. El pensamiento crítico exige dudar incluso de las propias conclusiones a las que llegó uno mismo. Es decir, pensar críticamente es no dejarse engañar por los otros, ni por sí mismo. Por ello, a partir de la Ilustración, el pensamiento crítico se convirtió en la base de la ciencia y también de la democracia. De ahí su importancia en el conocimiento de la naturaleza y de la sociedad.
La clave de este pensamiento ha estado siempre en esa capacidad humana de preguntar “por qué” y traspasar lo aparente para llegar a la claridad de alguna verdad. Sin embargo, en la actualidad, las diversas sociedades viven lo contrario al desarrollo de un pensamiento crítico. Pero ¿por qué? [primer paso]. Al parecer porque la mayoría de la gente cree tener todo el conocimiento en el teléfono que guarda en la bolsa trasera de su pantalón y no requiere esforzarse para conocer lo que necesita saber. Una de las consecuencias es que el cerebro humano no está diseñado para manejar la inmensa cantidad información que es posible encontrar en la Internet. Aunque lo más dramático es que dejamos de utilizar el cerebro para pensar, y menos críticamente.
Ante la enormidad de datos que es posible consultar en un dispositivo y bajo la consideración de que el cerebro no tiene la capacidad de contenerlos y manejarlos, las personas recurren a lo inmediato. Por ejemplo, en lugar de hacer cálculos mentales para saber cuánto es 7 mil 832 entre 51, cualquiera sacaría su dispositivo y obtendría el resultado al instante. Otro ejemplo sería saber cuál es el número telefónico de un conocido, para lo cual bastaría encender el teléfono y verlo en Mis Contactos. Sí, efectivamente, es más fácil, práctico e instantáneo tomar el dispositivo y encontrar cualquier dato necesario, pero nadie usaría el cerebro, nadie pensaría.
De acuerdo con algunos investigadores de psicología, hay dos sistemas en el pensamiento, y todos están recurriendo al pensamiento rápido, automático, intuitivo y han abandonado la práctica del pensamiento lento, exigente, analítico. Es este último sistema de pensar donde está la capacidad del pensamiento crítico: el que permite dudar, cuestionar y analizar. Así que, al usar sólo el pensamiento rápido y automático, es abandonado el pensamiento crítico. Por ello, las personas han dejado de pensar en posibles respuestas a preguntas que surgen. En estas circunstancias, la gente no recuerda la información en sí, sino sólo dónde la localizó.
Esta rareza, cada día más creciente, se le ha identificado como fenómeno Google, en el que las personas dependen de los buscadores y la inteligencia artificial, lo que les hace menos proclives a memorizar y comprender el conocimiento. La consecuencia de todo ello es una pereza mental: la gente está prefiriendo más las frases impactantes que los análisis completos, los titulares de noticias más que los reportajes íntegros, los mensajes abreviados que las cartas textuales… La situación es preocupante y, al parecer, nadie hace nada por recuperar el pensamiento perdido, el crítico: el que nos hace dudar, reflexionar y cuestionar. El Estado mexicano en su conjunto debería tener ya diseñada una estrategia a aplicar desde el sistema educativo nacional, pero no se ve nada al respecto.
Edición: Fernando Sierra