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Pasar cuarentena en un hotel de lujo sin huéspedes, "triste y desolador"

Rosario Ruiz
La Jornada Maya

Playa del Carmen, Quintana Roo
Lunes 25 de mayo, 2020

Caminar por los pasillos vacíos es desolador, señala Indira Franco Zamora, trabajadora del hotel Ocean Coral & Turquesa Puerto Morelos, lugar donde ha pasado la cuarentena y lo que para muchos podría ser un sueño para ella puede llegar a ser deprimente: “no hay una palabra que describa la desolación que sentimos, estamos acostumbrados a estar rodeados de tanta gente y ahora nada”.

Su sentimiento es compartido por Giovanni Mendoza, jefe de mayordomos de El Dorado Maroma, quien cumplió ya siete semanas confinado en ese gigante frente al mar de 157 habitaciones.

Indira explica que todo fue muy gradual. “Nos ofrecieron la posibilidad de quedarnos en el hotel, se vieron muy buena gente al apoyarnos”. Desde el 23 de marzo, ella y otros 30 empleados que viven la cuarentena en el hotel están apoyando en labores de vigilancia.

Su jornada comienza a las 7:00 horas y termina a las 16:00; “las habitaciones se abren a diario, se checan aires acondicionados, para salvaguardar el mobiliario, se abren diariamente puertas y ventanas de las habitaciones”.

Sobre el regreso a las actividades menciona: “Lo que más hiela el corazón es que como yo estoy con los niños, ellos son apapachadores, cálidos, llegan y te abrazan, te saludan. ¿Cómo le dices a un niño educadamente y sin romperle su corazoncito que no te abrace ni se acerque?”

“No te puedo decir que volveremos a la normalidad, porque no lo vamos a hacer, tenemos que aplicar una nueva normalidad y la verdad es que si va a ser complejo, porque si bien tenemos que guardar distancia por seguridad y por higiene, también tenemos que estar conscientes de que los turistas van a venir a vacacionar y olvidarse de todo lo que pasa en sus casas y todo lo que ven en las noticias, lo menos que van a querer es seguir lineamientos. A eso súmale que todos tendremos que traer una careta, un cubrebocas…”.

[b]Sin abrazos[/b]

Por su parte, Giovanni narra que cuando comenzó la contingencia, los directivos del hotel les informaron que seleccionarían una guardia semanal para que no dejen de trabajar ni de percibir ingresos; estas personas se trasladan en el transporte de personal del centro de hospedaje y deben acatar medidas como no usar áreas como la playa o el restaurante.

“Sientes un nudo en la garganta al ver tu hotel cerrado, resguardar todo, mandar cosas a la bodega para que no se echen a perder. Es algo triste, deprimente, sobre todo porque es un hotel donde siempre andamos corriendo, casi todo el año estamos al 100 por ciento”.

Desde la primera quincena de marzo, Giovanni no ha abandonado el hotel; todos los días, “a las 8:15 (de la mañana) hay una reunión donde nos dan a conocer la situación del COVID-19, cómo está todo con las aerolíneas, las reservas… se dan las asignaciones del día y tomamos el desayuno en el comedor para empleados. Tenemos una agenda de mantenimiento a habitaciones por secciones, vemos la limpieza con ama de llaves”.

Con el hotel cerrado, dan mantenimiento al mobiliario y equipo, y aunque siente raro tener tanto tiempo libre, agradece a los propietarios por todo el apoyo que les han brindado.

Señala que con los formatos post COVID-19 que les están dando, los protocolos cambian mucho: “todos nuestros huéspedes son muy repetitivos y nos ven como familia, nos saludan muy efusivamente, incluso con un abrazo y esta vez me imagino que no va a haber abrazos. Va a ser algo totalmente diferente a lo que estamos acostumbrados”.

Edición: Elsa Torres

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