Fallece 'El Válvula': histórico buzo de Isla Mujeres

En olvido y miseria muere García Castilla, quien descubrió cueva de tiburones dormidos

Fabrizio León Diez
La Jornada Maya

Sábado 6 de mayo, 2017

El paraíso está descuidado, enfermo y con la negligencia llegó el olvido, que llevó a la muerte a uno de los hombres que le dieron fama y prestigio a Isla Mujeres; murió Carlos García Castilla, mejor conocido como el Válvula.

Los verde azules del mar Caribe y el muestrario de yates se intercalan en mosaicos. Hoy, ni los habitantes y ni sus autoridades recuerdan cómo era la isla hace 50 años. La memoria más cercana, de cuando se le comenzó a llamar “el sitio más hermoso de la Tierra”, nos la cuenta Román Llaneza.

Los lugareños también han olvidado a Carlos García Castilla, mejor conocido como el Válvula, quien falleció este viernes cinco de mayo y es distinguido como recio pescador, convertido en buzo de antología, gracias a su notable resistencia bajo el agua. Entereza que lo llevó a ser parte fundamental del equipo formado por el mítico Ramón Bravo, el camarógrafo y periodista submarino mexicano más destacado, y luego a la tripulación del Calypso, cuyo capitán, Jacques Cousteau le brindó un camarote durante un largo trayecto por los mares, pues el Válvula tuvo un sentido de orientación único y una capacidad de buceo especial. Su muerte se dio en la miseria a los 67 años y sin ningún tipo de reconocimiento, ni apoyo de las autoridades municipales emanadas del PRI y el Partido Verde.

Hace un mes tuvimos la oportunidad de entrevistarlo frente al muelle, invitados por Román Llaneza, uno de sus pocos y grandes amigos, quien nos cuenta que al medio día, y una horas antes de morir, Carlos Castilla le solicitó una ayuda de 100 pesos.

“Ha muerto un gran hombre que se merecía mucho más que el terminar dormido y jodido. El Válvula, fue uno de los mejores buzos del mundo, un hermano de Ramón Bravo y un ícono de Isla Mujeres, pero sin ningún reconocimiento oficial de estas autoridades que tienen como característica, el ser descuidados”. “Nunca me atacó un tiburón porque ellos me veían como un animal extraño. Ahora no tengo ni para morir”, nos dijo en aquella ocasión

El Válvula fue quien descubrió el fenómeno de los tiburones que en una cueva aparentemente duermen o reposan, mientras las corrientes de ciertas aguas dulces los ayudan a desparasitarse y curarse, según el reconocimiento entre los especialistas. Ésta, así como decenas de investigaciones genararon una amplia derrama económica para Isla Mujeres; no obstante, hasta la fecha dichos aportes no bastaron para pagar su funeral, para algo de herencia a sus 12 hijos, ni mucho menos para darles un pésame.

Sus pulmones de acero se agotaron, tanto como su mirada y sus pasos.

En su propia voz. La entrevista

“Mi padre fue un campechano y ahora vive con mi madre de 86 años y una hermana. Soy viudo por doble partida y tuve 12 hijos, ahora no tengo ningún ingreso, ni pensión, seguro médico. Ya no sirvo para nada. Válvula es un apodo de chiquillo: Cuando bajaba al fondo del mar me gritaban ¡válvula, válvula! Y así se me quedó.

“Nunca me atacó un tiburón, porque ellos nos me ven como un animal extraño”.

“El abuelo tenía terrenos en todo Punta Cobos. Vendió todo. Terrenos grandes.

Estudié hasta tercer año de primaria y mi mejor recuerdo del mar es cuando llegué al fondo y cuando conocí a Ramón Bravo. Él llegó a tomar fotos y yo tenía 18 años y pescaba y buceaba. Nunca con tanque, hasta que él me enseñó. Yo aguantaba minuto y medio y bajaba 30 metros.

Un descubrimiento

“Pescabamos chernas con anzuelos grandes y una rompio la linea; la seguimos y llegamos a la cueva. Me metí a 90 pies a puro pulmón con un visor y un esnórquel. La cherna se metió a la cueva que está ubicada a tres millas y media, 45 grados de aquí, y me encontré con 10 tiburones que no se movían. Dormidos. Subí y tiempo después le dije a Ramón. A la semana me habló. Iba con La rana y El Bomba, quien me acompañó al fondo, pues tiene mucha resistencia. Eso fue en los años 60.

Primero se publicó en la revista Deporte Ilustrado, luego Ramón hizo el documental y gustó, luego llegó Eugenia Clark, la bióloga, y luego Cousteau. Anduve ocho meses con ellos y los llevé para que vieran la migración de las langostas y por más que las seguimos nunca supimos de dónde venían ni a dónde iban, pero se formaban por decenas. Me contrataron y me pagaban muy bien; el trato era muy bueno. Llegué a ser socio de National Geographic y me mandaban dinero, hasta que de repente ya no.

“Bajé en el submarino de Cousteau. Siempre tenía algo nuevo qué investigar. Siempre estaba en acción. Tenía disciplina. El mejor momento de mi vida, el más feliz. Estar con ellos en el fondo del mar.

Decadencia

“Cuando murió Ramón todo se acabó. Yo me enteré a las 7 de la mañana. Se electrocutó. Ese día llovía y salió a cambiar un fusible. Le hicieron honores. Llegó el presidente Zedillo y el gobernador Mario Villanueva a depositar las cenizas en la cueva de los tiburones.

“Dejé de bucear porque ya no rendía. A la isla ha venido la gente del billete verde para hacerlo una base y sólo un negocio, y también muchos que han ayudado.

“Vivo de los amigos, ya no puedo pescar. Me es difícil vivir. La isla ha cambiado mucho, era tranquila y bonita. Ahora muy complicado con el tránsito. Nunca los políticos me apoyaron; el único fue Ariel Picho Magaña.

“No me arripiento de nada. Estoy muy triste. Ya no sirvo para nada. Ahora no tengo ni para morir”.

La historia tendrá que reconocer al Válvula como el descubridor del lugar que llevó a que Isla Mujeres fuera ubicada en el plano de la investigación oceanográfica y a que los tiburones dormidos fueran documentados por decenas de investigaciones. En tanto, las autoridades municipales y el gobierno estatal debieron hacerse cargo de sus últimos años, en recompensa a todo lo que su trabajo aportó a la economía y cultura de una isla en la que deambuló, desamparado y a expensas de sus amigos. Isla en la que hoy, ni su recuerdo habita.

Isla Mujeres, Quintana Roo

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