La ciencia, por encima de las 'chucherías': Yuri Peña

El activismo ambientalista, un gran negocio

Hubert Carrera Palí
Foto: Fernando Eloy
La Jornada Maya

San Francisco de Campeche
Lunes 05 de junio, 2017

“No podemos creer en chucherías y hacer a un lado a la ciencia,” expresó el Yuri Peña Ramírez, investigador del Colegio de la Frontera Sur (Ecosur), quien consideró que el activismo ambientalista resulta un gran negocio y Greenpeace es el más vivo ejemplo de ello desde hace más de 20 años.

“El activismo es una cuestión que no nos podemos quitar porque es un negocio. La gente vive de eso. La gente contrata abogados. Hay cuestiones en donde la gente gana. Greenpeace es el mejor ejemplo, lleva más de 25 años de hacer negocio con el activismo, pero esto no puede ni debe de estar por encima de la gente”.

Aseguró que en países como Estados Unidos han surgido activistas que ya no quieren que se vacune a los niños, o dicen que la tierra es plana, que cuando venga un eclipse el niño nace deforme o que para nada sirven las quimioterapias, que es mejor tomar medicamentos homeopáticos.

Para el investigador, este tipo de cosas, cuando se creen, afecta tremendamente a un país como México. “No se puede comenzar a creer en chucherías cuando de por medio está la ciencia”.

Preguntado en relación a las protestas de carácter internacional que algunos grupos ambientalistas están enarbolando por el aprovechamiento de maíz genéticamente modificado producido por Monsanto, Peña Ramírez consideró que toda la polémica generada es por el activismo pero, subrayó, dentro de la comunidad científica no existe ninguna duda. “Toda la polémica que hay es por el activismo porque la comunidad científica no la tiene. La comunidad científica tiene acuerdos y estos son muy claros en cuanto a que este tipo de productos siguen las normas establecidas en bioseguridad tanto en el aspecto ambiental como en el de salud humana”.

Transgénicos, garantizados

En cuanto a la prohibición de sembrar soya transgénica en Campeche, el investigador explicó que no se siembra ya por cuestiones de carácter técnico y legales. “La suspensión se dio porque en el proceso de liberación de organismos genéticamente modificados en la ley se contempla la realización de una consulta para los pueblos indígenas para conocer si afecta su modo de vida pero ésta no se dio y es lo que ha reconocido la Comisión Intersecretarial de Bioseguridad de los Organismos Genéticamente (Cibiogem); por eso la consulta se está dando”.

Sin embargo, reiteró, no hay indicios de carácter científico que aseguren que la soya transgénica cause algún tipo de daño a la salud de las personas.

“No hay daños a la salud, al medio ambiente específicamente por sembrar transgénicos. Las afectaciones al ambiente se originan por la agricultura normal, o sea los agricultores necesitan tierra para sembrar su cultivos y lo hacen desmontando usando el tradicional método de la milpa que camina y eso sí causa estragos al medio ambiente”.

La idea de todo esto es ofertarles a los productores tecnología para que sus productos den rendimientos en su beneficio, con el empleo de poco espacio y menos áreas de desmonte, concluyó.