"El error de los escritores es buscar reconocimiento"

Entrevista a Mauro Barea, escritor

Héctor Cobá
Foto: Esaú Barea
La Jornada Maya

Cancún, Quintana Roo
Miércoles 13 de diciembre, 2017

El narrador y autor de la novela El Colapso del tiempo, Mauro Barea (Cancún, México: 1981), hoy radicado en Cádiz, España; accedió a platicar con La Jornada Maya, vía la tecnología digital, donde contundente afirma: “trato de no volverme loco por publicar algo u obligar a que se publique”, esto tras obtener el premio Jóvenes Creadores del Ayuntamiento de Ávila (Castilla y León) con el cuento Los peces muertos son los únicos que siguen la corriente.

Hace cinco años, un presentador del libro El Colapso del tiempo señaló del autor: “Con una inclinación amorosa a la cultura maya, así como una visión amplia y profunda de ésta, conocedor en muchos aspectos de esa herencia milenaria, de Mauro Barea sólo queda esperar su próxima obra que enriquezca aún más la literatura cancunense, así como la nacional e internacional, lo que es un gran compromiso”. ¡Cumplió en el último mes de 2017!

Mauro Barea es un caso raro en Cancún. Llama la atención que él sea un literato nativo de la ciudad, ya que la gran mayoría es de fuera. Acérrimo crítico de la comodidad y la autocomplacencia literaria, manifiesta su sentir como escritor, de México hacia Europa, de sus mentores Hernán Lara Zavala y Carlos Martín Briceño; de las influencias literarias sobre su escritura y de su producción literaria actual.

¿Considera que su obra no es reconocida en el país y sí en Europa?
Hablar de reconocimiento es tan subjetivo como decir que en Quintana Roo existe un aparato cultural que pueda sostener un hilo conductor, que lleve a reconocer a alguien, sobre todo en la literatura, a excepción de unas cuantas personas que valoro mucho. Es un tema el cual abordé en un ensayo* que saldrá pronto, así que no me extenderé en ese tema. No me preocupa ser reconocido o no. En las letras, el narrador existe para algunas cosas primordiales. Una de ellas es buscar la mejor forma de contar las cosas, aprender-aprehender de lo que le rodea y lograr que las palabras transmitan algo, a sí mismo y a los demás. Uno de los errores comunes es buscar afanosamente el reconocimiento sin antes trabajar para conseguir que los textos sean medianamente buenos, y es un mal generalizado en México y España.

Sin embargo, si hablamos de otro tipo de reconocimientos personales, están las antologías de cuentos Sangrar para narrar (Cisnegro, 2016) y la que salió recientemente, Sureste (Ficticia, 2017) bellamente editada por Carlos Martín Briceño y Marcial Fernández. Esta última antología marca una pauta sobre la narrativa que se escribe en la península de Yucatán y el sureste del país, y el reconocimiento es haber sido incluido en ella, junto a grandes plumas. Me siento profundamente agradecido por ello. Y pues recientemente, el premio de Ávila, lo considero un punto de enfoque, un indicador que me dice dónde estoy parado. Me alegra que un jurado considere que uno de mis cuentos merezca esa distinción.

Influencias literarias

¿Cuáles autores considera influenciaron su creación literaria; a quienes ha dejado?
Hay una lista grande; leo de todo, ya sea por recomendación, autores clásicos y subversivos que estudié en la maestría y de los que quiero empaparme, y de algunos amigos que están publicando novedades muy buenas, pero digamos que no dejo a nadie, a menos que me parezcan muy malos o no me transmitan nada. Ahora, por ejemplo, ando con Montaigne, (Italo) Calvino, Bulgákov, (Honoré de) Balzac, (Umberto) Eco, (William) Golding… un descubrimiento interesante fue Los girasoles ciegos, de Alberto Méndez, un repaso desgarrador de la Guerra Civil española y que aquí es obligatoria su lectura en los institutos. Juan Soto Ivars y Daniel Fopiani, por ejemplo, están haciendo cosas interesantes en sus respectivos campos de prosa. Y de influencia, hay muchos autores, la lista sería enorme, ya no me apego a unos cuantos, busco experimentar en mi narrativa; algunos experimentos salen muy mal, otros pegan, como sucedió con el cuento que ganó el Narrativa Joven de Ávila. Sin embargo, los consejos de estos dos grandes, Martín Briceño y Lara Zavala, personalmente me han ayudado inmensamente y suelo apegarme a ellos.

¿Qué impulsa su narrativa después de la novela El Colapso del Tiempo?
Cuando conocí a Carlos Martín Briceño hace unos años por Montezuma’s Revenge, se sorprendió que yo fuera tan extenso, ya que en aquel tiempo sólo se dedicaba a escribir relato corto, y comentaba que sus relatos llevan un proceso generalmente largo de maduración y cuidado. Ahí me di cuenta que era un tremendo desastre en mi narrativa, y me impuse un nuevo reto, escribir relatos cortos. Después del Colapso había escrito algunos cuentos muy extensos, y esos fueron la semilla que inició el proceso de la brevedad que transmití a todos mis textos. Hernán Lara Zavala me proveyó de muchísima teoría que seguí (y sigo de alguna forma) a rajatabla. Todo esto, junto a la maestría que cursé, permitieron de alguna forma una evolución en lo que escribo. “Imagina, sí, pero no te excedas en la imaginación” me dijo una vez, y le creí.

¿En el panorama literario de Barea hay una nueva novela, un cuento, guión, ensayo largo?
Ahora ando hasta arriba de trabajo en revistas literarias: colaboro con Fopiani, en Relatos sin contrato aquí en España, con Nadia Contreras, en Bitácora de vuelos en México, con Federico Rudolph, en El Rendar de Argentina y además como columnista en el periódico El Castillo de San Fernando. Ocasionalmente hago entregas a la revista Cuadrivio (ahí salió un ensayo sobre Lilí Conde** y su obra) y hace poco me comisionaron un ensayo en otra revista importante. Al margen de esto sigo haciendo cuentos, retocando novelas que ya tengo acabadas, y buscando la forma de iniciar uno de los dos proyectos de novela que inicié hace tiempo, pero que no he conseguido abordar de lleno. Uno de los consejos que me han dado los maestros desde muy joven es ser paciente, y aunque me es difícil, trato de no volverme loco por publicar algo u obligar a que se publique. Ya vendrá por sí solo.

Malas letras de Cancún

Desde una perspectiva: algo malo sucede con las letras de Cancún de Mauro Barea, alguna citas del ensayo: “…cuando entra el problema de las letras en una ciudad como Cancún: no se pueden respetar ni a sí mismas, no se pueden sostener y terminan quemando a quienes lo intentan: presentaciones para la familia y amigos del autor del libro, pedir favores para obtener espacios (como si esto lo fuera) a los pocos sitios culturales, esperar una respuesta titubeante que se transforma en silencio o negativas de las instituciones (y cobro en algunos casos, sí, cobro por presentar un libro) y tras la presentación, firmas y aplausos de un núcleo reducido adyacente al lector, para finalmente volver al vaivén de las olas de lo mundano.

"Ahí acaba el sueño de un libro publicado en Cancún, y de los escritores que lo permiten.

"Aldous Huxley lo expone claro: El retorno a la cultura. Sí, sí a la cultura. Pero no se consume gran cosa cuando se pasa uno las horas muertas leyendo libros. Ciertamente esto es una máxima en la ideología institucional de Cancún. La cultura ha sido a través de la Historia como dependencia y como entidad propiamente dicha, un adorno institucional y última prioridad por no decir nula en la agenda de los H. ayuntamientos y gobiernos estatales”.

Mauro Barea presentó en 2012 y 2013 su primera novela El Colapso del tiempo, en España y México; fue consultor en el documental sobre Gonzalo Guerrero Entre dos mundos; estudió la Maestría en Creación y Apreciación Literaria en el IEU Puebla. Fue finalista en el I Premio Hispania de Novela Histórica de Madrid en 2013.

Colabora en las revistas Relatos sin contrato (España) Bitácora de vuelos (México) y escribe la columna Mexicano en Gades para el periódico El Castillo de San Fernando (Cádiz). Recientemente fue incluido en Sureste, antología de cuento contemporáneo de la Península (Ficticia, 2017).

**Narradora chetumaleña