Los dobleces de la memoria en 'Península III'

La muestra explora las propuestas artísticas peninsulares

Johanna Martín Mardones
La Jornada Maya

Lunes 9 de julio, 2018

La memoria como concepto es, actualmente, uno de los temas de interés que abordan los creadores desde distintas aristas.

Situarse, desplazarse son acciones performáticas del artista-autor hacia el corpus objetual de la obra, acto que transforma-perturba un espacio reflexivo de apertura y encuentro con el lugar referido.

Bajo el nombre Península III. Memoria y desdoblamiento, presentado en el Centro Cultural La Cúpula, un grupo de artistas propone una mirada a la península desde la panorámica y el movimiento, desde situarse y desplazarse, desde la memoria a sus (des)doblamientos, correspondencias que se producen al emplazarse desde distintos lugares para observar un mismo territorio. La presentación cruza tallado en madera (Gerda Gruber), impresión digital (Mirián Reyes, Alex Dorfsman), grabados (Emilio Said, Valentina Alarcón, Fernando García Ponce, Mariana Pacho), ensamble de maderas (Eugenio Encarnación), instalación (Omar Said, Joaquín Maldonado, Pablo Tut), pintura (Gabriel Ramírez, James Brown, Isaac Zambra), dibujo (Luciana Castaneira, Samia Sarah) y fotografía (Javier Álvarez), disciplinas y montajes diversos para hablar de un mismo concepto territorial desde la memoria. El tiempo como factor fundamental está ausente en cuanto estructura posible y tangible, sólo un boceto en el acto contemplativo.

La península se vuelve performática en la convocatoria de múltiples miradas que pliegan y despliegan los dobleces de una comarca cuya flexibilidad traza un recorrido abierto, generoso y rizomático que se mueve desde el bloque a la pluralidad, y que oscila entre la región como gran texto-territorial a la fisura de pequeños-relatos sin dejar de lado su enmarañamiento.

La relación de las distintas disciplinas conecta, en una relación agenciada, a la memoria como eje regulador con distintos sedimentos de su propia naturaleza. Así aparecen estratos claros y precisos de la memoria territorial como paisajes, mapas, estructuras, manchas de terreno, en fin, distinta mesetas, tantas como relaciones posibles permitan los procesos rizomáticos. De esta manera, cada relación agenciada establece una nueva condición performática. La representación más clara es la de los cubos transparentes (Isaac Zambra) de distintos tamaños que proyectan fragmentos de realidad almacenados, la historia tras cada edificio simulado por un cubo, cada (sub)fragmento autoriza una existencia otra promoviendo junto al observador una persistencia nueva. La mirada debe transitar por un proceso intermedio, umbral de la memoria, para llegar a un resultado final, la imagen tras el recuerdo, como si debiera pasar por un proceso de decodificación, raspaje de la memoria para que aparezcan, sobre el muro, las escenas albergadas. Las figuras que (re)crea cada cubo abre un espacio en el inconsciente y es justamente el agenciamiento el que permite las relaciones múltiples de los objetos-representaciones instaladas. Algo similar ocurre con el visualizador de fotos propuesto por Omar Said; en ambas, la ampliación de la imagen que se proyecta a través de los objetos establece una distancia, una temporalidad sutil y simbólica porque la imagen debe, indefectiblemente, pasar por el cubo y el visor antes de ser proyección ficticia.

Los dibujos de formas humanas, reunión de mujeres (Samia Sarah) hechos a mano alzada, las cabezas de muñecos (Joaquín Maldonado), formas ingenuas rescatadas de la infancia, todas en blanco y el dibujo de paisaje a muro completo (Luciana Castaneira) establecen otro sustrato de la memoria vinculado a relatos periféricos menores, es decir, ubicados en otra meseta hasta configurarse la reunión de todas que constituye, en el juego de (des)doblamientos, los distintos paralelismos de la memoria.

La reunión de obras disímiles, unidas bajo el concepto memoria y desdoblamientos, propuesto por la mirada artística, entrama en tiempo presente hibridajes culturales propios de un territorio mirado y pensado desde un espacio geofísico diverso que en su repaso abre un mecanismo interrogador ¿cuáles son las características de este territorio peninsular? y propone una nueva plataforma de observancia como espacio habitado y habitable, traslación de la experiencia a la conciencia desde la propia construcción simbólica, abriendo un vaso comunicante con la realidad contemporánea que se universaliza al proponer la revisión y la inflexión de una estética de la identidad abierta a partir de los diversos recursos que propone la memoria y sus desdoblamientos, desde la imagen visual bidimensional hasta la instalación, recurso utilizado por los artistas para construir realidad en y desde la memoria peninsular.

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