Murió 'Mane' a los 105 años. Sus mil batallas

Fue madre del líder del Movimiento estudiantil de 1968, Raúl Álvarez Garín

Blanche Petrich
Foto: Fernando Eloy
La Jornada Maya

Ciudad de México
Miércoles 1 de mayo, 2019

Cuando se alcanza un siglo de vida con la lucidez intacta se puede hablar de recuerdos del pasado y del “pasadísimo”. Eso me dijo Manuela Garín hace cinco años, cuando fui entrevistarla con motivo de su cumpleaños número 100. Y me describió con memoria fotográfica una imagen que vio cuando apenas tenía tres años: ella navegaba en un barco que cruzaba el Atlántico para alcanzar la costa de Cuba. Era 1917. Estaba en la cubierta y madre la tenía de la mano. Entonces vio una ballena que flotaba. Y varias aves marítimas posadas encima de su lomo. Un recuerdo en viva voz del “pasadísimo”.

Mane, como le decían sus numerosísmos amigos, abrazaba fuerte, bajaba los tres pisos de su departamento, en el Multifamiliar Juárez, en la Colonia Roma, no perdonaba los famosos “desayunos de los martes” en su modesto comedor, a donde acudían decenas de cuates, como les llamaba, a contarle jugosos chismes y novedades del mundillo político. Últimamente disfrutaba en especial los relatos y anécdotas de la 4T.

Este martes Manuela murió tranquila, en su cama, sin ninguna otra dolencia más que sus bien vividos 105 años.

La revolución, las matemáticas, la camaradería y la docencia fueron algunas de las batallas de Manuela Garín Pinilla, una longeva mujer, migrante a los tres años de su natal Asturias a Cuba y después refugiada en Mexico. Mane, como le llamaban sus numerosísimos amigos, fue pionera en las ciencias, pasó cinco décadas de su vida enseñando en las aulas, madre del máximo exponente del movimiento estudiantil del 68 y de una notable bailarina, activista por la libertad de los presos políticos y reformadora de la docencia de las matemáticas en las escuelas y universidades del país.

Y lo hizo, literalmente, desde Sonora a Yucatán. En el norte fue llamada para crear la Escuela de Altos Estudios de Sonora y aquí fue cofundadora de la Escuela de Matemáticas de la universidad.

Nació en 1914, el primer año de la era llamada “el siglo corto”, en Asturias. Su padrastro se trasladó con toda la familia a Pinar del Río, en Cuba, contratado por una compañía minera y ahí, lejos de las ciudades y a falta de escuela para Manuela, le inculcó el amor por los números, los cálculos y el conocimiento de las ciencias duras. La crisis económica y los pininos de Manuela en las tareas clandestinas contra la dictadura de Machado hicieron que, junto con su madre María Luisa y sus hermanos se embarcara nuevamente, esta vez rumbo a México. Aquí Manuela volvió a desafiar los límites que se imponían a las mujeres de su época y trabó muy pronto vínculos con trabajadores de las carnicerías y de ahí pasó a formar filas del Partido Comunista. Eran los años de Lázaro Cárdenas.

Fue una de las dos primeras mujeres en ingresar a la entonces muy pequeña Facultad de Ciencias de la UNAM y pionera en el estudio de las matemáticas. Era 1937. La sede estaba en el Palacio de Minería. Los estudiantes nunca antes habían visto muchachas en la universidad. “No era fácil porque éramos muy pocas y por lo general cuando los chicos veían pasar una mujer salían aullando. Pero una vez que nos conocían nos respetaban”, nos contó.

Hace años, en una entrevista, la periodista Paula Mónaco Felipe le preguntó lo que muchos en la vida nos preguntamos: ¿Porqué son importantes las matemáticas?

Lo son, respondió, “porque son pura lógica. Si sabes hacer razonamientos lógicos y sacar conclusiones, cuando te dicen algo que no tiene lógica dices: “pera, pera, barájamela más despacio, ¿dónde me quisiste engañar o dónde te tropezaste y te fuiste por otro lado?” Es muy difícil que se engañe a la gente que sabe matemáticas”.

Esposa del ingeniero Raúl Álvarez fue una esposa y madre poco convencional. Mane narró en una entrevista realizada hace cinco años para este diario que en el sencillo comedor de su departamento de la colonia Roma, nunca se dejó de hablar y discutir sobre política: los ferrocarrileros, la autonomía universitaria, Vietnam, Cuba, las dictaduras, los estudiantes, la militancia, el autoritarismo. Su hijo Raúl Álvarez Garín de niño y adolescente nunca dejó de parar oreja.

Contribuyó al desarrollo de modelos matemáticos de geomagnetismo; desarrolló en los años 70 los planes de estudio y libros para la enseñanza media y superior y fue docente en el Tecnológico o de Monterrey y en la Facultad de Ingeniería de la UNAM.

El 2 de octubre de 1968, durante la represión de Tlatelolco, su hijo Raúl, líder estudiantil del Politécnico, cayó preso. Su consuegro Valentín Campa ya estaba en la cárcel. Acompañada siempre por su nuera María Fernanda Campa, por Elena Poniatowska y Montse Gispert fueron asiduas acompañantes y defensoras de los presos políticos.

Recuerda Elena Poniatowska en una de sus crónicas: “Manuela Garín de Álvarez resultó un ejemplo de entereza y sentido del humor en esos años en los que todo era miedo”.

Así fue la vida plena de esta longeva mujer.