Diversidad musical, el 'streaming' y las series marcaron el 2019

'Game of Thrones' se coronó como el fenómeno cultural de los últimos años

Afp
Foto: Tomada de Twitter
La Jornada Maya

Nueva York, Estados Unidos
Miércoles 18 de diciembre, 2019

Cada diciembre trae una avalancha de listas con "lo mejor de": películas, libros, discos, series de televisión... pero con el cambio de año, la gran tentación está en definir los hitos de los pasados 10 años. La tarea, sin embargo, puede resultar intimidante, cuando no imposible.

Enseguida se resumen las tendencias principales en cine, música y televisión durante este lapso, desde la revolución del streaming y la era dorada de las series hasta una nueva generación de mujeres cantantes que trascendieron el escenario para convertirse en magnates todoterreno.

Generación streaming

La explosión de los servicios de streaming convirtió esta forma de consumir contenidos online en la nueva norma. Con este sistema de distribución todo está disponible todo el tiempo. Si comprar un CD es de los 90, descargar archivos de música es muy del 2000.


Video: Netflix Latinoamérica

Para los integrantes de la llamada generación Z, el grupo demográfico que sucede a los millennials, YouTube es donde se descubren las novedades.

A comienzos de 2010, Spotify, la aplicación de transmisión de música, tenía menos de un millón de suscriptores, y Netflix sólo un poco más de 12 millones. Los servicios de streaming no eran entonces más que una curiosidad. Casi 10 años después, Spotify cuenta con 248 millones de usuarios y Netflix reporta más de 158 millones.

El terremoto del streaming también sacudió los cimientos de la industria del videojuego: plataformas como Twitch o Mixer permiten a jugadores aficionados o profesionales difundir sus partidas en directo, seguidas en tiempo real por fanáticos que comentan las acciones en los chats.

Atracón televisivo

Hubo un tiempo en que mirar televisión era un asunto de compromiso, una cita con día y hora marcadas: quien quisiera mirar Seinfeld debía estar frente al televisor durante la emisión, con pena de quedar fuera de las conversaciones de oficina al otro día.



Los espectadores más allá de las fronteras de Estados Unidos, además, sufrían un inevitable periodo de espera hasta que el estreno o la nueva temporada se emitiera en su país.

Con el crecimiento de los servicios de streaming y el paulatino alejamiento del público de las cadenas de televisión tradicionales y sus grillas de programación, la televisión finalmente se convirtió en un fenómeno global.

La ansiedad por el próximo capítulo, al que había que aguardar una semana, dejó lugar a un nuevo comportamiento: el atracón televisivo o binge-watching, que consiste en mirar de una sentada una serie completa.

La feroz competencia entre cadenas televisivas, canales de cable y los gigantes online ha generado cientos de nuevos programas que cada año multiplican la oferta.

Presupuestos antes impensados en TV, libertad para desarrollar tramas y personajes en amplios arcos narrativos y nombres de peso tanto delante como detrás de cámaras han producido casi una década de éxitos.

Juego de tronos, la adaptación de los libros de George R. R. Martin, que se estrenó en 2011 y terminó tras ocho temporadas en 2019, fue quizá el fenómeno cultural del año.



La saga fantástico-medieval, cargada de sangre y erotismo, cautivó a las masas y propició una industria de productos asociados, convenciones de fanáticos y tours por las locaciones donde se filmó.

Otro éxito fue el de Breaking bad, serie que trata sobre un profesor de química devenido en narcotraficante, o el terror distópico de El cuento de la criada, adaptación de la novela homónima de Margaret Atwood.



La comedia Modern family, el drama político House of cards o la frescura de La maravillosa señora Maisel también figuraron entre las preferencias del público.

El imperio Disney

Casi uno de cada tres dólares que se gastaron en los cines de Estados Unidos este año fue a parar a las marcas de la compañía del ratón Mickey, que en 2019 superó la impactante cifra de 10 mil millones de dólares de recaudación global anual.

El récord, que el estudio ha logrado incluso antes del estreno de Star wars: el ascenso de Skywalker –que a fin de año cerrará una saga espacial de nueve películas–, superó la marca anterior de 7 mil 600 millones de dólares, de 2016, que ostenta... Disney también.


Video: Star Wars Latinoamérica

Parte de la explicación del fenómeno está en el frenesí de adquisiciones, a un costo de miles y miles de millones de dólares, que comenzó en 2009 con la compra de Marvel.

La inversión dio sus frutos: los superhéroes de esa casa –entre los que se incluyen Iron Man, Capitán América y Hulk– arrasaron la taquilla durante estos últimos 10 años.

Luego, en 2012, Disney adquirió derechos sobre el universo de Star Wars (la saga creada por George Lucas, que tuvo su origen en 1977), cuando compró los estudios Lucasfilm tras desembolsar más de 4 mil millones de dólares.

Por si fuera poco, la compañía ha sacado nuevo jugo a su viejo catálogo, transformando clásicos de dibujos animados como El libro de la selva y Aladdin en lucrativas películas con actores de carne y hueso.

Todo esto, sin contar el fenómeno Frozen, la historia del reino congelado de Arendelle, que este año volvió a cautivar a legiones de fanáticos con la secuela Frozen II.



Apuntando a la diversidad

Algunos hitos sugieren que ciertas fronteras –no sólo geográficas– se han borroneado y que la diversidad cultural logró acomodarse en el centro del escenario. La música conoció fenómenos globales inéditos como el éxito del llamado K-Pop (de korean pop, pop coreano), con la banda BTS a la cabeza.



En los 2010, Latinoamérica exportó el reguetón al mundo, también un nuevo género conocido como trap. Hasta el día de hoy, Despacito (2017), de Luis Fonsi y otros compositores, es el video más visto en YouTube con más de 6 mil 500 millones de reproducciones.

Para comprender este año, es necesario reparar también en movimientos como #MeToo y Time’s Up, que denunciaron abusos sexuales y disparidad en la industria.

Tanto las academias del cine y la producción discográfica de Estados Unidos acusaron recibo de esos y otros reclamos por mayor diversidad –de género y también racial– en sus filas y cuerpos de votación, que son los que terminan decidiendo sobre premios como el Óscar o el Grammy.

Estrellas, empresarias y mujeres

En la música pop, una lección que arroja este periodo es que ya no basta con tener buena voz, apariencia agraciada y canciones pegadizas. Las estrellas del año, además, estampan su nombre en colecciones de moda, venden sus propios cosméticos o dirigen películas.

Beyoncé se erige a todas luces como la diva de los últimos tiempos: arrasó en el Festival de Coachella, tuvo un papel protagónico en el remake de El rey león y cautivó al público con su álbum-película Lemonade. Pero además está al frente de una marca de ropa deportiva y dirigió un documental sobre su actuación en Coachella.


Video: Beyoncé

Rihanna, cantante de 31 años, nacida en Barbados, no sólo ha conquistado las listas de éxitos, sino también ha ganado fortunas con una línea de cosméticos y de lencería.

Taylor Swift, ganadora de 10 premios Grammy, es otro caso, así como Lady Gaga, quien confirmó la tendencia y asombró con su actuación en Nace una estrella, película ganadora de un Óscar a la mejor canción original.