'Notas de Jardinería' retrata el lado más personal de Katia Rejón

El primer libro de la autora consta de 27 poemas publicados por Cuadrivio

Juan Manuel Contreras
La Jornada Maya

Mérida, Yucatán
Jueves 19 de marzo, 2020

Katia Rejón, una de las jóvenes promesas de la literatura yucateca, sumó a sus logros en las letras la publicación de su primer libro digital Notas de Jardinería, en el que hace gala de su sensibilidad y la plasma en 27 poemas que retratan los últimos cinco años de su vida. La pieza consta de cuatro episodios y su publicación fue posible gracias a la editorial Cuadrivio.

A lo largo de 58 páginas, Katia se sincera con sus lectores y levanta el telón de su vida personal. Lejos de la militancia periodística y la defensa de los derechos humanos, la escritora, desprovista de pudor, cuenta su propia historia y muda sus textos de la tercera, a la primera persona.



“Es la primera vez que publico algo, hasta cierto punto, organizado”, reconoció en entrevista con La Jornada Maya, para el que también colabora quincenalmente. Los poemas que integran el libro han sido publicados en diversas revistas digitales, pero con otros nombres, por lo que Notas de Jardinería es un compendio de esas piezas.

Sentimientos universales

La primera parte del poemario se titula Los nombres del verano y está dedicada a sus allegados; a personas que de una u otra forma impactaron en la vida de la autora. Todos presentan un común denominador: nacieron durante el verano.

“En la poesía, al contrario del periodismo, siempre hablo de cosas que me suceden y la gente que me rodea, siempre tratando de que sean sentimientos universales”, añadió.

En Sur de Noche, la segunda sección del libro, Katia Rejón se apropia de la poesía urbana, inspirada en Mérida y Guadalajara y a través de sus letras pretende plasmar la imagen del puente que ha construido entre ambas ciudades.

Para ella, la capital yucateca y la perla de occidente son urbes muy diferentes. “Aquí tengo mi vida”, dice; y pese a no haber nacido en Mérida, se considera yucateca y presume con orgullo sus raíces. Además, en su historia familiar han transitado por la ciudad en varias ocasiones, “siempre nos vamos y siempre volvemos”.



Por otro lado, Guadalajara es una ciudad que la cautivó y en numerosas ocasiones se ha sentido tentada a mudarse ahí, “aunque me asusta”, confiesa. En una de las piezas que integran esta sección de la obra, aborda la desesperación de estar en ese lugar y saber que debería quedarse ahí; pero una fuerza aún desconocida la regresa a las lajas del mayab.

Aprender a soltar

El tercer capítulo, Menos mal que me fui, es la parte más “amorosa”, según la poetisa, ya que habla de cosas todavía más personales, pues no se basa en experiencias, ciudades o entornos; sino en sentimientos íntimos como el desamor, la desesperación y el aprender soltar las cosas a las que nos sentimos ligados.

Para ella no es que sea más difícil escribir sobre temas personales, sino considera que implica otro ritmo. Su experiencia la ha acostumbrado a escribir varias notas al día; y en contraste, escribió estos 27 poemas en 5 años.

“Está bien pensar en las demás personas, involucrarse en temas colectivos; pero también está la parte de pensar en una misma y organizar esta vorágine que ha sucedido en los últimos cinco años de mi vida para plasmarlas en un formato poético”, explicó.

Notas de jardinería para enfrentar el silencio

Finalmente, Katia nos presenta Notas de jardinería, apartado que da nombre al libro y cuya escritura fue muy distinta a las partes anteriores, ya que está escrita en prosa poética. Se trata de la última parte que desarrolló para la publicación y coincidió con un momento crucial para su autora: vivir sola.



“Hay una transición entre Menos mal que me fui y Notas de jardinería, por ejemplo, en un poema señalo que es una sentencia vivir con una misma y enfrentarse a la soledad y la paz que nos regala el silencio”.

A raíz de esta situación es que nace su interés por las plantas y decide construir un jardín. Ahí volcó la necesidad imperante de estar ocupada en esos momentos; y encontró en la jardinería una efectiva terapia.

Los senderos de la creatividad

“Los mejores versos me han salido caminando” asegura, pues cuando camina se le ocurre algo y con el tiempo lo perfecciona, “no es un proceso glamouroso ni bohemio”, reconoce; sino consiste en configurar una primera línea y a partir de ahí trabajar con lo que tiene.



“Hay veces que me siento a escribir y no sale nada; hay otras que tengo muchas ganas y mis deberes me lo impiden. Se trata de encontrar el punto común entre tener tiempo e inspiración”, detalla.

Katia ha sido una ávida lectora desde que tiene memoria y su poemario habla, de manera general, sobre la violencia a la que considera que todos estuvimos expuestos en algún punto de nuestra vida, “en la casa, en la escuela, en la calle y en todas partes”.

La metáfora del jardín

“La literatura ha sido algo que me ayudó desde siempre a ir arrancándome esa violencia”.

El proceso de desarrollo de Notas de jardinería coincidió con la voluntad de la artista en poblar su entrada con césped, sin embargo, lo colocó sobre la mala hierba; y el sol y la lluvia hicieron su labor, lo que la obligaba a levantarse muy temprano para que “no se la coma”.

Para ella, toda la literatura se resumió a esa epifanía, “lo que sucedía en mi patio es lo que nos sucede a muchos, entonces la literatura ha sido como esa podadora; una forma de sacar mis defectos y las cosas con las que todos crecimos, e intentar ser una mejor persona. Me ha ayudado a visualizar ese jardín que me gustaría tener y trabajar todos los días para que así sea”, concluyó.


Edición: Gina Fierro