Panteones y crematorios, saturados ante decesos por COVID-19 en CDMX

Cifra de siete mil 179 muertos por coronavirus en México, puede no asemejarse a la real

La Jornada Maya
Foto: Pablo Ramos

Ciudad de México
Lunes 25 de mayo, 2020

La matriarca de la familia Morales falleció a los 80 años el lunes pasado por causas naturales. En tiempos de pandemia, al dolor por su pérdida se acumularon nuevas angustias para sus parientes: colapsados los panteones y las funerarias tuvieron que disputar un espacio y un tiempo para darle sepultura y adaptar el ritual.

Los Morales tardaron casi 24 horas para encontrar un servicio funerario. Tuvieron que recurrir a “los oficios” del primo policía para desahogar el trámite.

De acuerdo con registros proporcionados a La Jornada por cementerios, funerarias y crematorios, en los últimos dos meses, en particular en mayo, los decesos por COVID-19 han registrado saturación en sus servicios y lo atribuyeron a los cientos de decesos ocurridos en este lapso por el COVID-19.

Hasta el sábado 23 de mayo, los indicadores oficiales reportaban la muerte por esa enfermedad de 7 mil 179 personas en todo el país (Ciudad de México con mil 197, Baja California con 518 y el estado de México con 453, son las tres entidades con más fallecimientos reportados por las autoridades). Sin embargo, los datos funerarios sugieren que ese número puede estar muy por debajo de la cifra real de decesos.

“Ni siquiera durante la influenza (AH1N1) tuvimos tantas defunciones como ahora. Tan sólo en dos días de la semana (pasada) atendimos casi 50 casos, casi todos por coronavirus. Los crematorios están hasta la madre. Ha pasado que tengo una cremación a las 6 de la tarde, dejo el cuerpo en espera para regresar a la funeraria por el servicio de las 8 de la noche, y cuando vuelvo aún no han cremado el pendiente de las 6”, señaló Ramón Porras, de Funerarias Juárez, negocio con más de 40 años ubicado en la alcaldía Gustavo A. Madero, a lado de uno de los centros COVID.

Tras un recorrido realizado por La Jornada en ocho cementerios, cinco crematorios y una docena de funerarias –incluidas las dos grandes firmas del país—, sus números evidencian que en los últimos dos meses sus operaciones han crecido, según sea el caso, entre 40 y 130 por ciento respecto al año pasado. Los entrevistados coincidieron que el humo que sale de los hornos se torna más negro porque los cuerpos por COVID van envueltos en bolsas de plástico.

Del 1 de abril al 20 de mayo, el Panteón Jardines del Recuerdo, al norte de la metrópoli, realizó 779 servicios funerarios, de los cuales 166 fueron fallecidos por COVID-19 (21.3 por ciento), más 46 casos por neumonía atípica (5.9 por ciento); en el Panteón San Joaquín de Tacuba se hicieron en ese lapso 71 cremaciones por COVID.

Mientras que en los 12 cementerios de Iztapalapa –la zona más afectada en la Ciudad de México— se han realizado más de 300 servicios atribuidos a la pandemia. El crematorio Izaz, en esa alcaldía, realizó 188 cremaciones en mayo del año pasado. Mayo de este año cerrará con un número mucho mayor, pues en los primeros 11 días del actual mes, las cremaciones habían sido 239.

La funeraria J. García López ha prestado 498 servicios por víctimas de ese padecimiento en la capital del país. El mayor número se registró del 9 al 15 de mayo, con un promedio de 28 casos diarios, un incremento de 40 por ciento. En su sede de la colonia Juárez, cerca del cruce de Insurgentes y Reforma, esta empresa instaló ya dos camiones refrigerantes con capacidad cada uno para 100 cadáveres. Hasta ahora sólo opera uno de ellos.

A nivel nacional, en sus más de 20 agencias, Gayosso ha otorgado más de mil 100 casos por COVID (hasta el 21 de mayo). Su mayor incremento se ha reportado en Tijuana y Mexicali, Baja California, con un crecimiento en los servicios de 75 por ciento en abril y de 135 por ciento en lo que va de mayo en comparación con el año pasado; y en la Ciudad de México, con un aumento de 35 por ciento en sus operaciones de abril, la cual llegó a 70 por ciento más en mayo, indicó Alejandro Sosa, director operaciones de la empresa.

Por el contrario, agregó, en el Bajío, Monterrey o Guadalajara, esta empresa mantiene niveles de operaciones por mortalidad muy parecidos a los de 2019. “Estamos tratando de entender los números. Tenemos varias hipótesis: que se trata de un tema cultura y respuesta de la población, de los servicios de salud o hasta del clima”.

El vocero de esta empresa indicó que el país se encuentra “en la etapa más crítica” por lo que al menos hasta la primera quincena de junio los decesos a causa de esta enfermedad se mantendrán en línea ascendente.

Al ser interrogado en torno a si las cifras oficiales pueden estar subestimando el número real de muertos, Sosa respondió: “Nosotros trabajamos de la mano con la Secretaría de Salud y con la Agencia de Protección Sanitaria, trabajamos de la mano con el gobierno en beneficio de la población. (Pero) lo que puedo decir es que nosotros tenemos nuestros casos confirmados por COVID y tenemos otros que registramos como sospechosos COVID, porque parecen COVID, y les damos el mismo tratamiento. Bajo esa línea tenemos una cifra adicional a los casos confirmados, una especie de subregistro, pero ahí empezaríamos otro debate”.

Las funerarias de colonia han pasado de atender 20 decesos semanales a 35, más de 80 por ciento de ellos por coronavirus. Eso los ha llevado a recurrir a crematorios del estado de México, Hidalgo, Morelos e incluso Puebla.

“En los negocios cercanos a los centros COVID ha crecido el trabajo”, afirmó el dependiente de una pequeña funeraria al oriente de la capital, quien prefiere no dar mayores detalles ante el temor que las bandas criminales les extorsionen “pensando que estamos ganando mucho dinero”.

Fue hasta 48 horas después de su muerte, que los Morales pudieron sepultar a la abuela. Lo hicieron en el Panteón San Lorenzo Tezonco, en los suburbios del oriente. Sólo cinco, aquellos a quienes les implicara menor riesgo el ingreso, la acompañaron en su último trayecto. El resto fue relegado al exterior. En tiempos de pandemia, a su compañero de toda la vida, de 83 años, le fue vedada la concesión de despedirla.

Edición: Ana Ordaz